¿Qué es un bebé arcoiris?

Tras la pérdida de un bebé el duelo te hará pensar que no hay más esperanza; sin embargo, la ilusión de un nuevo embarazo trae consigo un "arcoiris"

Por Arianna Bustos

La ilusión de convertirse en papá y mamá puede verse perpetrada por distintas circunstancias, la menos afortunada tiene que ver con las complicaciones del embarazo, incluso la muerte.

El deceso de este amor coloca a los papás en un duelo difícil de superar. Aunque nada reemplazará la pérdida ya sea por  aborto involuntario, muerte fetal, o muerte neonatal, la esperanza de una nueva vida puede aparecer; a esta se le conoce como bebé arcoiris.

Esta analogía surge del hecho de que el fenómeno natural del arcoiris se presenta, regularmente, después de una  “tormenta”; es así como llega a la vida de la familia la esperanza de un nuevo bebé.

Esto no significa que se reemplace al pequeño que murió, sino el origen de una nueva historia.

Si conoces a alguna pareja que haya experimentado este proceso, no la juzgues; apoya su decisión y la etapa que está por comenzar, pues esta puede estar basada en más temores que un embarazo habitual.

Para entender el duelo

Shock: Aparece en los momentos iniciales y su duración es mayor cuando el suceso es imprevisto. Se asocia a apatía y sensación de estar fuera de la realidad.

Desorganización: Ocurre también al principio del proceso. Se acompaña de desesperación y absoluta desestructuración del funcionamiento del individuo en cualquiera de los ámbitos vitales.

Negación: Es una forma frecuente de reacción ante sucesos inesperados. El individuo puede esperar la llegada o la llamada de la persona desaparecida y actúa como si nada ocurriese.

Depresión: Representa la progresión a una fase adaptativa más realista. Confirma que el proceso del duelo se está llevando a cabo de forma adecuada.

Culpa: Consiste en pensamientos recurrentes, casi obsesivos, en relación a lo que se podría haber hecho para evitar el suceso. Son más frecuentes si no se ha podido despedir del fallecido o si las relaciones con él no eran buenas.

Ansiedad: Surge ante el miedo de los cambios que ocurrirán en la vida del afectado después del suceso (por ejemplo: soledad, dificultades económicas…). Temor a sobrevivir sin la persona fallecida porque satisfacía una serie de necesidades.

Ira: Puede ir dirigida hacia personas que todavía disfrutan de lo que el afectado ha perdido (como personas que conservan a sus cónyuges o sus hijos). En ocasiones la ira puede ir contra el personal sanitario o incluso hacia el fallecido por considerar que lo ha abandonado.

Resolución y aceptación: Ocurre cuando el paciente ha podido adaptarse a la pérdida de la persona y asumir las modificaciones que producirá este suceso en su vida. No siempre se alcanza esta fase.

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