¿Qué milagro hizo el "niño cristero" para convertirse en santo?

José Sánchez del Río participó en la Guerra Cristera que enfrentó entre 1926 y 1929 al gobierno con la grey católica

Por Notimex

 “Yo no creo en los médicos, sólo creo en Dios!” dijo siete años atrás Paulina Gálvez Avila a los médicos que le informaban de la muerte cerebral de su hija de unos meses, poco antes de producirse el milagro que abrió el camino a los altares como santo del “niño cristero” José Sánchez del Río.

En entrevista con Notimex, ella misma contó los detalles de la curación inexplicable de su hija Ximena Guadalupe Magallón Gálvez, quien sobrevivió milagrosamente a un infarto cerebral, meningitis, convulsiones y tuberculosis.

Ese acontecimiento, inexplicable para la ciencia, fue certificado como un milagro por el Papa el jueves 21 de enero.

Así se cumplió el último requisito necesario para que Sánchez del Río sea canonizado en una ceremonia cuya fecha aún no ha sido establecida.

“Mientras los doctores me decían que mi hija tenía un estado vegetal, que no se podía hacer nada, yo no creía en ellos y les contesté que yo creía en Dios, que si ellos no sabían que una hoja no se movía sin la voluntad de Dios”, contó Gálvez Avila.

“Cuando la desentubaron para supuestamente traérmela muerta, algunos doctores de Aguascalientes me la trajeron y yo le dije a mi hija que no me iba a despegar, que pasara lo que pasara siempre íbamos a estar juntas.

Cuando la desconectaron, la abracé, ella se despertó y empezó a sonreírle a los médicos”, agregó.

Aseguró que, desde aquel momento, cada 25 de enero celebra a su pequeña con fiesta y pastel su “otro cumpleaños”, el de su regreso de la muerte gracias a la ayuda espiritual de un niño de 14 años martirizado en medio de la persecución religiosa en México. 

Para el momento de la curación, madre e hija llevaban meses desfilando por hospitales y consultando médicos.

La bebé nació el 8 de septiembre de 2008 en Estados Unidos, pero un mes después fue llevada a Sahuayo (Michoacán), tierra natal de su familia.

Se trata de la misma ciudad en la cual José Sánchez del Río nació, vivió toda su infancia y fue martirizado el 10 de febrero de 1928. Pese a su corta edad había entrado ya a formar parte de las fuerzas de la resistencia religiosa durante la llamada Guerra Cristera (1926-1929).

Desde muy pequeño se integró a las vanguardias del grupo local de la Acción Católica de la Juventud Mexicana.

Cuando quiso entrar a las filas cristeras obtuvo un inicial rechazo, pero después convenció a su madre con la frase: “Nunca ha sido tan fácil ganarse el cielo como ahora”.

El seis de febrero de 1928, durante una batalla, el muchacho dio su caballo al general Prudencio Mendoza y así lo salvó, quedando él prisionero de las tropas gubernamentales. 

Tras cuatro días de cautiverio, los hombres del ejército federal lo sacaron de la parroquia donde estaba preso, le cortaron las plantas de los pies y lo condujeron descalzo por las calles de Sahuayo hasta el Panteón Municipal. 

Ante una tumba ya preparada fue ahorcado y acuchillado por sus verdugos. Uno de ellos, Rafael Gil Martínez alias “El Zamorano”, lo bajo del árbol y lo remató con un tiro en la sien.

“Decidí rezarle a Joselito porque desde chica me hablaron de él, de los cristerios de Sahuayo y desde ahí me hice devota de él, pero conforme avanzaba el embarazo y llegué a vivir en Estados Unidos un tiempo me fui haciendo más apegada a él”, reseñó Paulina Gálvez.

En Sahuayo Ximena Guadalupe comenzó a tener fiebre y no obstante los tratamientos recetados ella no mejoraba, más bien empeoraba. Entonces fue trasladada a Aguascalientes donde, pese al empeño, no llegó un diagnóstico cierto.

Con el correr de los días la condición de la pequeña iba empeorando y por eso fue bautizada por el sacerdote Agustín Patiño en el Hospital Santa María de Sahuayo. Los síntomas se sucedieron fulminantes: temperatura, flemas en un pulmón y convulsiones inexplicables.

Ya en terapia intensiva también se multiplicaron los análisis: broncoscopía, radiografía, tomografía. Ante los constantes espasmos los doctores le indujeron el coma y esperaron 72 horas para una prácticamente improbable curación: el 90 por ciento de su cerebro “estaba muerto”.  

“Antes de desconectarla, les pedí que me dejaran estar con ella y la abracé, entonces la desconectaron. En ese momento puse a mi bebé en manos de Dios y la intercesión de Joselito. En eso abrió los ojos y sonrió, miró a los doctores y empezó a reírse”, explicó la madre.

“La llevaron para hacerle una tomografía y encefalograma, ese día su cerebro estaba 80 por ciento recuperado. Al día siguiente, tras nuevos estudios, el cerebro apareció completamente normal.

Los médicos quedaron sorprendidos pues creían que, si vivía, probablemente no caminaría y no hablaría, debido al infarto cerebral”, abundó.

A su regreso de Aguascalientes, Paulina Gálvez se comunicó con el padre Patiño y este le preguntó a quien le había rezado por la niña. Ella respondió indicando a José Sánchez del Río.

Unos 15 minutos después llegaron a su casa de Sahuayo el propio sacerdote con el vicepostulador de la causa de canonización del niño, Antonio Berumen y en ese momento se llevaron los papeles para iniciar el reconocimiento del milagro ante el Vaticano. 

“La canonización del niño Joselito significa que estamos bendecidos en una tierra de mártires. La verdad tener un santo en Michoacán y para nuestro México es lo mejor que nos ha podido pasar en estos momentos difíciles”, ponderó.

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