La columna de Eduardo Navarrete: Instrucciones para sortear calles bloqueadas

Por Eduardo Navarrete

Paso 1. Para brincar, primero tome vuelo

Todos tenemos nuestros propios encuentros simbólicos a lo largo de la vida. Y aunque no sepamos en realidad qué hacer con ellos, a todos nos pasa que los guardamos, les ponemos un título y esperamos el siguiente manzanazo en la cabeza. En una ciudad como esta, en la que las calles fueron hechas para desafiar el sentido común y llevar un secreto entrenamiento diario (en pericia, paciencia, sinónimos de insultos), basta que alguien se ponga creativo (un político, policía o transeúnte) para desacomodar el castillo de cristal y colapsar las vialidades. Así, puede usted apostar que el siguiente encuentro simbólico se vaya a dar en la calle. Pero véalo de manera optimista: vivimos en un régimen tan especial que si usted y un camarada deciden bloquear una avenida importante, podrán hacerlo, especialmente si militan en algún sindicato o partido. Se trata de la hipocresía política en beneficio de sus dos horas de fama.

Paso 2. Aproveche sabiamente su bloqueo

Las cosas pasan por algo, pero la vida se va –ni siquiera en investigar por qué o para qué- en sólo darse cuenta de que por algo pasan. Lo reto a que en su próximo bloqueo vial encuentre el sentido de estar precisamente e ese momento, en ese tiempo y rodeado de otros aprisionados conductores. Olvide por un momento las consignas y los conductores que apagan el auto y se bajan del mismo (ahí es cuando en realidad sabe que esto va para largo). Puede usted llevar una biblioteca a bordo para estos momentos de crisis, pero algo que puede igual hacer es preguntarse ¿Cómo se encuentra usted? En realidad, sin el clásico “Muy bien, muchas gracias ¿Y usted?”. Haga un barrido profundo y trate de encontrar estos encuentros simbólicos (o sus efectos) a lo largo de sus días. No se enganche: evite revivir el episodio que lo enervó y en cambio imagine que sólo es testigo de la situación, y si puede verlo de manera cronológica, tanto mejor. Tendrá su primer hallazgo cuando le toquen el claxon para que finalmente se mueva. Y obvio, rogará por otro bloqueo pronto.

Paso 3. Tómeles cariño

No importa si –paradójicamente- el bloqueo lo desató el operativo del mensajero de la paz, una causa legítima o simplemente porque hoy la norma dicta que para repavimentar una avenida se debe hacer de día, tiene que durar al menos dos meses y por supuesto, encontrará baches a la semana de volver a transitar por ahí. La ciudad es una paradoja. Por ello no debe tomarse en serio. Imagine por un momento que la ciudad fuera un ser humano. Las arterias estarían bloqueadas diariamente, habría obstrucciones renales, pulmonares y límbicas, pero al todavía poder contarlo, hasta se aprende a tomar cariño a este tipo de desventuras.
 

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