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En el Istmo de Tehuantepec, en el sur de México, es imposible adivinar a simple vista cuántos aerogeneradores de energía eólica se extienden sobre miles de hectáreas. Pero alrededor de ellos conviven distintos municipios de bajos recursos que han resurgido en los últimos años.

Gracias a la obra social de algunas empresas energéticas, municipios como Santo Domingo Ingenio, que viven rodeados de estas majestuosas torres generadoras de energía limpia, están pudiendo acceder a más consultorios médicos, electricidad o edificaciones como escuelas.