Política placebo

Por Juan Manuel Llera Blanco

Durante la Segunda Guerra Mundial, en medio del campo de batalla los médicos militares se enfrentaban constantemente con la escasez de medicamentos para atender a los heridos en combate. La morfina, un potente analgésico, era usada para mitigar el dolor de los heridos.

Uno de los médicos, Henry Beecher, se quedó sin morfina y ante la exigencia de sus pacientes para reducir el dolor que sentían, Beecher empezó a inyectarlos con una solución salina aunque les decía que lo que les estaba aplicando era morfina.

Inesperadamente el 40% de los heridos a los que administró la solución salina sintió que el dolor se reducía. Así nacieron los placebos: “medicamentos” que no contienen ninguna sustancia activa pero que ayudan a los pacientes a sentirse mejor.

El Gobierno es tan solo un instrumento para modificar la realidad. Y como todo instrumento su eficacia tiene límites y su eficiencia puede ser medida. Así como el doctor Beecher se quedó sin medicamentos en la línea de batalla, nuestro gobierno se está quedando sin herramientas para responder a los problemas que enfrenta el país.

La crisis petrolera mundial y los problemas de producción en Pemex han complicado las previsiones financieras para este año y han obligado a la Secretaría de Hacienda a realizar recortes adicionales al gasto y la inversión que se tenían presupuestados para 2016.

Para enfrentar esta situación el Banco de México anunció que elevaría la tasa de interés de referencia de modo que las inversiones en pesos resulten más atractivas frente a las opciones de invertir en otras monedas.

Tristemente el gobierno mexicano no puede hacer mucho más que ordenar sus finanzas y pagar un poco más por los ahorros de inversionistas.

Su capacidad de reaccionar, su inventario  de medicinas, por decirlo así, se agotó cuando en los primeros tres años de la administración de Peña Nieto se eligió endeudar al país para poder incrementar el gasto público. En lugar de organizar y priorizar el gasto en aquellas cosas que generan un impacto positivo en la economía nos fuimos por el camino fácil: deuda para financiar el gasto.

Las medidas anunciadas esta semana son las últimas dosis de morfina que le quedan al gobierno mexicano. Lo que siga será placebo.

Lo mismo pasa en el terreno del combate a la corrupción. Por tres años se olvidaron del problema, al grado que la Secretaría de la Función Pública estuvo un tercio del sexenio dirigida por un “encargado de oficina” y no un titular.

No se sancionaron actos de corrupción ni en administraciones anteriores ni en los gobiernos estatales y hoy parece que no hay nada que hacer en la materia.

El multianunciado “Sistema Nacional Anticorrupción” es solo una buena idea con pocas probabilidades de tener éxito. Un placebo más que costará miles de millones de pesos en implementar. Mucho menos costoso y más efectivo sería el simplemente borrar del presupuesto federal el presupuesto de los moches que ilegalmente se aprobaron los diputados federales por 10 mil millones de pesos.

Este presupuesto le permite a cada legislador asignar discrecionalmente 20 millones de pesos para obras. Una bizarra interpretación de la labor de los diputados y un escandaloso indicio de que la corrupción no sólo es rampante sino que ahora es legal.

Como instrumento, como herramienta para mejorar la realidad, el gobierno se está quedando sin medicinas y nos ha empezado a recetar placebos. Quizá sea hora de ir pensando en cambiar de doctor.

 

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