Y un día, de repente todo cambió…

Era el año de 1985, el día 19 de septiembre, las 7:19 de la mañana cuando el sismo de mayor impacto en la historia de México afectaba la zona centro, sur y occidente de mi país.
Miles de mexicanos se quedaron sin hogar, muchos aparecieron en los escombros que dejaba el fenómeno natural, otros más descubrimos emociones nunca antes experimentadas. Diversos factores se compaginaron e hicieron que viviéramos un verdadero caos en todos los sentidos de la palabra; la carente organización y poco conocimiento en protección civil, nos hizo padecer aún más las repercusiones que este movimiento trajo.
Pero Helios, ¿tú qué piensas de lo sucedido en ese entonces? Pues bien, la sociedad estaba deshumanizada (incluso hoy en día por la tecnología, el uso de redes sociales, la vida acelerada y demás factores) y literalmente nos agarró en curva. Vivimos un desastre generalizado y un pánico extensivo al no tener cultura de  protección civil, ni experiencias previas de reacción ante los impactos fenomenológicos; sin embargo, tal situación fue (y siempre será) destrozada por la organización de la sociedad, ya que tenemos la capacidad de deshumanizarnos de la noche a la mañana, como si fuera magia con un chasquido de dedos aparece nuestro lado solidario y nos reconocemos como solidarios, como miembros de una comunidad, de una nación; los mexicanos nos unimos para poder rescatar, reestablecer y sobrevivir ante las situaciones.
 Estoy plenamente seguro que la sociedad vivió momentos de terror los segundos siguientes al terremoto, sin embargo, no nos detuvimos y unimos fuerzas para conseguir la meta específica y clara de: Salvar la vida de miles de personas que estaban bajo los escombros en el menor tiempo posible.
Era tal la organización que en el período comprendido del 20 de septiembre al 9 de octubre la ayuda para damnificados recibida por el país sumaba 1 mil 336 toneladas. Esto me hace pensar en que el miedo fue un factor determinante en nuestras formas de actuar, el cual en nuestro día a día puede ser utilizado de dos maneras: 1. Como impulso de acciones específicas para lograr aquello que nos proponemos. 2. Como una excusa para no hacer lo que tenemos que hacer para “Hacer que las cosas sucedan”.
Y ¿la crisis, Helios? ¿Cómo podíamos hacer algo si estábamos en crisis? Por supuesto que vivíamos en crisis, aún a pesar de haber sido seleccionados por la FIFA para el mundial del 1986, estábamos apenas superando la crisis económica de 1982, misma que nos dejó inflación, desempleo y desolación. Pero, reflexionemos un poco: ¿Realmente eso era lo peor que nos podía pasar? Pues bien, tres años después de esta caída económica en 1982, nos enseñarían una gran lección… “siempre hay algo peor que nos puede pasar”, pero también “siempre podemos salir adelante”. Y no sólo hablo de mala o buena actitud, ni del falso positivismo que a veces nos quieren mostrar e imponer, sino de la fabulosa capacidad que tenemos los seres humanos de adaptarnos a los cambios. Si lo vemos, el universo es una constante crisis, cambios eternos; y podemos definirlo como “El único verso, la única versión de la realidad”. Es lo que es, es lo que tenemos, el cambio es inminente y constante (nos guste o no) y dependerá de nosotros el cómo tomamos aquello que nos sucede y cómo lo confrontamos,
Actualmente y desde hace más de tres décadas, vivimos en una época de cambios, en una época de crisis, aún las catástrofes ambientales lo saben e impactan al mundo sin haberse tocado el corazón, unas tras otras vivimos tragedias en nuestros tiempos, de todos tipos. Estos cambios han permitido la evolución y el retorno a la humanización de la especie humana.
En ese momento, tal crisis la vivimos como una oportunidad de humanizar a las personas, sensibilizarnos ante lo inesperado y reconocer que lo peor, ya había pasado y sólo restaba mejorar, aprender de lo vivido y prepararnos para futuras experiencia.
A partir de cómo decidimos vivir la realidad, el mismo evento dramático y trágico que dejó herida a una nación y al mundo entero, le abre paso a la creación de nuevos inmuebles, de espacios públicos, entre otros. Salimos de esa adversidad como de muchas otras, así mismo lo podemos reflejar en nuestra vida: Los escombros de tu vida pueden permitirte cimentar un “nuevo tú”, mejorado a partir de tu crecimiento, con una estructura mucho más sólida que te lleva a un desarrollo y evolución personal.
Meses posteriores se vieron impactados por consecuencias descomunales y hubo dos personajes clave en todo: Las víctimas y los colaboradores. Estoy seguro que muchas personas padecieron y dramatizaron en sus vidas, ponernos en papel de víctimas es mucho más fácil, sin embargo, no resuelve nuestras situaciones. Aquellos que se unieron para solucionar las problemáticas que golpeaban a la sociedad, fueron aquellos que hoy en día disfrutan de un estilo y calidad de vida mejores, puesto que tuvieron la fortaleza y la determinación de convertir la crisis en oportunidad.
Me gustaría compartir contigo y dejarte en estas líneas algunas ideas y reflexiones específicas que desde mi experiencia en aquel momento y con el paso de los años, nos dejó el terremoto.
1. Situaciones adversas. Todos reaccionamos de manera diferente según nuestras experiencias, lo ideal es, con fortaleza, levantarse y continuar.  
2. Adaptación al cambio. Se requiere la aceptación de la dificultad, y así hacer cambios de conducta para alcanzar objetivos no previstos.
3. Control emocional. Experimentar emociones es inevitable, lo importante es saber regularlas para utilizarlas a favor de la situación.
4. Solidaridad. Una meta en común genera la unión de muchas manos que trabajan con enfoque y pasión, sin esperar recibir nada a cambio.   
5. Valor de lo material. Aunque perdamos todo lo que tenemos, siempre hay manera de volver a empezar de cero y construir nuevamente.
6. Información y preparación. Desarrollar una cultura de prevención, aunque creamos nunca utilizarla no es en vano; puede ser la diferencia.  
7. Toma de decisiones. Elegir asertivamente con la razón y el instinto, entre todas las posibles maneras de actuar, hace la diferencia.
8. La vida no está comprada. Un sinfín de circunstancias pueden hacer que, en el momento menos esperado, abandonemos la vida terrenal.
9. Anticipación. La incertidumbre de catástrofes (naturales, emocionales, económicas) es constante, hay que actuar con rapidez y planeación.
10. Trabajo en equipo. Cuando se identifica qué habilidades y talentos tiene cada quien, es posible alcanzar objetivos inimaginables.
 
Deja que la vida te sacuda, sacúdete con ella, cae y sigue adelante. Construye plataformas más sólidas que te preparen a movimientos más fuertes, y nunca dejes de disfrutar el momento a pesar de las tormentas.

    Piensa, reflexiona y actúa.
Helios Herrera

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