Un pequeño gigante mexicano en el futbol alemán

Por Omar Pérez

Para muchos un futbolista que ha pasado por ocho equipos en ocho años, anotado 43 goles sin obtener un título ni haber jugado en primera división y con una reciente lesión en el ligamento cruzado de la rodilla, parecería que está destinado al retiro. Muy lejos del éxito y la trascendencia.

Sin embargo, para Kevin Zimmermann esto no afecta sus aspiraciones. Se sigue levantando temprano y va a entrenar en busca de ganar minutos con el Bergisch Gladbach de la tercera división alemana.

A sus 23 años la cancha de futbol ha sido el medio de transporte que lo ha llevado a Canadá, Estados Unidos y Alemania.

Las ventajas del anonimato han hecho que su raíz sea casi invisible: la mitad de ella es alemana y la otra mexicana. Tiene la costumbre de reírse cada cinco palabras y sólo lo deja de hacer cuando se va a dormir.

Su 1.93 de estatura oculta ese talento atípico en un delantero, ése de bajar a media cancha, conducir el balón por la banda y avanzar con una amplia zancada que destapa su engañosa lentitud. Dribla y salta con la mirada de un niño que controla su primer balón.

Luego de una lesión en la rodilla que lo dejó fuera del futbol, logró llamar la atención en Europa. “Iba a ir a Italia, a la serie C. A una semana de viajar me lesioné y quedé fuera, pero en cuatro meses me recuperé y en cinco ya estaba aquí en Alemania”, dice Cuevas Zimmermann con más alivio que ánimo.

Pero tal parece que este jugador se ha hecho experto en la tercera división, la cual conoce a todos niveles.

¿Cómo llegas a la tercera división?
– Tenía 15 años cuando inicié en el equipo Inter Playa del Carmen. Estuve en la banca siete veces, no jugué en todo el año, pero el equipo ascendió a segunda división; era un equipo muy bueno.
La tercera división tiene sus detalles. Entrené a 36 grados de temperatura y sin agua. Ganaba 400 pesos al mes si bien me iba; me pagaban. Ese tipo de procesos te enseña mucho de la vida.

Pero en algunos momentos, Zimmermann vio cómo las puertas se cerraban.
“Hubo un entrenador en Necaxa, en tercera división, que me decía que un jugador alto era tronco y sin técnica, como el caso de Jared Borgetti, al cual mucha gente nunca lo quiso, pero yo siempre lo he admirado. Tuve otro entrenador que hacía su plantel y me decía: “te vas a la esquina a dominar la pelota”. Yo viajaba dos horas después de la escuela y que me mandaran a dominar la pelota, yo no lo podía creer , pero aguanté”, afirma.

Detectar talento es un acto que requiere cierta precisión y algo de fortuna. Sebastián González es el encargado de reclutar estudiantes internacionales en la Universidad de Hannibal La Grange en Missouri y fue quien llevó al mexicano a Estados Unidos.
“Lo conocí cuando fue al programa Ideamexico. Lo que me impactó, además de que jugaba muy bien, es que tenía una forma de ser muy alegre y eso es lo que quería­mos, alumnos que hagan un ambiente positivo”, cuenta González.

El éxito tiene destellos y uno de ellos llegó cuando fue convocado para la Selección Sub-17 en 2005. Sin embargo, el delantero no asistió a ninguna concentración debido a que rebasaba la edad para ser elegible un mes antes de que iniciara el Mundial en Perú.
“Muchas cosas pasaron por mi cabeza. Primero conocí a Carlos Vela en la Liga amateur, jugué contra él cuando estaba en un equipo que se llamaba Chabolis y yo en Linces; ya era buen jugador. Recuerdo que hubo un partido, una final, y les ganamos, les anotamos dos goles y después ver que Vela anotó cinco o seis goles en la Copa del Mundo y luego fue al Arsenal. Tal vez yo hubiera estado ahí”, se lamenta Cuevas.

Por ahora este goleador de tercera división combina su carrera deportiva con su labor como empresario. Junto con su familia ha formado una compañía llamada International Dorway, la cual se encarga de reclutar talentos y ofrecer becas en universidades de los EU.

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