Grafiteros limpian la imagen de suburbio afectado por desahucios en Camboya

Por EFE

Grafitis y pinturas de artistas de todo el mundo han cambiado la imagen del barrio Boeung Kak en Phnom Penh, conocido antes por los desalojos y protestas de miles de sus residentes a causa de un controvertido proyecto de construcción y por ser un foco de venta de droga.

En sus calles, la cultura local jemer se mezcla con el lenguaje del arte urbano para colorear una comunidad que cayó en desgracia en 2007, cuando el Gobierno de Camboya concedió a la empresa china Shukaku Inc la gestión del lago del que vivían la mayoría de los residentes.

El mega proyecto urbanístico supuso el drenaje del lago y el desalojo de 4.000 familias, que fueron obligadas a reubicarse a veinte kilómetros de Phnom Penh o aceptar una compensación económica de unos 8 mil dólares, en un conflicto que continua para al menos 169 familias casi diez años después.

El artista tailandés Patcharapon Tangruen, o Alex Face cuando firma sus obras, no conocía la historia de Boeung Kak antes de viajar desde Bangkok para la segunda edición del festival de arte en el barrio.

“Esto pasa en todo el mundo, hay mucho cambio, incluso al lado de mi casa han construido una gran fábrica, así que nos inundamos cada vez que llegan las lluvias porque no tenemos ningún estanque ni campo para que se llene de agua”, dice a Efe el grafitero de 34 años.

Como Alex, otros artistas del sudeste asiático han acudido a la llamada de las dos personas que están detrás del festival y del proyecto Develop Boeung Kak (DBK), las francesas Ludi Labille y Marj Arnaud, que quieren que este año sirva para hacer del barrio un punto de encuentro del arte urbano en la región.

“Yo lo veía como una gran fiesta para que la gente hablase de este sitio de manera positiva, la gente en el periódico dice todo el tiempo Boeung Kak, audiencia judicial, cárcel… teníamos una nueva idea sobre el barrio, invitamos a artistas y fue un éxito” indica Labille mientras muestra las pinturas.

“Si vienen otra vez a tirar casas la gente va a hablar más pero si el sitio está muerto, solo hay drogados, no hay nada, ni economía, es mucho más fácil que lo consigan”, añade la artista francesa, para después recordar que son un proyecto independiente.

En Boeung Kak, algunos vecinos juegan a las cartas y otros realizan sus faenas diarias acostumbrados a los grafitis, que muestran símbolos de la cultura local como los motocarros “tuk tuk” o las apsaras (ninfas hindúes).

Somnang, uno de los gerentes de los hostales que vieron desaparecer a los turistas hace años, dice que “la gente que tiene negocios está contenta con la iniciativa, pero hay algunos que no la entienden todavía y a los que no les gusta”.

En los muros, firmas de artistas locales o algunos llegados desde Australia, Corea del Sur, Nueva Zelanda, Colombia, Francia o España, sirven de reclamo para los emergentes artistas del recién nacido movimiento de arte urbano camboyano.

“Quiero que la gente me conozca, mi talento, mi arte, que la gente se pare y mire mi trabajo”, afirma Chamnan Darapong, de 19 años y con nombre artístico Keven, quien quiere extender el arte urbano a otras zonas de la ciudad.

Para Labille, el movimiento nace de la reivindicación, es efímero y se puede ver sin importar el nivel económico o cultural.”Lo ponen ahí, y tu tienes que preguntarte que piensas sobre ello”, cuenta la cofundadora del proyecto.

En el pequeño alojamiento que DBK da a los artistas que vienen de fuera, la hija de Alex Face dibuja mientras su padre muestra algunos de los bocetos que piensa dibujar en la fachada de un edificio de dos plantas.

“Podemos contar lo que pasa, pero no podemos detener el dinero, detener a los promotores, podemos inspirar a las nuevas generaciones para que no lo hagan cuando sean mayores, como mi hija, no creo que llegue a ser así”, asegura Alex.

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