Tejen hamacas y su libertad en Penal de Acapulco

Cuando un interno sale del penal vive una experiencia crítica en su proceso de reinserción porque la sociedad los señala y les complica la integración

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Álvaro Verdiguel Sotelo es un joven emprendedor de 24 años que ha vinculado durante siete años su negocio de hamacas con la reinserción social,  al ofrecer la oportunidad laboral a ex internos e internos del penal de Acapulco quienes, con su imaginación y creatividad, logran artesanías de calidad, pero sobre todo su libertad.

Álvaro, Ingeniero Industrial Administrador por la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), es el director general de Hamacas de la Costa.

En su empresa emplea a 10 ex internos, que aprovechan sus habilidades para enhebrar, y 20 internos del penal de Acapulco, que cumplen una condena mientras tejen hamacas y su libertad.

En el 2009 inició Verdiguel Sotelo este proyecto, motivado por la necesidad de tener ingresos; con la idea de emprender un negocio,

De esta forma, en el 2010 constituyó el proyecto al producir una hamaca de calidad.

Al iniciar Hamacas de la Costa, Álvaro reconoció que sufrió la inexperiencia, ya que no comprendía las reglas del juego de los negocios y se falla cuando no se sabe ofertar un producto y manejar la operatividad de una empresa.

Una vez que logró reunir un catálogo de más de 15 tejidos en variedad de colores e hilos de diversos materiales, como propileno, algodón, nylon, entonces empezó a buscar clientes, a ofertar el producto y aprender a venderlo.

Ahora, como emprendedor y vinculado su proyecto de hamacas con la reinserción social, ha participado en conferencias para dar a conocer su experiencia y motiva a otras personas a que inicien su propio negocio.

Cuando empezó la investigación de su proyecto, se dio cuenta que en el sureste de México había mano de obra penitenciaria para elaborar las hamacas y por eso emprendió esa vinculación con internos y generó la metodología de trabajo.

“Cuando los procesos legales terminan los ex reos nos buscan para seguir trabajando y algunos ya son maestros, les gusta compartir sus conocimientos para que otros se liberen”, comentó Verdiguel Sotelo.

El emprendedor reconoció que al principio la vinculación laboral con ex internos fue difícil, pero con el paso del tiempo se fueron encontrando esquemas.

Actualmente trabaja con 10 ex internos en su bodega, en la zona poniente de Acapulco y en el interior del penal con otra plantilla de 20 reos en el tejido. De acuerdo con la demanda de hamacas se llega a contratar hasta 50 internos.

Cuando un interno sale del penal vive una experiencia crítica en su proceso de reinserción porque la sociedad los señala y les complica la integración, pero “encontramos el mecanismo para vincularnos y a colaborar en su reingreso a la sociedad”, señaló.

Los ex internos, además de tejer hamacas, se dedican al diseño, almacenaje, control de calidad y revisión del acabado final del producto y detalles específicos de los clientes.

Pedro Martínez Contreras es un ex reo de 49 años que le da gusto que su trabajo sea vendido como bonita artesanía. Estuvo dos veces preso, por delitos contra la salud, la primera vez tenía 18 años.

En el penal de Las Cruces un colombiano le enseñó a tejer y luego aprendió a hacer hamacas.

Ahora, Pedro se ha convertido en todo un maestro, domina 42 tejidos entre ellos el sencillo, el matizado, fangiado, el arroz, petatillo, crepé, panal y el acapulqueño o yucateco.

Mientras platica, teje una hamaca yucateca en su telar de madera y dice que la hace por pedido, ya que debido al costo, no cualquiera la compra.

Dijo que a los ocho meses de salir del penal entró como maestro de tallerista en la colonia Emiliano Zapata, considerada con alto índice delictivo, debido a un programa que implemen´tó la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) Federal.

Por su experiencia, puede tejer una hamaca con dibujos, desde una bandera, un cangrejo o lo que le pidan con variedad de bordados y colores.

“Me siento muy contento cuando vendo mi hamaca porque de ahí mantengo a mi familia… me llego a hacer cuatro hamacas a la semana, con tejido básico y con el tejido yucateco una en 15 días con 600 vueltas y utilizo hilo delgadito”, explicó.

Pedro dijo que tejer hamacas le ha ayudado mucho en su rehabilitación y da gracias a Dios y agradece a Álvaro Verdiguel por la oportunidad de trabajar.

También se siente contento de enseñar a otras personas en su taller, ubicado en la colonia Emiliano Zapata, donde hay desde niños hasta personas de 60 y 80 años, a quienes les enseña sin cobrar.

“Tengo nietos que ya todos saben hacer hamacas. Mi hija Yamileth es una niña que graba todo y hace sus hamacas Yucatecas de hilo delgadito y las vende, al igual que mi esposa”, comentó.

Pedro divide su tiempo entre tejer hamacas para Álvaro, dar clases en un taller y en su casa.

“Hay señores que quieren que un taller en la colonia Zapata y lo vamos a poner con ayuda de Álvaro para enseñar a los niños gratis”, dijo entusiasmado Pedro.

Félix Camacho Pérez, es otro ex reo que estuvo seis años y medio en el penal de Acapulco por delito federal y el empresario Álvaro Verdiguel le dio la oportunidad de trabajar.

Félix apuntó que elabora hamacas de tejidos sencillo, matizado, tejido de arroz, crepe, petatillo en un proceso de seis a ocho días. Los tamaños pueden ser individual, matrimonial, para niños o King zise.

Enfatizó que le gusta hacer hamacas y le da mucha satisfacción enseñar a otras personas. Félix, además de tejer hamacas para Álvaro, se da su espacio en la mañana para dar clases en un taller de Ciudad Renacimiento.

Relató el caso de una alumna enferma, operada a corazón abierto por lo que no podía hacer esfuerzo ni abrir sus brazos, pero el tejer hamacas fue su terapia y ahora está contenta. En diferentes horarios tiene a su cargo a 80 alumnos.

García Loaeza, de 69 años de edad, es otro ex interno procesado por delitos contra la salud durante dos años y tres meses. En el penal trabajaba para Hamacas de la Costa y refirió que su compañero de celda le enseñó.

Cuando salió del penal, en el 2002, hacia hamacas en su casa. Ahora da clases en un taller de Sedesol de la colonia Las Parotas, también considerada de alto índice delictivo.

Al respecto, El director general de Hamacas de la Costa, Álvaro Verdiguel, comentó que su proyecto es pilar para la reconstrucción del tejido social.

Dijo que cuando nadie cree en estas personas, que estuvieron procesados por varios años en un penal, este proyecto les brinda la oportunidad de ser libres.

Habló sobre la aceptación de su producto, como en la hotelería, que le pide colores oscuros que no se ensucien tan rápido como los tonos chocolates, negro y también fuertes.

Las Hamacas de la Costa se venden en épocas de calor y dependiendo del mes se elaboran de 200 a 300 piezas en Semana Santa, mayo, junio, noviembre y diciembre. El tamaño es a pedido del cliente y lo normal son 2.40 metros de largo.

Las hamacas se venden en la hotelería, residencias y se han enviado pedidos por plataformas de internet a estados como Baja California, Chiapas, Yucatán.

“Se puede todo México, a través de la plataforma Icomer, que coloca además hamacas en Canadá, Estados Unidos en Sudamérica y otras partes del mundo”, dijo el joven empresario.

Las Hamacas de la Costa decorarán un museo que construyen en Chilpancingo bajo el tema de la reconstrucción del tejido social.

“El creador del concepto del museo ofrece un especio de 20 metros por 15 metros para un mosaico de hamacas. Vamos a colocar, en alrededor de 10 metros de altura, un mosaico de 160 piezas con diferentes tipos de tejidos, colores, tratando de involucrar la historia de los tejedores con el tema de la reconstrucción del tejido social”, señaló.

La hamaca en el museo va a simbolizar la historia de la mano de obra que se está reinsertando y eso colabora en que se reconstruya el tejido social.

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