Feminismo y paridad

Columna Punto y Seguido

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La semana pasada un periodista escribió que la Comisión Estatal Electoral había propuesto obligar a los partidos políticos a postular a mujeres en la mitad de los puestos públicos para los municipios del estado. Dijo que, a pesar de estar de acuerdo con la paridad de género esto le parecía una “ideota”, un exceso, una medida populachera, digna de personas sin mucho criterio, que era una tomadura de pelo, una mala broma, un chiste mal contado y que se estaban extralimitando.

Reconociendo que “los hombres por largos años abusaron del poder y lo mantuvieron como un coto cerrado para su género, que les daban mendrugos de pan a las mujeres porque consideraban que no estaban capacitadas para ejercer los cargos públicos”, esto era una idea ridícula basado en la interrogante de “¿quién y cómo garantizará que la mitad de los resultados electorales beneficien por igual a mujeres y hombres?”

Sin entender por qué escribió su texto en tiempo pasado como si ahora las cosas fueran distintas, le mandé un correo diciendo que su opinión era igual a la de cualquier macho que se da por ofendido cuando se intenta brindar oportunidades a las mujeres. Mi texto decía también: “Claro que lo que buscamos es gente preparada en los puestos públicos, sean hombres o mujeres. Pero si no se obliga por ley, la historia muestra que los varones no les brindan oportunidades a las mujeres ni siquiera de postularse, mucho menos de estar en el poder. ¿Cómo podríamos entonces conocer que quién se posicione en éste—hombre o mujer— sea competente, si los hombres sólo le dan el poder a los de su misma especie?”.

Me respondió diciendo que yo había reaccionado con un “feminismo” exacerbado y anticuado. Lo que confirma que este señor piensa como un macho resentido.

El feminismo es la búsqueda de la igualdad de los derechos y las oportunidades entre los y las mujeres. Sólo eso. En su evolución le han llamado feminismo ilustrado, radical o marxista, liberal, socialista, de la tercera ola, cultural, de la diferencia, feminazi, entre otros nombres. Muchos hombres usan alguno de estos términos como una forma de descalificar a las mujeres o de insultarlas. El que yo opine que sí estoy de acuerdo en que en los diversos órdenes de gobierno se exija—al menos temporalmente— una cuota de paridad de género para que las mujeres tengan las mismas oportunidades, no me hace feminista y en ello, tampoco encuentro la exacerbación de mi comentario. La justicia requiere la igualdad de oportunidades y la misma consideración para todos los individuos independientemente del sexo.

Por cierto, María Elena Chapa y Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez han presentando ante el Congreso una propuesta de ley que inicie con porcentajes que “permitan generar una cultura empresarial incluyente de las mujeres en las empresas mexicanas públicas y privadas, tanto en sus participaciones en las primeras líneas de mando, como en la toma de decisiones en su gobierno corporativo (Consejos de Administración). Con esto se pretende promover la igualdad de oportunidades y la diversidad en la toma de decisiones, lo que además, aportará valor a la empresa, haciéndola más competitiva y rentable”.

Veamos cómo reaccionan los hombres ante una iniciativa así, porque aunque en otros países esto ya es una realidad, en el nuestro luce como algo muy distante de alcanzar, sobre todo, cuando vemos que aquellos que deberían estar de nuestro lado, piensan que ideas como éstas son tomaduras de pelo, chistes mal contados o excesivas.
 

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