En México pude salvar mi vida y la de mi familia: el testimonio de un refugiado centroamericano

Un grupo criminal lo amenazó a través de llamadas, dispararon en contra de su casa, intentaron asesinarlo, incluso secuestrar a una de sus hijas.

Por Diego Rodríguez

Hace un año y tres meses ‘Alberto’ llegó a México para escapar de amenazas y atentados en su natal Guatemala y que ponían en riesgo su vida, la de su esposa y la de sus hijas. 

Desde abril de 2018 consiguió su estancia como refugiando en México y a pesar de haber conseguido la tranquilidad lejos de su país, no pierde la esperanza de poder regresar algún día, como él dice: “México me ha ayudado mucho, pero uno extraña su país”. 

En entrevista con Publimetro, explicó que en Guatemala era promotor de cultura y deporte por las mañanas, en las tardes era profesor de secundaría con especialidad en la lengua quiché, labor que realizó por casi cinco años.

Sin embargo, en 2016 su vida comenzó a cambiar significativamente cuando uno de sus amigos, quien trabajaba en una fiscalía, le pidió ayuda para cubrir a una persona que tenía que someterse a una cirugía, después pasar varias pruebas de admisión consiguió trabajar temporalmente con él. 

“Con el fiscal distrital trabajamos durante ese tiempo tras un grupo de personas que secuestraron a un político dos años atrás; en una borrachera confesaron lo que hicieron, pero uno de ellos se volvió colaborador del fiscal". 

Explico que en 2016 se hizo un operativo, pero de las 18 personas que se iban a detener sólo dos fueron capturadas presuntamente porque el jefe de la policía local se vendió, y aunque Alberto trabajaba en la fiscalía de forma discreta, asegura que la banda de secuestradores lo comenzó a perseguir.

Vivir con miedo

Aunque el gobierno le dio protección por tres meses, pasado ese tiempo regresó a las aulas, con todas las fechas registradas con claridad en su memoria, cuenta que comenzó a recibir llamadas amenazantes, hasta que en febrero del año pasado dispararon 32 veces en contra de su casa.

Aún así, al día siguiente fue a dar clases, en el camino dos personas a bordo de una motocicleta comenzaron a seguirlo, logró esconderse en un centro comercial y así se libró del ataque, pero las llamadas amenazantes continuaron; pensó en pedir un cambio de escuela, pero supo que el encargado de hacer esos trámites tenía vínculos con las personas que lo seguían, por lo que desistió.

“Iba a ser más fácil que me mataran en un lugar donde yo no conocía, por eso mejor decidí salir de mi país, ingrese a la frontera por Nueva Orizaba, en Chiapas. Hablé con un oficial del Ejército, le expliqué mi situación y me dijo que en Comitán personal de migración me podía detener y explicarles mi caso para ver qué procedía", dijo sobre el escape de su país. 

"Pero me confundí y en lugar de ir a Comitán llegué a Palenque, esperaba que migración me detuviera, pero las veces que los encontré me preguntaban por qué estaba en México, les decía que por estudios y me dejaban seguir”.  

Sin dinero, sólo con su voluntad y esfuerzo llegó a Villahermosa, de ahí caminó hasta Cárdenas durante un día y una noche, cuando se encontró con un vendedor de café, quien después de regañarlo por aventurarse solo a caminar por la carretera, se solidarizó y le pagó un boleto de autobús a Coatzacoalcos, en donde ‘Médicos sin fronteras’ lo curaron de los pies ampollados y sangrantes.

"No pierdo la esperanza de abrazar a mi familia"

En Coatzacoalcos se acompañó de dos migrantes y consiguió llegar a la Ciudad de México, en donde en un albergue comenzó su trámite ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar).

“El 8 de marzo de 2018 inicia el proceso, una semana después me dieron una constancia que decía que no podía salir de la ciudad, personal de ‘Sin fronteras’ me ayudó a llenar los formularios para tramitar la visa por razones humanitarias, la cual tuve el 23 de abril, aunque yo me enteré días después”.

En ese tiempo de espera no se desentendió de su esposa que estaba embarazada y de su pequeña hija, comenzó a trabajar para poder enviarles dinero, en una de las veces que tuvieron contacto su esposa le dijo que una mujer, familiar de uno de los dos detenidos en el operativo de diciembre de 2016 intentó llevarse a la niña, eso ocurrió el 3 de mayo.

‘Alberto’ no lo dudó y regresó a Guatemala por su familia, realizó el mismo trayecto para regresar a la Ciudad de México y poder anexar a su expediente la solicitud de refugio para su esposa y sus hijas.

Después de varias semanas de incertidumbre y varios malos trabajos, consiguió empleo en una empresa de electrodomésticos en el área de reparación, para lo cual fue necesario trasladarse con su familia al norte de México, en donde está la planta.

‘Alberto’ no pierde la esperanza de regresar a su tierra, de abrazar a los suyos y recuperar la tranquilidad que le robó aquella banda de secuestradores. 

“De las 18 personas que sufrí la persecución ya sólo están vivos 13, muchos de ellos están en edad avanzada, espero que en unos años pueda regresar porque tengo mis cosas en Guatemala; me gustaría volver a ser profesor, aunque es un proceso largo para revalidar mis estudios".

“Extraño a mi familia, hace más de un año que no los veo, extraño a mi país, el lugar donde vivía, pero por ahora estoy tranquilo y a salvo”, concluyó. 

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