Generación AK47: Marisol, sin maquillaje

I.-

Canta cuando escucha a Lady GaGa, tiene un tono de voz que le impide gritar y habla casi por goteo.

Esta mañana ha querido burlarse del frío del Valle de Juárez, con sudadera gris y la leyenda love, unos vaqueros y botas de gamuza negras, que le cubren un poco más arriba del talón.

Camina rumbo a su oficina con esa manía de mirar mucho hacia el piso. Pasa frente las paredes arañadas por disparos y resanadas con cemento blanco de la sede de la policía.

“¡Me agarraste sin maquillaje!”, dice y abre la puerta que tiene un trío de orificios de bala en los que podría caber un dedo pulgar, la cual está tapizada de oficios con rostros de hombres con sombrero o pelones que son buscados por la fiscalía de Chihuahua con la leyenda: ‘Ayúdanos a localizarlos’.

Marisol Valles, de 21 años, es la jefa de la policía de Praxedis G. Guerrero, municipio ubicado a unos 90 kilómetros de Ciudad Juárez, Chihuahua, al que se llega por una carretera que bordea la frontera con Estados Unidos. Sólo hay que seguir la ruta del Río Bravo que los gringos entubaron.

– Mira, ¿ves allá? –me dijo señalando hacia donde las luces de su viejo Ford alumbraban una noche antes rumbo a Praxedis, un reportero gráfico que accedió a guiarme –aquí hay mucho tráfico hormiga de armas y droga.

El camino a esta ciudad topa con un retén militar donde un grupo de soldados pregunta a qué te dedicas y a dónde vas.

A un costado y con pasamontañas, otro militar se mete en una barricada de costales de arena para disparar si alguien no se detiene. De noche son invisibles.

– Aquí ya aprendimos que a los militares les interesan dos cosas en los retenes: Que prendas tu luz interior y que pongas las manos sobre el volante, me advertía Ernesto Rodríguez, quien olfatea la tinta roja desde hace 25 años y todo lo que eso implica: amenazas, adrenalina, cuadros por segundo, hora de cierre y familia en riesgo.

En esta ruta hacia la comunidad de Marisol, también se saben noticias así: “En Chihuahua una mujer y cuatro hombres fueron puestos en fila y fusilados ayer por la mañana junto a una brecha del poblado Placitas, en el Valle de Juárez, entre los municipios de Guadalupe Distrito Bravos y Praxedis G. Guerrero. En la ejecución se dispararon más de 100 balazos…”

339 armas, con las que fueron asesinados 18 agentes mexicanos, fueron suministradas por una tienda de armas en Houston, Texas

II.-

Uno podría pensar que Marisol, que aceptó este trabajo porque el alcalde la invitó, fue entrenada para hablar con los reporteros, pero ella me dice que fuimos no­sotros quienes la vacunaron de silencio en muchas de sus frases.

– Han venido tantos y los primeros días ni siquiera me dejaban trabajar… recuerda.

Días después de asumir el cargo, el 20 de octubre de 2010, un sitio en Internet de noticias local, dijo de Marisol: Jefa de policía no mata una mosca. Otro tituló: Marisol Valles, la valiente de México…

Para entonces, la noticia era mundial y el municipio de Praxedis ya aparecía en Google y primeras planas con la historia de una estudiante de Criminología como encargada de la policía local.

–¿Cuántas mujeres son su equipo?
– 13 y 2 hombres.

–¿Por qué más mujeres qué hombres?

– Porque es el proyecto del alcalde. Y porque las mujeres son más sensibles, más humildes, más compresivas y le dan más confianza a la gente y no andan armadas. La mujer tiene más sentido de escuchar de empatía y por eso son más mujeres.

–¿Cómo vive la maternidad y su trabajo?
– Es un poco difícil porque como mamá me apura no poder estar con mi hijo de ocho meses todo el tiempo que quisiera. Pero tengo el apoyo de mis padres y mis hermanas. Mi mamá y mi hermana lo cuidan.

– ¿Cómo vive su esposo esta etapa?
– Tengo mucho su apoyo porque él me dice que estoy haciendo algo que me gusta. Él lo acepta muy bien.

–¿A qué se dedica él?
– Mi esposo trabaja en un taller mecánico.

– ¿Por qué algunos reporteros buscan poner a Marisol contra los narcos?
– Yo siempre les decía: no quieran poner algo que no vamos a decir. La cuestión es que no han entendido lo que vamos a hacer. Era difícil, porque te lo querían poner en la boca.

Y me dice algo que ya tiene ensayado: “Cuando me preguntan sobre los malos, les digo que no es mi función. Que no vamos a luchar contra ellos”.

Marisol nunca le dice narcos a los narcos. Prefiere decirles los “malos”. Tampoco quiere hablar de cosas que otros sí ven.

Marisol, sin maquillaje

La jefa de la policía de Praxedis G. Guerrero, en el Valle de Juárez, habla con Publimetro

62 mil 800 de las 80 mil armas que han sido confiscadas por fiscalías mexicanas a cárteles del narcotráfico provienen de armerías de Estados Unidos

Canta cuando escucha a Lady GaGa, tiene un tono de voz que le impide gritar y habla casi por goteo.

Esta mañana ha querido burlarse del frío del Valle de Juárez, con sudadera gris y la leyenda love, unos vaqueros y botas de gamuza negras, que le cubren un poco más arriba del talón.

Camina rumbo a su oficina con esa manía de mirar mucho hacia el piso. Pasa frente las paredes arañadas por disparos y resanadas con cemento blanco de la sede de la policía.

“¡Me agarraste sin maquillaje!”, dice y abre la puerta que tiene un trío de orificios de bala en los que podría caber un dedo pulgar la cual está tapizada de oficios con rostros de hombres con sombrero o pelones que son buscados por la fiscalía de Chihuahua con la leyenda: ‘Ayúdanos a localizarlos’.

Marisol Valles, de 21 años, es la jefa de la policía de Praxedis G. Guerrero, municipio ubicado a unos 90 kilómetros de Ciudad Juárez, Chihuahua, al que se llega por una carretera que bordea la frontera con Estados Unidos. Sólo hay que seguir la ruta del Río Bravo que los gringos entubaron.

– Mira, ves allá? –me dijo señalando hacia donde las luces de su viejo Ford alumbraban una noche antes rumbo a Praxedis, un reportero gráfico que accedió a guiarme –aquí hay mucho tráfico hormiga de armas y droga.

El camino a esta ciudad topa con un retén militar donde un grupo de soldados pregunta a qué te dedicas y a dónde vas.

A un costado y con pasamontañas, otro militar se mete en una barricada de costales de arena para disparar si alguien no se detiene. De noche son invisibles.

– Aquí ya aprendimos que a los militares les interesan dos cosas en los retenes: Que prendas tu luz interior y que pongas las manos sobre el volante, me advertía Ernesto Rodríguez, quien olfatea la tinta roja desde hace 25 años y todo lo que eso implica: amenazas, adrenalina, cuadros por segundo, hora de cierre y familia en riesgo.

En esta ruta hacia la comunidad de Marisol, también se saben noticias así: “En Chihuahua una mujer y cuatro hombres fueron puestos en fila y fusilados ayer por la mañana junto a una brecha del poblado Placitas, en el Valle de Juárez, entre los municipios de Guadalupe Distrito
Bravos y Praxedis G. Guerrero. En la ejecución se dispararon más de 100 balazos…”

Uno podría pensar que Marisol, que aceptó este trabajo porque el alcalde la invitó, fue entrenada para hablar con los reporteros, pero ella me dice que fuimos no­- sotros quienes la vacunaron de silencio en muchas de sus frases.

– Han venido tantos y los primeros días ni siquiera me dejaban trabajar… recuerda.
Días después de asumir el cargo, el 20 de octubre de 2010, un sitio en Internet de noticias local, dijo de Marisol: Jefa de policía no mata una mosca. Otro tituló: Marisol Valles, la valiente de México…

Para entonces, la noticia era mundial y el municipio de Praxedis ya aparecía en Google y primeras planas con la historia de una estudiante de Criminología como encargada de la policía local.

–¿Cuántas mujeres son su equipo?
– 13 y 2 hombres.

–¿Por qué más mujeres qué hombres?

– Porque es el proyecto del alcalde. Y porque las mujeres son más sensibles, más humildes, más compresivas y le dan más confianza a la gente y no andan armadas. La mujer tiene más sentido de escuchar de empatía y por eso son más mujeres.

–¿Cómo vive la maternidad y su trabajo?
– Es un poco difícil porque como mamá me apura no poder estar con mi hijo de ocho meses todo el tiempo que quisiera. Pero tengo el apoyo de mis padres y mis hermanas. Mi mamá y mi hermana lo cuidan.

– ¿Cómo vive su esposo esta etapa?
– Tengo mucho su apoyo porque él me dice que estoy haciendo algo que me gusta. Él lo acepta muy bien.

–¿A qué se dedica él?
– Mi esposo trabaja en un taller mecánico.

– ¿Por qué algunos reporteros buscan poner a Marisol contra los narcos?
– Yo siempre les decía: no quieran poner algo que no vamos a decir. La cuestión es que no han entendido lo que vamos a hacer. Era difícil, porque te lo querían poner en la boca.

Y me dice algo que ya tiene ensayado: “Cuando me preguntan sobre los malos, les digo que no es mi función. Que no vamos a luchar contra ellos”.
Marisol nunca le dice narcos a los narcos. Prefiere decirles los “malos”. Tampoco quiere hablar de cosas que otros sí ven.

Una señora que no quiere nombre ni apellido me cuenta en el restaurante Acapulco sobre la calle principal: – La otra vez escuché que los niños gritaban y gritaban. Yo pensé que los estaba persiguiendo un loquito que luego anda aquí en la plaza. Pero cuando salí a asomarme estaban varias camionetas rodeando la Presidencia Municipal. Bajaron varios con pasamontañas y le gritaban a la gente que se fuera a la chingada. Nosotros nos metimos y entonces comenzaron a disparar como si nada. Estuvieron como media hora.
Otra mujer se arrima a la plática: ¿Ya supo que secuestraron al muchacho de la farmacia?

-– Sí, – me dice mientras cabecea como si se cuidara de ser escuchada- los sicarios han matado muchas personas y también secuestran.
– Uy, sí, una vez le cortaron la cabeza a un policía y la dejaron en una hielera, pero nadie se dio cuenta, porque había tianguis.
Los relatos y lo que pasa en Praxedis no impiden que Marisol insista: Escogimos la esperanza en lugar del miedo. No nos vamos a meter con nadie; solo vamos a implementar los valores y principios y hay que echarlos a andar.

– ¿Y quién enfrentará a los narcos?
– Para eso está la Policía Federal; no es mi función estarles diciendo; pero está claro quién se encarga de la persecución, investigación y prevención.

– El presidente Calderón ha dicho que los Gobiernos deben tomar el riesgo de combatir a los narcotraficantes…
– Cómo vamos a combatir algo que está fuera de nuestro alcance. Un municipio así como Praxedis… si los más grandes no han podido ¿por qué un municipio pequeño tiene que lograr hacerlo? Por eso nosotros apostamos por un proyecto para motivar los valores.

– ¿Qué piensa de esta guerra contra el narcotráfico?
– Si los demás piensan que la violencia se combate con más violencia, es muy de ellos. Nosotros apostamos por los valores. Esto no es de guerras. Somos mexicanos. Todos somos iguales ante la ley. ¿Por qué hacer guerra si podemos dialogar.

– ¿Dónde se ve Marisol en los próximos años?
– No pienso en el futuro. Sino ahora. Quiero que haya una epidemia de valores. Nosotros empezamos en Praxedis porque es un lugar pequeño. Porque es nuestro municipio. Por aquí empezamos. Si la gente de aquí cree en nuestros valores, tal vez funcione en todo México. Yo sueño que Praxedis vuelva a ser un pueblo alegre. Mi sueño es que mi hijo pueda crecer aquí y que las cosas cambien. Que no tenga miedo al salir.

– ¿Le duele México o sólo Praxedis?
– Me duele todo lo que pasa. Pero no soy alguien grande que pueda hacer algo por todo México. Pero si yo tuve la oportunidad de hacer algo por mi municipio donde yo he crecido, entonces lo hago. A lo mejor hay más gente que cree en la esperanza, esto avanzaría mucho más y se cubriría todo México.

– ¿Cómo maneja el riesgo de su puesto?
Yo estoy aquí como encargada. No me estoy metiendo con nadie. Espero que no me lo tomen a mal lo que estoy haciendo.
– ¿Qué no lo tomen a mal quiénes?
Las personas malas. No nos estamos metiendo con nadie, sólo con la sociedad para que ellos crean en sus ideales y cambiar ese temor por esperanza. ¿Por qué no sentar a los malos en la mesa para que convivan con nosotros?

– ¿Qué le diría al presidente Calderón?
– Que crea en lo que estamos haciendo y que Praxedis está en todos y que todos somos un México.

En la plaza principal de Praxedis, Marisol camina con sus vaqueros, su su- dadera de love y su botas de gamuza negra. Pasa a un costado de la patrulla sin defensa y con llantas viejas que tiene asignada como jefa de policía.

Entonces recuerdo que antes de Marisol, hubo otro encargado de esa oficina.
Una noticia contó que su cabeza fue encontrada en la hielera que la señora de la cocina Acapulco me contó. Eso ocurrió el 19 de enero de 2009.

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