Destacado TV

Discriminado por ser indígena y sin debido proceso, Orlando ve su libertad tras un año preso

El joven mazateco de 21 años fue detenido tras robar una cartera con mil pesos, pero fue procesado por un hurto de más de 50 mil pesos, delito que no se pudo comprobar

Por Aabye Vargas

Orlando, un joven indígena mazateco de 21 años y originario de la sierra de Oaxaca, cumplió una semana en libertad luego de pasar año y medio en el Reclusorio Oriente acusado de robar una cartera y dos celulares, los cuales fueron valuados en 53 mil pesos.

Él es uno de los cinco jóvenes que obtuvieron su libertad por medio del Programa de Liberación de Indígenas, que es implementado por el Gobierno de la Ciudad de México y en el cual colabora la Secretaría de Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades (Sederec).

En entrevista con Publimetro, Orlando aceptó que robó la cartera, pero señaló que únicamente tenía mil pesos y no más de 50 mil, los cuales nunca se le pudieron comprobar; sin embargo, debido a la discriminación que sufrió y por falta de algún intérprete tuvo que pasar más de un año en la cácel, “lo peor, una mala experiencia. No lo deseo a nadie”, calificó el joven con la cabeza baja.

Orlando ex reo indígena Ángel Cruz

Emprende viaje

Cuando Orlando tenía 12 años decidió salir de la sierra de Oaxaca y venir a trabajar a la Ciudad de México, luego de vivir los abusos que su padre, alcohólico, le propinaba a su madre.

“Soy del estado de Oaxaca y hablo mazateco desde chico. Yo me vine a los 12 años a la CDMX y empecé a trabajar de diablero; mi mamá estaba en Oaxaca y yo les mandaba dinero”, relató.

Posteriormente, Orlando comenzó a trabajar en el tianguis de La Merced vendiendo verdura junto con su tía y su primo, pero todo cambió cuando decidió robar a una persona en la Central de Abasto, pues fue detenido por policías y procesado. El hurto, que originalmente fue por mil pesos, se convirtió en 53 mil pesos, una cuenta impagable para la familia del joven mazateco.

Una “mala decisión”

Ahí fue donde el joven de 21 años comenzó a vivir en carne propia las dificultades de acceso a la justicia para un indígena en México, pues su madre, que no sabe escribir, leer ni hablar castellano, no entendía lo que le decía el abogado ni tampoco los procesos jurídicos que tenía que llevar para poder sacar a su hijo de la cárcel.

“Yo no sabía por qué me habían acusado de tanto dinero si nada más traía mil pesos, pero me acusaron por 53 mil y dos teléfonon. Estuve un año y medio en el Reclusorio Ooriente y estuvo viendo el caso mi mamá. Tuve un licenciado de oficio y me dijo que tenía que dar 25 mil pesos para que yo pudiera salir completamente en libertad, pero estuve esperando eso y nunca me sacaron.

“No me daban datos, ni papeles, no me decían nada. Un hermano que sabe hablar más español que yo fue el que le ayudó a mi madre, pues ella no sabía lo que le decían o qué papeles tenía llevar. Yo no tenía traductor ni nada”, aseguró.

Indígena Foto: Ángel Cruz

Deudas

Para lograr su libertad, la madre de Orlando, que se dedica a sembrar plantas por Metro Chapultepec, pidió un préstamo de 25 mil pesos a una tienda departamental para lograr pagar la fianza, deuda que liquidan con 800 pesos cada semana.

Sin embargo, el problema del joven mazateco no termina ahí, pues debido a la barrera del lenguaje y a que sólo tiene estudios a nivel primaria, el encontrar un empleo bien remunerado es casi imposible.

“No le entiendo a cosas que hablan, hay palabras que no las comprendo. Tengo de estudios hasta la primaria, dejé la escuela porque mi padre tomaba bastante y yo los tengo que apoyar a ellos, a mi madre y hermanos emnores para sacarlos adelante

“Necesisto trabajo y la escuela, lo más importante para sacar adelante a mi familia y mis hermanos para que sean alguien", indicó.

El Programa de Liberación también contempla la posibilidad de incorporarlos en programas de capacitación de empleo; incluso, la Secretaría de Pueblos Indígenas, que entrará en funciones el 1 de enero, ha entablado pláticas con las de Economía, Trabajo y Desarrollo Social.

“No nos gusta que nos discriminen así, que nos digan de cosas. Nosotros podemos salir adelante aunque seamos de la sierra no nos da pena. Yo quiero un mejor trabajo, estudiar y aprender más cosas”, aseguró el joven indígena de 21 años.

 

TE RECOMENDAMOS:

 

Loading...
Revisa el siguiente artículo