La columna de Eduardo Navarrete: Instrucciones para explicar cualquier cosa

Por Eduardo Navarrete

Paso 1. Invéntate tu propia trilogía

Ninguna historia es lo suficientemente dramática si no se cuenta en tres partes: presentas tu conflicto, lo amplías (y magnificas con posibles lloriqueos) y concluyes, para entonces salir huyendo o mecer la cabeza con una sonrisa y abrir los brazos para dar paso a la colorida reconciliación.

Cuando muy optimista, si hay algo que explicar es porque algo hiciste u omitiste y se comprende con claridad que el arte de hacerse imbécil no es tan imbécil como ese acto en sí: lo único que haces es posponer una folclórica bronca en puerta. Y en la dilación se cataliza y se sazona cualquier cosa.

Paso 2. Coloca el pretexto en su lugar.

El protagonismo de la excusa, del trastabilleo, de la incorrección y la vagueza de argumentos rompe el género del cuento y lo recrea como un cuerpo mestizo de él, como una quimera, un alebrije sin color.

Es así como se descompone el rostro y duele siquiera imaginarlo. De ahí, lo único que puede emanar es la mentira y sus súbditos.

Paso 3. Al atropello de la discusión.

La oportunidad de palpar la verdad, así sea para alejarte de ella, es lo que da volumen a una discusión, que no es sinónimo de pelea.

Te vuelves narrador de lo que acontece, con estoicas aventuras o precisiones quirúrgicas dignas de un recorrido de safari, pero el remanso del caos en medio de tanto orden disfraza la nece(si)dad de poner orden al trastabilleo.

Es fundamental manotear un poco, porque lo que no se agita, no se expele.

Paso 4. El cinismo liberador.

Cuando permites que la sorpresa entre en cuarentena y la plática con tu interlocutor se vuelva una especie de turnos tomados para articular el opérculo bucofaríngeo, es momento de recordar tu infancia y los hilos pendientes de aquel periodo. Si bien pueden pensarse estos hilos como un tiempo perdido, la certeza de saberlos como un paréntesis que en cualquier momento puede concluir, los planes de saltar de un paracaídas o de apagar un incendio están, en realidad, en la palabra y en el instante, en la conciencia para poder explicar lo explicable.

El cuento toma forma o la verdad aterriza en su lugar. En cualquiera de los casos hay piso.

Paso 5. La conclusión.

El guiño involuntario, la suerte transformadora en el instante en que balbuceas, la posibilidad de negociar lo negociable (al contrario de la rutina de negociar lo no negociable y no negociar lo negociable), harán entender que cualquier incendio es en el fondo espacio, y éste, es depositario de la evasión o del permiso.

Entender al universo como algo más que tu propia voz te vuelve eco de la disolución del ego. Tocas así la inteligencia y los sentidos, te das cuenta de que no hay tiempo para perderlo, a menos que seas inmortal. Y en esa cápsula de disuelves en un abrazo, en el que en realidad, todo se explica.
 

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