¿Qué pasó con la joven rusa que descuartizó a su madre y hermana en Tijuana?

Anastasia negó el crimen y cree que algún día demostrará que fue utilizada por el sistema para solucionar rápidamente un asesinato sin indagar

Por La Silla Rota

Han pasado nueve meses de aquella tarde en que Anastasia Lechtchenko pasó el primer filtro de revisión en la penitenciaría de Tijuana, donde fue consignada por haber descuartizado a su madre y hermana.

En una entrevista con El Universal, la joven de 19 años platica que está realizando diversas actividades en el penal. En mi celda todos son muy amables, las cinco personas son muy atentas conmigo. Aquel día cuando descubrí a mi familia, le quería contar a un amigo, y yo le quería contar a alguien que no le importara que estuviera drogada, porque sabía que mi papá me iba a regañar. Porque yo no entendía nada. Si yo hubiera pensado las cosas y hubiera estado normal hubiera llamado a la policía, pero no lo hice y ese fue mi gran error.

Le llamé a una amiga, la llevé a la casa y le dije que yo había encontrado una bolsa con los restos de mí mamá, que yo no lo había hecho. Le dije a mi amiga que qué hacíamos, que si llamábamos a la policía y me llevó a su casa, y ya llegaron los ministeriales por mí; ella les dijo que yo las había matado.

Adentro del carro, uno de los policías me mete una cachetada y me dice: ‘declárate culpable y te voy a dejar salir’. Pero yo venía en una situación de drogas, y ya estaba muy drogada.

Me manipularon y después de todo eso me llevaron a diferentes lugares, con diferentes personas hablé, a todas les dije que yo era culpable, y al final del caso ahí me grabó en el carro diciendo eso. Después me arraigaron y abusaron de mí. 

Estaba tan drogada, que yo pensé que me agarraron por drogas, yo no me acordaba lo que pasó con mi mamá, yo pensé que me agarraron por drogas, yo en mi mente no carburaba que ellas no estaban aquí conmigo, de verdad. Sí, yo pensé que todo iba a estar normal, que todo iba a estar normal y yo iba a ir a mi casa.

Mi mamá era muy linda, muy buena persona, siempre sonriente, le gustaba ir a la playa conmigo, tomarnos un café. ¿Que por qué peleábamos? Por la escuela. Ella me pedía mucho que me volviera a meter y esos eran nuestros conflictos, pero nada que sea grande, por ningún motivo válido por el cual me acusan podría hacer eso.

El problema es que yo confesé algo que no hice y ahora estoy en esta situación, en donde me duele mucho la pérdida. No pude ni siquiera ir a la misa, no me pude despedir y eso me duele; no pude ir con mi papá, tomarlo del hombro, porque es algo que nunca vamos a olvidar nunca, ni él ni yo. Yo me declaré culpable; sólo dije que yo lo hice, pero no detalles. Me acuerdo, me decían ‘diles que las cortaste’, y lo único que dije ‘primero las corté’, y después me fui a correr. Porque yo no carburaba y lo demás lo pusieron.

Anastasia cree que algún día demostrará que fue utilizada por el sistema para solucionar rápidamente un asesinato sin indagar, y en el que ella, dice, no participó. Piensa en sus enemigos, pero no encuentra. Recuerda que su madre salía con varios hombres a la vez, tal vez alguno de ellos, pudo cometer el asesinato.

No me acuerdo de nada, estoy en blanco, yo hasta los dos meses o tres de estar en el penal empecé a llorar mucho. Miraba una película en la tele y me acordaba cuando la miraba con mi mamá.

La joven acusada de descuartizar a su madre y hermanita hace casi nueve meses, extraña el sabor amargo de una Coca Cola; un buen disco de Pink Floyd, su grupo favorito. Le ha agarrado un gusto tremendo a los libros de Gabriel García Márquez.

Pero cuando menos lo espera, le vienen reminiscencias de aquel día: la cabeza cercenada de Yuliya, adentro de una bolsa de plástico negra la deja inmóvil.

Anastasia cierra los ojos, exhala aire y vuelve abrir los ojos: cuando salga estudiará enfermería e irá a vivir a Ensenada con su padre, Igor Lechtchenko. Quiere sustituir, el sonido de los candados que cierran las rejas, por el susurro del viento que mece las olas cada noche.

Con información de El Universal

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