4T sí, pero que no afecte a mi statu quo

Por José Lebeña Acevo

Llevo meses escuchando propuestas y quejas por los recortes que se están realizando desde el Gobierno. Despidos en medios de comunicación públicos, en dependencias federales, estancias infantiles, y ahora se ha desempolvado una enorme crisis en la policía federal. Parece que quienes primero catapultaron a AMLO hacia la victoria más apabullante de la historia de México, ahora se retractan cuando la “austeridad republicana” de la 4T les toca el bolsillo y pone en peligro su statu quo.

La Cuarta Transformación, aunque a muchos no les guste o les convenga, ha llegado para quedarse, al menos hasta 2024, y es aplaudida por millones de mexicanos, aunque cada día por menos. Al menos, cuando el ‘presidente arenga’ contra la corrupción y contra la impunidad, todos lo aplauden. Cuando habla de retirar pensiones, fueros y seguros a los políticos, todos lo vitorean. Cuando exclama que fifís, barberos y lambiscones como asesores, políticos, periodistas, empresarios y demás ya no serán privilegiados, la multitud lo alaba.

Y es que el profeta de la 4T, es decir, nuestro presidente, realmente quiere transformar al país, aunque para ello tenga que recurrir al tan temido tijeretazo de las cuentas públicas.  Pero a un año de su victoria, su proyecto de gobierno aún no ha tomado forma y no termina de cuajar en todo el organigrama federal.

Andrés Manuel López Obrador quiere un México más justo socialmente hablando y más equitativo. Sin embargo, los cambios no se reflejarán tan rápido, y más, cuando la Cuarta Transformación se basa en la gente y no existe un ordenamiento claro—no me refiero a la cartilla moral— de este proceso de cambio. Es decir, no todo depende de Andrés Manuel y sus secretarios. Si no hay un cambio en los mexicanos, la 4T será un proyecto fallido.

Todos hemos de poner de nuestra parte a nivel individual o personal: ser mejor ciudadano, respetar la ley, y ser consciente que el “valemadrismo” puede traer consecuencias negativas, cumplir con el pago de impuestos, la seguridad social y dejar de utilizar “diablitos” para colgarse de la luz, y no alterar o pagar para que se alteren los medidores agua, acabar con las "mordidas" para evitar multas, o para agilizar trámites. Es decir, un Pacto por México que debe trasladarse a todas las esferas de la sociedad civil.

Especialmente, la 4T ha puesto en la mira a los “vividores profesionales” de las subvenciones, a quienes se beneficiaron de la condonación de impuestos, o de programas sociales sin necesitarlos. Porque una cosa es obtener beneficios fiscales para fomentar el empleo, las contrataciones y dar dinamismo a la economía, y otra es mantener a empresas. Si un negocio no es rentable habrá que reestructurarlo o simplemente cerrarlo, pero no esperar a que el Gobierno lo mantenga.

Tener mayores recursos económicos o vivir con más comodidades también puede ser el resultado de años de sacrificio, esfuerzo y de trabajo. No generalicen, descalifiquen ni cuestionen por envidia porque para transformar no hay que destruir ni atacar al prójimo.

Sin embargo, no hay que dejar fuera del radar a las presiones de los gobiernos de cualquier nivel a empresarios y medios de comunicación, porque sus representantes han sido y son los abanderados de la corrupción; no todo se debe achacar al pueblo, a los comunicólogos o a los empresarios. Primero deben barrer la casa propia y asegurarse de hacerlo bien, hasta por debajo del tapete, y a continuación alcanzar un pacto de Estado que propicie la tolerancia y la concordia. En definitiva, un frente común ante los actos de corrupción, el conflicto de intereses y los abusos de poder.

Pero tanto voto a favor y tanto apoyo a la Cuarta Transformación parece que se desvanece cuando los recortes afectan directamente. Sí, cuando hacen peligrar el status quo de un individuo, empresa pública o privada, sector o colectivo. Ahí están los trabajadores de Notimex, del Canal Once, o los colaboradores de Proméxico, deportistas, empleados que laboraban en la construcción del NAIM, representantes de la cultura que hicieron campaña por AMLO y no recibirán subvenciones, asesores de funcionarios con salarios onerosos, empresarios ventajosos, periodistas que han dejado de percibir moches, o los mismos agentes de la PF, así un largo etcétera que incluye a militantes de Morena que se resisten a perder poder y privilegios. Y es que cuando a uno le tocan el bolsillo, todo cambia.

No importa que vivamos en uno de los países con más desigualdad del mundo, que haya niños trabajando, o que sigan existiendo familias mexicanas que sobreviven con $102.68 pesos diarios. No importa que haya mexicanos de primera, de segunda y hasta de cuarta. Tampoco importan las buenas intenciones y hasta los buenos deseos para acabar con tanta desigualdad, y mucho menos importa, que el país se vaya al carajo, si en alguna forma, somos perjudicados directamente por la 4T.

También en la cruz de la moneda se encuentran las políticas migratorias. Y es que aunque ayudar a los centroamericanos sea una labor encomiable, es centro de críticas cuando hay que destinar recursos de los mexicanos. Pero, cuando se trata de los sirios, los venezolanos o nuestros migrantes mexicanos, el malo es otro.

México necesita un cambio “verdadero” basado en principios morales y la cultura de la legalidad que acabe con el México corrupto. Esto no es un tema que sólo implique a fifís y chairos, afecta a todos los mexicanos.

Para ello es importante seguir el orden en que se llevan a cabo algunos de los procesos de la vida, aunque no todo debe seguir ese camino. Si bien es lógico barrer las escaleras de arriba para abajo, también lo es, no empezar la casa por el tejado.

Entonces, para que este cambio estructural profundo funcione, no hay que aferrarse a ciertas ideas, hay que ser más flexible a la hora de tomar decisiones y debatirlas tanto con el resto del ejecutivo como de las fuerzas políticas.

Y es que si no se actúa con simple lógica y orden, se exponen las condiciones y se delimita bien lo que significa la 4T —algo que debería ser más que un cliché o “divertido juego de palabras”— la Cuarta Transformación, como muchos otros vaticinan y desean, pasará a la historia como una transformación de cuarta, y no como el gran movimiento social que AMLO propuso.

 

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