Transporte público de CDMX es indigno para las usuarias: estudio

El transporte urbano es la única empresa que transporta una mercancía, que es el cuerpo, bajo su propio riesgo

Por La Silla Rota

En el último mes los usuarios del transporte público han sentido que la Ciudad de México es en realidad una sala de torturas donde su integridad física es lo menos importante, donde se ejerce una “discriminación invisible” a la que los capitalinos se han acostumbrado.

 

José Iñigo Aguilar es un antropólogo social que ha hecho el único estudio sobre las vejaciones a la integridad física que significan viajar en asientos de apenas 30 centímetros –ideales para niños, no para adultos–, hacer saltos de casi un metro de altura para bajar del Trolebús o las “peseras”; sostenerse de pasamanos a 1.80 metros de altura; o ver traspasado su espacio corporal en transportes diseñados para 10 personas, pero donde se hacen caber 15.

 

En su conclusión, el investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia y un grupo de estudiantes de la Facultad de Trabajo Social encontraron que el transporte público de la capital del país no está diseñado para salvaguardar la integridad física, ni la dignidad de los usuarios.

 

¿Cómo podría definir el transporte público en la Ciudad de México?

 

Es una sala de torturas, así lo definiría. La concepción del transporte urbano público se basa en la premisa de rapidez y bajo costo, mientras que la gente en lo que piensa es en su seguridad y en el cuidado de su persona. Son dos criterios totalmente opuestos.

 

El transporte urbano es la única empresa que transporta una mercancía, que es el cuerpo, bajo su propio riesgo. No hay la más mínima preocupación por parte de las autoridades y de los empresarios para la preservación de la integridad, uno tiene que subirse y acomodarse, si no caben “atrás hay más lugar”.

 

Estudios que se han hecho desde la psicología explican que mantener una posición corporal encogida por dos minutos produce cortisol que es la hormona del estrés. Es decir que los viajes de 20 minutos mínimo o hasta dos horas los hacemos estresados.

 

Cuando la gente compra un coche evita esa posición encogida porque no tiene que defenderse de las agresiones y el hacinamiento.

 

¿A qué se refiere con que la discriminación invisible que se presenta en el transporte público de la capital del país?

 

Nos han hecho creer que el transporte público es lo máximo, los políticos no van al transporte en las horas pico, cuando las demás personas invaden el espacio personal o en los momentos en que hay agresiones.

 

La proxemia quiere decir que yo no puedo invadir tu espacio personal. En México pensamos que es normal que debemos ir como sardinas, como animales. Esa es una discriminación a las reglas de proxemia, una violación al espacio personal.

 

Tampoco hay una norma ergonómica para establecer las alturas o distancias de pasillos, ni de escaleras, ni de asientos, el dueño de la combi cree que poniendo asientos para niño va a ganar más porque va a meter más personas ahí.

 

¿Podría decir usted que el transporte público en la Ciudad de México no está diseñado para las personas?

 

No y mientras no se diseñe el transporte público para las personas con sumo cuidado de las proporciones la gente seguirá viajando estresada. No se ha acudido a los especialistas en diseño para tomar en cuenta el cuerpo promedio del mexicano y hacer camiones con transporte digno.

 

Por ejemplo, en el tren Suburbano las personas de más baja estatura no alcanzan el pasamanos, están diseñados para una estatura media de 1.70 y eso es un sufrimiento, es una tortura, para niños, ancianos o adultos, es una violación a su integridad. Hay asientos ridículos de 30 centímetros en las peseras.

 

Otro, en los asientos de los nuevos camiones de la capital que se pusieron en funcionamiento los asientos están diseñados para niños, no están diseñados para adultos. No han tomado el cuerpo promedio del mexicano y hacer mobiliario digno.

 


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