La columna de Yazmín Alessandrini: ¡auxilio, me parezco a mi papá!

Por Yazmín Alessandrini

La paternidad, indudablemente, es la mayor responsabilidad a la que se enfrenta un hombre durante toda su vida. Tener un hijo requiere de una especial sensibilidad que no cualquiera puede presumir. Por lo mismo, criar y educar a un vástago se convierte, desde el día de su nacimiento hasta el momento en el que éste se emancipa, en un verdadero reto que bien puede detonar que un hombre saque lo mejor o lo peor de sí mismo.

En nuestra sociedad, machista, monolítica y de valores confusos, es muy común escuchar a hombres maduros contar a sus amigos e incluso a sus propios hijos que sus padres fueron demasiado “estrictos” con ellos, por no decir violentos y agresivos, a grado tal de que prácticamente en casi todos los hogares podemos dar cuenta de innecesarios episodios de violencia en las víctimas fueron aquellos quienes ahora son papás.

Por lo mismo, es muy común en la actualidad encontrarnos con hombres en edad adulta que o bien se rehúsan a tener hijos o, en el peor de los casos, viven el día a día temerosos de repetir el patrón del que ellos fueron víctimas. Y es que resulta sumamente complejo entender la psicología de una persona cuya infancia y adolescencia transcurrieron junto a un padre exageradamente disciplinario y que hizo de la violencia (verbal y física) su credo cotidiano.

Sin embargo, romper con ese patrón de violencia e insensibilidad no es tan complicado como muchos creen. Para empezar, basta con que un individuo que se encuentre en el umbral de la paternidad realice un análisis de aquellas situaciones que lo hirieron durante su niñez y su adolescencia y que, eventualmente cuando éste se encuentre en una posición de educar y de convivir con sus hijos, muestre la voluntad suficiente para no replicar ese modelo afectivo que tanto daño le hizo. Y si se trata de una situación que no pueda manejar y controlar por sí mismo, siempre es válido diseñar una estrategia adecuada ayudado por su esposa o, en el último de los casos, acudir él o ambos con un especialista en estos temas.

Ser papá no es nada sencillo. Se trata de una misión con un altísimo grado de complejidad que no cualquiera la puede asimilar en una primera instancia. Por lo mismo, es comprensible que algunos, la mayoría o todos los candidatos a ser padres presenten cierto temor e inseguridad al momento de cuestionarse qué tipo de progenitores quieren ser y cómo deberán tratar y educar a sus hijos mientras dure la convivencia entre ambos.

Si tú que estás leyendo esto fuiste un chico maltratado por su padre, te invito a que con mucha decisión rompas con esa desagradable línea y paso a paso procures ir al otro extremo con tu hijo. Ten paciencia, recárgate siempre en el amor paternal y piensa que tu misión en esta vida es convertirte en un padre como el que tú jamás tuviste. No levantes la voz, no intimides, no castigues injustamente (y si prometes una recompensa no olvides cumplir con esa promesa) y mucho menos recurras a los golpes para hacer válidos tu punto de vista o tu autoridad. En tus manos está que de una buena vez se destruya esa cadena que probablemente tu padre aprendió de tu abuelo y éste a su vez de tu bisabuelo.

Recuerda que el arma más poderosa que tienes para salir exitoso de esta batalla es el amor.

Y no olviden que todos los sábados los espero en punto de las 23:00 horas en su programa “Exclusivo Para Hombres”, que se transmite por Telefórmula (121 de Cablevisión y 121 de Sky).

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