Avenida Constituyentes, la ruta del "cristalazo"

Teresa no sintió la bala. Solo pisó el acelerador para huir del hombre que hace un mes rompió con la cacha de un arma calibre .22 la ventana de su auto para robarle el celular. Se dirigía al trabajo, y en Vasco de Quiroga el tráfico la detuvo.

“Trabajo en Bosques, en el edificio el pantalón. Entonces justo estaba como dando la vuelta para agarrar Vasco de Quiroga como a la mitad del camino y, parada totalmente en el tráfico, me tocaron la ventana, volteo, como que no reacciono, me la vuelven a tocar, me piden las cosas. Rompe, según yo con la cacha de la pistola el vidrio, mete la mano, saca el celular. En eso avanza el tráfico, yo me logro ir, ya no me robó nada”, relató.

No sintió la bala, creyó que el dolor y la sangre eran consecuencia de los vidrios que cayeron de la ventana y que, supuso, se le habían enterrado en el brazo.

La de Teresa es una de las tantas historias cotidianas de estudiantes y profesionistas que rumbo a la escuela o trabajo han sido asaltadas a lo largo de Constituyentes desde Santa Fe hasta Circuito Interior en los últimos meses. Una de las maneras más recurrentes de operar  de los asaltantes es aprovechar la congestión vial y dar cristalazos a los automóviles detenidos en el tráfico.

La zona de incidencia de estos robos pertenece a la delegación Miguel Hidalgo que, según el informe delictivo más reciente de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, ocupa el tercer lugar en el índice de tasa delictiva del Distrito Federal −con 218 averiguaciones previas por cada diez mil habitantes−, por debajo de las delegaciones Cuauhtémoc y Benito Juárez.

La policía no la ayudan porque es extranjera

“Me asaltaron hace más o menos tres meses en avenida Constituyentes, de hecho es la segunda vez que me asaltan en avenida Constituyentes con el mismo modus operandi. Estaba en el último semáforo antes de llegar a Juan de la Barrera cuando de repente dos personas, una desde la derecha con una especie de bujía rompió el cristal y se metió prácticamente dentro del coche, y de mi lado otra persona abrió la puerta y trató de jalarme para bajarme del coche.

“Me arrancaron la cartera, me arrancaron el teléfono de las manos, trataron de manotear la llave, fue muy violento porque rompieron mucho el coche, rompieron los dos cristales, rayaron la puerta. Y en ese momento me encontraba rodeada de coches y me sorprendió mucho que nadie hiciera nada alrededor”.

Relata Bárbara Anderson, quien ha sido víctima de este delito en dos ocasiones. En el primer incidente, Barbará se encontró con agentes de la policía vial. No hicieron nada.

“Les dije que si ellos me acompañaban, yo les podía decir hacía donde se escaparon con una moto, y me dijeron que como era extranjera no me podían ayudar. En el ministerio público no han sido muy amables, aunque tengo que reconocer que en el último caso hice la denuncia en el ministerio público online y fue bastante rápido el trámite.

“Lo que sí es cierto es que la denuncia no tiene valor hasta que uno vuelve dentro de siete días a decir sí, efectivamente me asaltaron como si la primera denuncia no sirviera. No soy la única, la mayoría de mis compañeros han sufrido robos en la avenida Constituyentes”.

Bajo un oscuro puente de Observatorio, a unas cuadras de Constituyentes, un solitario oficial explica que la incidencia de robos se ha  registrado desde abril del año pasado, por lo que varias patrullas vigilan constantemente la zona, en un recorrido desde Tacubaya hasta Observatorio.

A Paula la mala suerte la alcanzó un jueves a las siete de la noche, sobre la misma avenida que las patrullas vigilan cada media hora.

“Estaba parada en el carril de en medio y oí un ruido muy fuerte; y cuando voltee me di cuenta que estaban rompiendo el cristal del copiloto de mi coche con un tubo, no sé bien qué era, y había un cuate gritándome que le diera mis cosas, desgraciadamente yo tenía la bolsa en el piso del asiento del copiloto y tomó la bolsa”.

Observatorio, una zona ruda

A las afueras del metro Observatorio entre los cargadores de equipaje de la central, los vendedores ambulantes y los peatones que suben y bajan destacan elementos de seguridad que vigilan el área. “No somos de aquí, somos de otra zona, nos mandaron de apoyo. La delincuencia está dura”.

“Como está el semáforo, los atrapan”, reflexiona una señora que atiende un puesto de artículos electrónicos cerca del metro. La falta de alumbrado público, dice, abona a que la zona sea peligrosa, que en Cristo Rey, Vasco de Quiroga, Escuadrón 501, lo del robo sea una historia común.

“Hubo el caso de una amiga mía que le pasó lo mismo como un mes después de mi asalto y fue a las nueve de la mañana. No hay horario. Justo esa zona ha sido muy complicada por la parte de que a cualquier hora te toca. La gente de mi trabajo anterior les toco que en el mismo auto salió como una manada gente a asaltar masivamente. Sí está bastante ruda la zona”.

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