La historia de López Obrador hasta su llegada a Palacio Nacional

Este sábado 1 de diciembre, Andrés Manuel López Obrador se convirtió en presidente de México. Esta es la ruta que ha trazado en su camino.

Por La Silla Rota

En marzo de 1980, recién casados, ella de 23 años, él de 26, Rocío Beltrán y Andrés Manuel López Obrador comenzaron a construir una familia, pero también un proyecto que transformaría su existencia y, ahora se sabe, también la historia de este país, al colocar en la Presidencia al primer tabasqueño en la historia de México.

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Desde 1978, López Obrador, se desempeñaba como delegado estatal del Instituto Nacional Indigenista-Coplamar, cargo que asumió a los 25 años. Había rehuido ocupar las oficinas del organismo en Villahermosa, Tabasco, y se instaló en la zona indígena de la entidad, dominada por choles y chontales. La pareja fue recibida por algunas decenas de familias, orgullosa de poderles ofrecer como residencia un jacal de una sola habitación, construido con guano, techo de palma y piso de tierra.

Comenzaba así la historia de un matrimonio que se había conocido en las aulas de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, donde Beltrán Medina (Teapa, 1956) estudió la licenciatura en Sociología y tuvo como maestro a López Obrador, nacido el 13 de noviembre de 1953 en el pequeño pueblo ribereño de Tepetitán, municipio de Macuspana. Recién había egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, donde cursó la licenciatura de Ciencias Políticas y Administración entre 1973 y 1976.

Quienes los conocieron recuerdan que Andrés Manuel exhibía ya rasgos peculiares en su carácter: pasión por la política, obsesión por la historia, un claro componente espiritual, un temperamento volcánico, especialmente cuando enfrentaba reveses ("desde niño se trababa cuando se le regañaba", declaró alguna vez su madre)… y una proclividad a buscar apoyo y serenidad en la influencia de dos mujeres clave en su vida: doña Manuelita y, desde entonces, Rocío. Tuvieron tres hijos: José Ramón, Andrés Manuel y Gonzalo. Quizá habrían llegado más (López Obrador fue el mayor de siete hermanos), pero poco después del nacimiento del último de ellos, Rocío fue diagnosticada con lupus, una extraña enfermedad del sistema inmunológico, que le cortó la vida a los 46 años, el 13 de enero de 2003.

Con sus padres y sus hermanos

En mayo del 2000, días antes de su elección como jefe del Gobierno capitalino, López Obrador había perdido a su madre, Manuela Obrador (auténtico motor de la familia, su consejera en momentos políticos clave), víctima de un infarto. Pocos meses después, el 8 de diciembre, a tres días de que asumiera el cargo, su padre, Andrés López Ramón, fallecería también. En menos de tres años, este hombre vio desaparecer tres referencias cardinales en su vida.

GONZÁLEZ PEDRERO Y EL "ESTO NO ES CUBA, ANDRÉS"

En 1982 y tras diversas gestiones, López Obrador sostuvo un encuentro con su antiguo profesor universitario, y paisano, Enrique González Pedrero. La reunión incluyó a la esposa del intelectual, la escritora cubana Julieta Campos. El matrimonio se impresionó con la conversación sobre los logros de ese joven en las zonas indígenas de Tabasco.

En particular doña Julieta se interesó en el Andrés Manuel devorador de libros que, a los 23 años, en 1976, se había afiliado al PRI para coordinar la campaña del poeta Carlos Pellicer (1897-1977) para ser senador de Tabasco por el PRI (lo fue durante menos de un año). Pellicer se había constituido en benefactor de universitarios que mal comían en la Casa del Estudiante Tabasqueño, en la calle Violeta de la colonia Guerrero, en el centro de la Ciudad de México. Entre ellos se contaban Humberto Mayans Canabal y López Obrador.

Fue Pellicer quien presentó a López Obrador con el gobernador Leandro Rovirosa para pedirle le diera un empleo. También lo acercó con Ignacio Ovalle, responsable del programa Coplamar, que atendía a zonas marginadas, y del Instituto Nacional Indigenista.

Ovalle y Rovirosa acordaron el primer cargo público de relevancia que Andrés haya tenido. En particular, Ovalle desarrolló simpatía por ese muchacho tabasqueño al que le tendería la mano en varios momentos clave. Profundo debió ser el agradecimiento de ese joven que, 40 años después, seguiría buscando corresponder.

En Tabasco, llegada la sucesión del gobierno de Rovirosa Wade (1977-1982), una serie de condiciones, en particular el apoyo del entonces presidente electo Miguel de la Madrid, favoreció al aspirante menos mencionado, González Pedrero. Al ser postulado, sumó a su campaña a López Obrador, quien coordinó eventos ligados a la estrategia electoral denominada "Que hable Tabasco". Al asumir González Pedrero la gubernatura, el primer día de enero de 1983, proyectó a López Obrador para presidir al PRI.

Aún no se cumplían siete meses cuando, el 16 de agosto del mismo 1983, el joven dirigente fue acusado por la mayoría de los 17 alcaldes del estado, pues desde el PRI se les fiscalizaba y el presidente estatal del partido difundía "ideas socialistas" en las comunidades.

"Andrés, esto no es Cuba", le dijo al salir del encuentro González Pedrero. Lo removió de la dirigencia del PRI, pero dispuso que fuera oficial mayor del estado. López Obrador asumió el cargo, pero en el primer día de funciones redactó una renuncia, la entregó en la oficialía de partes. Y se largó del lugar.

Cuando López Obrador salió del edificio se dirigió a su domicilio en la colonia "Galaxias". Ahí se reunió con su esposa Rocío y le dijo que acababa de renunciar al gobierno, que ello suponía quemar sus naves en Tabasco. Y le anunció que deberían salir de la entidad, para buscar empleo en otro estado.

López Obrador y su familia se refugiaron en la casa familiar de Palenque. Él necesitaba, como al aire, el consejo de doña Manuelita, su madre. Ella lo reconfortó:

"Si nosotros que ni a la escuela fuimos, te sacamos adelante a ti y a tus seis hermanos, ¿qué no podrás hacer tú que eres profesionista…?"., .
Tras meses que resultaron angustiosos y de algunos intentos fallidos en busca de empleo, Ignacio Ovalle le llamó: Clara Jusidman, directora del Instituto Nacional del Consumidor, en la Ciudad de México, tenía vacante el puesto de director de Promoción Social. "¿Te interesa, Andrés?".

Estaba por iniciar 1984. Entre los tabasqueños se ha dicho siempre que el convulso temperamento tropical y la vida capitalina no hacen buen coctel. Pero la familia López Beltrán llenó maletas y partió. No falta ahora quien diga que lo hicieron jaloneados por un destino que nadie intuía aún. Andrés no perdió contacto con las relaciones que construyó durante las campañas estatales de Pellicer y González Pedrero, tampoco con las comunidades que le profesaban admiración. A su regreso a Tabasco, cuatro años después, los estaría aguardando una cita con la historia.

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