La bandera como símbolo del idioma: ¿insulto o estupidez?

Por Revista Algarabía

CON DEMASIADA FRECUENCIA SE EMPLEAN BANDERAS PARA SIMBOLIZAR IDIOMAS. POR EJEMPLO, UNA  PÁGINA WEB O UN ARTÍCULO EN UNA ENCICLOPEDIA PUEDEN INCLUIR UNA BANDERA BRITÁNICA COMO REFERENCIA A LA VERSIÓN EN INGLÉS DE UN DOCUMENTO EN OTRO IDIOMA, POR LO GENERAL, ES MALA IDEA 

EMPLEAR IMÁGENES, PERO ESO ES HARINA DE OTRO COSTAL Y EL TEMA QUE NOS ATAÑE ES POR QUÉ LAS  BANDERAS SON PARTICULARMENTE INAPROPIADAS.

 

En un mundo perfecto no habría necesidad de referir de manera explícita a las versiones en  distintos idiomas de un documento. Incluso en nuestro mundo imperfecto, Internet podría  evolucionar en el sentido de que un servidor y un agente usuario seleccionen una versión con base en las preferencias de lenguaje que el usuario haya elegido al configurar el browser—hoy en día  existen métodos para ello, pero rara vez se emplean en la práctica.

 

¿Por qué?

Quizá el motivo más común para utilizar una bandera como símbolo de idioma sea que se espera  que la imagen llame la atención más que el texto. Esa expectativa es correcta. Tampoco vamos a discutir por qué tendría sentido llamar la atención de los lectores hacia una bandera —¿por qué debería preocuparme por leer en alemán las instrucciones para instalar un equipo de sonido en mi casa, sobre todo, si no hablo alemán?

 

El argumento básico: ¿Qué representa una bandera realmente? Una bandera es el símbolo de un país o Estado. También puede serlo de un área administrativa,  una sociedad o un movimiento, pero no es símbolo de un idioma, con una rara excepción: la del esperanto. De lo que se habla aquí es que el uso de banderas para identificar idiomas está mal, muy mal.

 

No existe una correlación perfecta entre países e idiomas; es decir, en todos los países se hablan  varias lenguas, y hay idiomas que se hablan en varios países. La bandera de México, ¿qué lengua denota?, ¿náhuatl, maya, yaqui, tarahumara, zapoteco, amuzgo o chamula? En nuestro país se hablan más de 270 lenguas y el idioma oficial es el español, que vino de un país en el que se hablan, además, gallego, catalán, euskera, valenciano, bable y muchos otros idiomas y dialectos. 

 

Aun en los rarísimos casos —no me acuerdo de ningún ejemplo— en los que los hablantes nativos de un idioma y los ciudadanos de un país conformen grupos casi idénticos, no existe razón para unir estrictamente al país y la lengua que se habla en él. 

 

Por ejemplo, ¿por qué un brasileño o un angoleño seleccionarían la bandera de Portugal para elegir un texto escrito en su lengua materna? ¿O un mexicano, un argentino, un peruano, un venezolano, un chileno o un cubano deben seleccionar la de España? Es posible que ni siquiera sepan cuáles son las banderas de esos países —y tampoco tendrían por qué saberlo. 

 

¿Por qué un finlandés seleccionaría la bandera sueca para leer material en su lengua nativa si resulta que es parte de la minoría sueco-hablante de Finlandia? Ese uso podría considerarse como un insulto, ya que una bandera denota lealtad al país que simboliza. Y, en términos prácticos, lo lógico es que la bandera sueca haga referencia a situaciones específicas en Suecia y no en Finlandia.

 

¿Y qué bandera poner como vínculo a las páginas en árabe? La de Arabia Saudita sería una afrenta para iraquíes, libios, sirios, omaníes, yemeníes, etcétera. ¿La de Egipto, el país árabe más poblado?, ¿la de Marruecos? —¿cuál es la bandera de Marruecos?—, ¿la de Israel? —después de  todo, en Israel, el árabe tiene rango de lengua oficial, junto con el hebreo—, ¿la de Irak,  últimamente tan de moda?

 

Vamos a considerar el prototipo de la bandera que se emplea como símbolo de un lenguaje: la Union Flag —también llamada con frecuencia, pero erróneamente, Union Jack1 —, que muchas veces se emplea para denotar a la lengua de Shakespeare y que, a veces, es llamada «la bandera inglesa». Primero, es preciso especificar que no es la bandera de Inglaterra, sino del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, que incluye a varias nacionalidades: ingleses, escoceses, galeses y norirlandeses, entre otras. Existe una bandera de Inglaterra, pero pocas personas fuera del país la conocen, excepto quizá como símbolo de la selección de futbol. Más importante, la mayoría de las personas de habla inglesa en el mundo, aun aquellas que la tienen como lengua materna, vive fuera del Reino Unido. Las personas que ponen la Union Flag como símbolo del idioma inglés rara vez piensan en esto y tampoco revisan si su documento está escrito en inglés británico en vez de, por ejemplo, en la forma estadounidense, canadiense o australiana.

 

En muchos países, la Union Flag, al igual que las banderas de España, Francia, Portugal, Holanda e Italia, en otros, es una referencia a los antiguos amos coloniales. Por tanto, una bandera empleada como símbolo de lenguaje puede tener connotaciones no deseadas, además de desorientar al lector o usuario. Aun si los sentimientos asociados son positivos, no hay razón para desviar la atención, cuando el propósito de comunicación no es otro que referir a cierta información escrita en inglés.

 

1. En realidad, «flag» se puede traducir como «bandera» y ondea en tierra, mientras que «jack» equivaldría a «pabellón», que ondea en altamar, en un barco.

 

En los textos internacionales y multilingües, las banderas provocan una gran confusión: en lógica estricta, denotan países —es decir, guían a cierta información específica para un país, escrita en un idioma determinado— y, por lo general, así es; pero, quizá con mayor frecuencia, hacen referencia a la misma información escrita en distintos idiomas. 

 

Entonces, ¿qué símbolos usar para los idiomas? 

 

El nombre escrito del idioma es un símbolo perfecto; por ejemplo: English —o British English o US English, si así se requiere—, español, français, português, Deutsch, nederlands, svenska, suomi —hay que tener mucho cuidado con el uso correcto de mayúsculas y minúsculas, así como con las marcas diacríticas

 

2. Si un lector no conoce el nombre del idioma X en ese mismo idioma, es probable que sus conocimientos de dicha lengua sean demasiado rudimentarios o inexistentes, y, por tanto, no pueda, no necesite o no le interese leer el texto en dicha lengua.

 

Si se necesita algo más breve, se podrían usar los códigos definidos por la Norma Internacional  ISO 639, ya sea el ISO 639-1 de dos letras, como EN para inglés o ES para español, o bien ISO 639-2 de tres letras, como ENG para inglés y ESP para español.

 

Dependiendo de las circunstancias, es posible presentar los nombres y abreviaturas con diferente  formato. Sin embargo, no es bueno tratar de controlar demasiado la presentación. Por ejemplo, en algunas páginas en el sitio web de la Unión Europea los idiomas se simbolizan correctamente utilizando los códigos ISO 639, pero las letras se presentan como imágenes de distintos colores. 

 

Esto provoca la irritante pregunta de si el uso de diferentes colores para distintos idiomas transmite un mensaje, ya sea intencional o no. No obstante, la mayoría de las páginas de la Unión Europea presentan los idiomas de manera más neutral, empleando sólo los códigos ISO 639-1.

 

Por otro lado, en muchos casos, no hay necesidad de utilizar ningún símbolo para un idioma. Si hay un título en español, como «La bandera como símbolo del idioma: ¿insulto o estupidez?», ¿no es bastante obvio que se refiere a un documento escrito en ese idioma? Y en un documento de una organización o asociación que está escrito en varios idiomas, ¿no es más natural enumerar los nombres de éstos, haciendo que cada uno de ellos sea un enlace a la versión del documento en ese idioma?

 

Vale la pena pensar en todo esto, en general:

 

Guinea Ecuatorial: «¿No les parece?»

 

Antigua y Barbuda: «Don’t you think so?»

 

Suiza: «Glaubt ihr nicht?»

 

Senegal: «Ne croyez pas?»

 

¡¿Ah, verdad?!

 

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