“Yo veo a México mejor que nunca”: Zabludovsky

Por leslie Aguirre

Vive su segundo aire como conductor radiofónico de noticieros, luego de 50 años en la televisión. Jacobo Zabludovsky (85) acaba de celebrar siete décadas de carrera y asegura que luego de trabajar encorsetado, es la primera vez que ve tanta apertura en México. Estudió Derecho en la UNAM pero nunca ha ejercido –ni ejercerá– como tal. Comenzó el oficio en un linotipo, cuyo aroma a tinta considera como el mejor perfume del mundo y la radio fue crucial hasta que le tocó construir, casi desde cero, las bases del periodismo en la televisión mexicana.

¿Cómo evalúa a México antes y después de 50 años en la televisión?
– Yo veo a México mejor que nunca. (…) ahora los periodistas gozamos una libertad que nunca antes pudimos y lo dice uno que, tal vez, sea el decano de todos, que soy yo. He pasado por todo. Desde que nací, viví los 70 años que gobernó el PRI, partido que tenía la dirección y la influencia absoluta sobre todos los otros poderes, pero ejercía un poder de decisión sobre los sindicatos obreros, las organizaciones empresariales, la Iglesia, los periódicos y la educación. Sobre todo”.

¿Cómo era trabajar así?

– La libertad de expresión estaba limitada y nos movíamos dentro del margen de las posibilidades, según el medio en el que estuvieras o la importancia que tuvieras en el periodismo. Todos sufrimos esa encorsetada. Pero Mexico, sin violencia, sin golpes de Estado, en una evolución política constante, permitió que, sin derramar una gota de sangre, sin un descalabrado siquiera, el PRI después de 70 años entregara pacíficamente el poder a la oposición y que doce años después, en la misma paz social, volviera.

¿La información ya no se entrega sesgada?

– Los tiempos en que los jefes de prensa de los Gobiernos controlaban la información, se dejó atrás. Es preferible el abuso de la libertad que el mínimo intento de una limitación. Cualquier avance de control, es un retroceso.

¿Qué pasó cuando dejó la televisora?

– Dejé Televisa el 30 de marzo de 2000. Esa mañana no sabía que en la tarde ya no estaría porque mi renuncia fue una decisión que tomé ese mismo día y fue irrevocable. Pero también fue una decisión inesperada para mí mismo. Yo no dejaba un trabajo sino una manera de vivir, una costumbre, una oficina… No tenía ni siquiera tarjetas sin el logo… Entregué mi celular al policía y además estaba convaleciente de algunas operaciones muy traumáticas. Así que todo se me juntó, pero estaba consciente de que tenía que seguir trabajando, aunque no sabía cómo. Claro que yo sabía que seguiría siendo periodista.

¿Cómo empezó en la radio?

– Me instalé por mi cuenta en una oficina cerca de mi casa, que mi hermano diseñó, donde tengo seis mil o siete mil libros que son de mi consulta constante para poder trabajar.  Entonces Francisco Aguirre me propuso hacerme cargo de un programa de noticias que no tenía auditorio ni periodistas. Si yo no pegaba, no me podían echar la culpa y sin personal, no tenía que desplazar a nadie. Hoy, 12 años después es el programa más escuchado de la República Mexicana de acuerdo a Ibope.

¿Qué le gusta recordar de su niñez?

– En la vecindad de La Merced había un patio con lavaderos, a veces solo un baño para todos los inquilinos y se tendía la ropa para secar. Jugábamos canicas, rompíamos las piñatas a fin de año, velábamos a algún vecino y aplaudíamos a los novios cuando se iban a casar. Todos vivíamos ahí. Era una convivencia muy franca, muy buena. Más tarde me di cuenta de que habíamos sido pobres, pero cuando yo era niño no me había dado cuenta de eso, yo había sido feliz. Muy modestas las cosas, pero no nos faltó nada. Nos faltaron otras cosas, por ejemplo, nunca tuve bicicleta.

Si alguien compraba un radio, escuchábamos a Cri-Cri, al Tío Polito o al Hada Alegría contando cuentos. No me tocó ser un niño con un complejo de pobreza, me di cuenta después.

¿Qué recuerda del Che Guevara?

– Esa pregunta que calificaron varios como accidentada, donde al término de la Revolución Cubana lo cuestioné: Che, ¿cuándo se cortan las barbas?, a lo que me respondió: ‘Mire, acabamos de hacer una revolución, estuvimos dos años en la Sierra, se han muerto cientos de hombres, y a esta isla la vamos a transformar como ninguna otra revolución ha transformado un país americano. Usted lo va a ver, no va a quedar piedra sobre piedra, y los culpables lo van a pagar. ¿Y a usted lo único que le importa es saber cuándo me rasuro?’. Una pregunta aparentemente tonta que dio lugar a la mejor respuesta.

¿Qué recuerda de Salvador Dalí? ¿Ha visto el video de YouTube donde le habla del ácido desoxirribonucleico?

– (Risas) Esa entrevista se la hice en su casa en Cataluña. ¿Dalí? Era un hombre muy difícil para que te diera entrevistas, porque las quería cobrar. Tampoco se ponía a discutir de dinero, pero cuando te atendía era muy fácil porque era divertido, inteligente, era un gran personaje, muy culto de la generación del 27, en Madrid. Un día estábamos mi esposa y yo en un restaurante de París, cenando, y Dalí entró. Le grité: ‘¡Salvador!’ No volteó. ‘¡Señor Dalí!’ y no volteó. ‘¡Divino Dalí! y dijo: ‘¡Hola Jacobo!’.

¿De Gabriel García Márquez?

– A Pablo Neruda lo entrevisté en 1971 en París cuando obtuvo el Premio Nobel y ese día mi esposa y yo fuimos a hacer tiempo al barrio latino y en una zapatería nos encontramos a Mercedes y Gabriel García Márquez. Neruda me había declarado que Gabriel era para él, el mejor escritor que había entonces. Le dije a Gabo: ‘Hoy, Neruda es Premio Nobel, el próximo vas a ser tú’. Él lo negó, pero su esposa me secundó y nos dijo que cuando eso sucediera, nos invitarían a Estocolmo con ellos. Y así fue en 1982, aunque a mí ya se me había olvidado esa promesa.

¿Cómo se hace un personaje como usted?

– Primero tienes que cumplir con un pequeño detalle que es no morirte, si no cumples con ese olvídate de los otros. Y luego no te puedo contestar porque no tengo idea. Me dedico a mi trabajo, lo disfruto, me angustia a veces, me siguen sudando las manos antes de entrar a cabina. Pero aquí seguimos, toreando.

Anécdotas

• Salvador Dalí. El pintor le autografió un libro del Padre Nuestro en varios idiomas, ilustrado por él. Dalí se dibujó a sí mismo mirando a Jacobo, que en la representación gráfica del artista, tiene forma de  televisión. Escribió: “Para mi amigo Jacobo Zabludovsky de Eugenio Salvador Dalí. 1968”.

• Che Guevara. Zabludovsky viajó sin camarógrafo ni operador a La Habana, por lo que él mismo realizó la grabación de la entrevista al Che Guevara y por ello no aparece en cuadro con el ex comandante.

Trabajando

1. Se despierta todos los días a las 05:00 horas y se baña con agua fría, invariablemente.

2. Al llegar a la oficina, ya leyó cinco periódicos y comienza su junta a las 08:00 horas.

3. A las 15:00 horas termina su jornada laboral y se va a su casa a comer, a menos que alguien le invite a hacer algo diferente.

La pobreza…

“Me di cuenta de que era pobre cuando vi que unos no tenían nada y otros tenían más. Eso no puede ser y sigue siendo el mismo problema: En México tenemos 60 millones de pobres y al hombre más rico del mundo a la vez”.

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