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Pandemia y falta de limosnas dejan en bancarrota a templos religiosos

Con cubrebocas y sana distancia, padres y sacerdotes de iglesias de todo el país reanudaron las ceremonias con aforo mínimo de feligreses

Por Daniel Flores @Daniel_17flores

El confinamiento que impuso la emergencia sanitaria por Covid-19, dejó sin ingresos a casi todos los templos religiosos del país, principalmente a las parroquias y pequeñas iglesias que dependen de limosnas y eventos como bautizos y otras celebraciones que aportan recursos para su mantenimiento.

De acuerdo con la Arquidiócesis Primada de México, 20% de las iglesias y parroquias siguen sin abrir en el regreso a la nueva normalidad por distintas razones que van desde el temor a un brote de contagios entre sus seguidores y la falta de equipo para garantizar el distanciamiento social.

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Adicional a ello, se suman los gastos que han tenido que afrontar estos inmuebles religiosos para la compra de arcos sanitizantes y otros materiales para garantizar la desinfección de las personas que han comenzado a acudir a misas.

Lo más complicado del confinamiento para los templos de fe fue la falta de las aportaciones que recibían semanalmente y otras celebraciones que se llevaban a cabo, pues de esto dependen también para el pago de las personas que trabajan en este tipo de lugares.

Iglesia Foto: Ángel Cruz.

Y aunque la cuarentena pegó a todas las iglesias en sus ingresos, el problema se hizo más agudo en zonas con un nivel de pobreza mucho mayor, en donde las limosnas y aportaciones son mucho más bajas comparadas al resto de la República.

Por ejemplo, una iglesia cuenta con dos sacerdotes para cubrir las misas de la semana, los cuales tienen que costear el sueldo de los empleados que laboran en ella, así como pagar prestaciones como el Seguro Social; servicios de agua y luz, e incluso teléfono y gas.

Sin embargo, la falta de donativos por misas, primeras comuniones, bodas, bautismos y 15 años, las colectas dominicales y las alcancías de limosnas están prácticamente vacías.

Por ello, optaron por recolectar despensas entre los feligreses para enfrentar la pandemia del Covid-19 que continúa y en donde a partir del pasado 26 de julio se reanudaron las misas en las iglesias católicas de México.

Y es que la nueva normalidad obligó a las autoridades religiosas a implementar medidas como tapetes sanitizantes, gel antibacterial, incluso lavabos y marcas de sana distancia en los espacios y bancas de los templos.

Ahora, los sacerdotes comenzaron a usar guantes y cubrebocas para dar la hostia y sacramentos entre los creyentes.

 

Padre Alberto Foto: Ángel Cruz.

Así lo refiere el padre Alberto Vázquez de la parroquia del Santo Niño de la Paz, en la alcaldía Cuauhtémoc,  en entrevista con Publimetro.  El ministro religioso asegura que el llamado  es a un regreso con responsabilidad para evitar contagios entre los fieles.

Sobre las aportaciones, aseguró que en efecto, es uno de los principales medios por el cual se sostiene la iglesia, aunque las condiciones sociales de cada parroquia son diferente y sufrieron de distinta manera debido al confinamiento por el nuevo virus.

“Nos hemos visto apurados en temas económicos, como en el pago de servicios, otro ha sido en el pago de las nóminas, en donde se les apoya por parte de la iglesia y de la cual es maestra de caridad”, sostuvo.

A pesar de que, agregó el padre, los templos religiosos cerraron sus puertas, los encuentros religiosos fueron de forma individual e incluso de forma virtual.

En tanto, Cristián Badillo, director de Conciencia Nacional por la Libertad Religiosa en entrevista con este diario aseguró que la pandemia cambió la forma de vivir la religión de la mayoría de las personas, independientemente de sus creencias.

“Cada religión maneja sus donaciones de manera diferente, además de la contingencia tienen la oportunidad de aportar y ayudar a las iglesias y sus actividades, los donativos que recibe no solo son para mantener el edificio sino para mantener sueldos y beneficencia social”, acotó.

Precisó que pese al distanciamiento social la gente seguirá con este tipo de aportaciones debido  a la fe.

“Algunas iglesias abrieron con un aforo mínimo, pero esto depende de que cómo cada religión practica su culto, la fe mantuvo en pie estos inmuebles”, externó Badillo.

 

                                                         Fe inquebrantable

  •  Javier Rodríguez Labastida, director de Comunicación de la Arquidiócesis Primada de México

¿Cuántos templos, iglesias o parroquias siguen sin abrir?  

—Aproximadamente entre un 15 y 20%.

¿Cómo afectó la falta de limosnas en varios centros religioso en estos cuatro meses de confinamiento?  

—Las parroquias han sufrido bastantes afectaciones económicas que no solo han cimbrado a la economía parroquial, sino que en muchos casos han afectado el apoyo que las parroquias dan a las personas en situación de vulnerabilidad. No te puedo decir números, pues en cada caso es distinto.
Sin embargo, si me gustaría destacar que la Arquidiócesis de Méxio ha apoyado a través de despensas a los padres que así lo han requerido durante este tiempo y en algunos casos se han organizado para continuar apoyando a personas en situación de calle o que tienen algún tipo de marginación.

¿Cómo costearon arcos sanitizantes y equipo para garantizar el distanciamiento social en iglesias?  

—Cada sacerdote utilizó sus propios recursos, y en algunos casos se organizaron para conseguir mejores precios de acuerdo a la cantidad solicitada.

¿Se ha pensado en misas virtuales y otro tipo de cooperación respecto a limosnas entre los fieles?

—Una gran parte de las parroquias de la Arquidiócesis han realizado transmisiones por medios digitales de la Santa Misa, el Santo Rosario, han realizado Horas Santas, entre otras actividades, lo que les ha permitido estar cerca de su comunidad. A través de estas plataformas también han pedido el apoyo económico de sus feligreses.

Es importante destacar que mientras el semáforo no esté en verde, continuarán las transmisiones digitales con el objetivo de dar oportunidad a aquellos que en este momento no sienten la seguridad de ir a las celebraciones presenciales o que se encuentren dentro del grupo de población vulnerable.

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