Daniel Giménez Cacho: “Me falta todo por hacer”

Durante su visita por Monterrey, Giménez Cacho habló de sus proyectos, de sus premios y mostró preocupación por la situación actual del país

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Contento, así llegó a Monterrey el actor Daniel Giménez Cacho para recibir dos premios en el Festival Internacional de Cine Monterrey, un cabrito de cristal y uno más de plata.
A Giménez lo respaldan más de 40 películas, entre las que destacan Arráncame la vida, Nicotina, Sólo con tu pareja, entre otras. Así como cinco premios Ariel en diversas categorías. A sus 53 años, el actor afirma despertar a diario con la misma pasión por el cine, donde aún le falta mucho por recorrer.

¿Cómo te sientes de la distinción que hace el FIC a tu trayectoria?
—La verdad bien. Contento. Además del reconocimiento que se me hace a mí, es un reconocimiento a muchas cosas, a un tipo de cine, a una pasión por la actuación, al cine como arte, me parece importante no sólo porque me lo den a mí, sino que haya una comunidad preocupada por defender este cine, la diversidad en un mundo tan dominado por el cine norteamericano.

Hay artistas que desairan los premios, ¿qué opinas de ello?
—Uno no trabaja para que le hagan homenajes ni ganarse premios, pero si es bonito. Nos fortalecemos en una idea de para qué debe servir el cine como instrumento de comunicación y la preocupación compartida de contenidos.

Cómo es un despertar de Daniel Giménez, ¿despiertas con la misma pasión?
—Sí, quizá que ahora con la edad soy más consciente y con preocupación por dónde estoy, cuál es mi país, lo que está pasando. Sigue siendo lo que más me gusta actuar.

¿Más que dirigir?
—No. Ahora es otra parte del fenómeno. Es el fenómeno entero, estar adelante y detrás de la cámara. Lo que me gusta ahora es la posibilidad de desarrollo porque ignoro todo, tengo un gran camino de cosas por aprender.

¿Qué te falta por hacer?
—Todo, muchísimo. Hay una gran cantidad de directores, me encantaría actuar en francés, italiano, trabajar más en Europa, Latinoamérica, dirigir, mucho, harta cosa.

¿Hay algún sueño o género no explorado?
—Nunca he hecho películas de Ciencia Ficción, zombis, ni nada de eso.

¿Las descartas?
—No. Sí me gustaría algo como El Señor de los Anillos, de esas fantásticas sí me gustaría.

¿Te ha costado desprenderse de algún personaje?
— No. Todos tienen algo de que se me agarran pero hago un esfuerzo consciente de dejarlos, para mi es muy importante marcar una frontera bien clara entre la ficción y la realidad, pero a lo mejor el de Andrés Ascencio (Arráncame la vida), toda esa prepotencia, realizar cualquier deseo y que no hay límites era muy atractivo. Pero llegué a mi casa y me dijeron ‘te me calmas, lavas esos platos y vas al súper’ (risas).

¿Has sentido que te “arrancan la vida”?
— (Suspira) Sí, relaciones sentimentales, rompimientos y cosas así.

¿Cuál es tu terapia para afrontarlo?
—Nada, llorar, llorar y esperar a que el tiempo vaya acomodando. Son heridas que el tiempo va curando.

El gremio del cine está muy activo enfrentando los problemas que aquejan al país. ¿Cuál es el compromiso?
—Nosotros nos juntamos varios para formar el colectivo ‘El grito más fuerte’ que respondió al llamado que hizo Javier Sicilia y a partir de ahí nos empezó a preocupar cómo la sociedad está participando o no. Nos une la idea de ayudar a construir ciudadanía. Hay mucha gente que quiere participar pero no sabe como. Estamos lejos de que el sistema político nos represente, existe mucha desconfianza.

¿Qué te duele del país?
—Me duele mucho la degradación del sistema político y de justicia. Me duele cómo el crimen y el gobierno parecen estar coludidos en muchos casos, la falta de democracia, la desigualdad, que no haya canales de diálogo, que no haya lugares para fortalecer nuestra identidad en la televisión pública, todo está cerrado. Como se degrada el tejido social.

¿Qué proyectos vienen en el cine?
—Me voy a dirigir una película hecha por varios directores que se llama La habitación, es una historia sobre una casa, comienza justo antes de la Revolución y termina hoy en día. Cada director hace un episodio de 10 minutos. En marzo me voy a Argentina a dirigir una película con una directora extraordinaria que se llama Lucrecia Martel, es una novela del año 60, Zama, una historia en la época de la colonia. Eso me tiene emocionado. 

¿Eres muy inquieto?
—Sí, pero me gusta mucho divertirme, soy alegre, me gusta provocar, cuestionar, investigar, soy curioso, arriesgado.

¿Amante de las redes sociales?
—Mmm, le echo ganitas, pero un buen tuitero no soy. Pero me parece un gran fenómeno, es un camino que ayuda a democratizar la democratización.

¿Eres “cabrito”?
— (Risas) ¿Cabrón? Sí puedo serlo, pero no. No creo en la autoridad al viejo estilo ni ser el jefe. Me gustan más las cosas amables y de placer. Esos climas me gustan.

En sus palabras:
“Tenemos que cerrar filas y agruparnos para defender las cosas que nos interesan, la diversidad, la pluralidad de ideas. Luchar por tener otros canales de información porque se avecina mucho control de contenidos”. Daniel Giménez Cacho.

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