La columna de Jessie Cervantes: no soy una piedra

Muy pocas obras, contadas, casi ninguna, se han presentado en el Auditorio Nacional con el éxito que logró Odin

Debo confesar que me tarde, busqué la forma, pero es de los casos en que, a pesar de tener contactos y relaciones, el medio te pone en tu lugar y debes esperar a que llegue el momento. No valen relaciones ni palancas, es de las obras que guardan el mismo valor para unos y otros. Así, el pasado martes tuve la oportunidad de ser testigo del fenómeno que representa hoy en día el monólogo de Odin Dupeyron.

A vivir es de esos sucesos que no pasan muy seguido en el entretenimiento, una obra surgida hace más de una década, que está perfectamente montada, su autor tiene bajo control cada segundo, incluso la improvisación se siente calculada.

Dentro de lo importante es que muy pocas obras, contadas, casi ninguna, se han presentado en el Auditorio Nacional con el éxito que logró Odin para celebrar el décimo aniversario de su puesta en escena, pero no sólo aquí siempre está lleno, siempre boletos agotados, donde sea, cuando sea, creo que ya logró con el público un nivel de identificación que, por ejemplo, me hace querer volver a verla para sacar un par de dudas que quedaron, en las más de dos horas que duró vi gente reflexiva, gente reír a carcajadas y gente llorar, llorar en serio, como lloran los niños sacando todo para pretender quedar libre de todo.

Si tengo que hablar del contenido pretendiendo no vender de más y no quemar nada para que cuando la vean se sientan como yo, extremadamente fortalecidos, la obra habla de ser, de estar, de ser auténtico, de defender lo que piensas y quieres ser el resto de tu vida, de no ser una piedra, de que si lloras, si sufres, si gozas es por la bendición de estar vivo, habla de siempre moverse, de no quedarse estático esperando que pase la vida con el único objetivo de vivir y ser como un robot igual a los demás, de no trabajar por trabajar; de sacar tus pasiones, de fortalecerlas, de lograr tus sueños pero luchar por ellos, de reír y llorar siempre convencido que estás seguro de que lo que estás haciendo es para ser feliz, pero lo más importante es que la interpretación que cada quien le da, a las más de dos horas de mensajes, es como un traje a la medida, creo que es por eso que ha funcionado de la manera en que lo ha hecho. De pronto me di cuenta que cada persona del teatro podía bordarse un tarje a la medida con los mensajes centrales de la obra, dependiendo de tus necesidades, carencias, angustias, placeres, dependiendo del pasado de cada ser humano que veía la puesta en escena es que encontraba el punto de encuentro y es que es tan universal, pero tan personal, que la esencia te la puedes llevar en la bolsa de tu conciencia, de tu memoria, de tu presente y puedes usarla para el futuro, depende de cómo la vayas necesitando.

Así como pretendo verla de nuevo, creo necesario que si está en la medida de tus necesidades puedes aplicar este ejercicio, nunca falta una terapia, nunca sobran los consejos, y con A vivir frase de la madre del personaje central, seguro encontrarás el camino.

Todavía hay tiempo, pues el próximo martes repite en el centro cultural uno.