Por Graciela Ríos

Hace unos días pedí en un grupo de Facebook la recomendación de una psicóloga y de un psiquiatra que tuvieran amplia experiencia y reconocimiento.

El apoyo no se hizo esperar. Más de cien mujeres me proporcionaron nombres de terapeutas y mientras las leía pensaba en la maravilla que son las redes sociales.

Antes se gastaba mucho dinero para ir de consultorio en consultorio a conocer al profesional de la salud que nos atendería. Si no cumplía con nuestras necesidades habría de pagarse una nueva consulta para acudir con alguien más. Esto podría repetirse hasta hallar a la persona indicada, o bien, cuando nos conformábamos con quien nos había tocado.

Hoy, gracias a las recomendaciones podemos acceder al perfil público un profesional y hacer un juicio anticipado sobre sus credenciales y personalidad, para evaluar si se acerca o no a nuestros estándares.

Cuando un nombre se repite en las sugerencias tendemos a pensar en dos posibilidades: quienes lo recomiendan son amigos entre sí y por tanto han creado un buen juicio colectivo, o bien, debe ser bastante capaz como para que distintas personas lo señalen favorablemente.

El problema se presenta cuando se accede al perfil de la o el recomendado y este ha publicado temas o comentarios que no se ajustan a la información profesional esperada, con la que se pretende decidir si comprar o no sus servicios o productos.

Es lamentable ver a muchos desaprovechar la oportunidad de construir un perfil profesional, sobre todo por la facilidad que las redes ofrecen de crear una página alterna dedicada exclusivamente a su trabajo.

En sus muros se ven publicaciones para ventas de todo tipo o promociones de temas acerca de mascotas, políticos o religiosos, lo que desanima la posibilidad de solicitar una cita.

La falta o exceso de información en un perfil, la mala calidad de esta o la carencia de apego hacia una imagen profesional, son errores comunes en el uso de las plataformas. Quizá esto se debe a la manera desordenada en que las redes sociales crecieron y a la forma en que han evolucionado en cuanto a su propósito de creación.

Facebook, por ejemplo, fue concebida como un medio para conectar a estudiantes universitarios. Ahora, vemos que esta y otras redes sirven, además, para informar, jugar, aprender y, principalmente, como impulsoras del marketing y las ventas de empresas y negocios.

En el mundo habitan 7500 millones de seres humanos. Casi 4000 son usuarios de Internet y al menos 3.000 de esos millones usan redes sociales. Por tanto, no se debe subestimar el poder que tienen y su contribución al éxito profesional.

Facebook es la plataforma más poderosa con al menos 80 % de los usuarios de Internet en esta.

Por tanto, crea un perfil que incluya una foto corporativa y un resumen profesional con los logros obtenidos en el desempeño de tu actividad. Agrega tu preparación académica y los cursos realizados.

Y, principalmente, un contenido estratégico utilizando colores e imágenes agradables a la vista. Nunca mezcles lo personal con lo profesional.

Recuerda que antes de contratar servicios o productos la gente busca información en Internet para decidir si se puede o no confiar en quienes los ofrecen.

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