Claves para entender al narcotráfico mexicano

La relación autoridades-narcos vitaliza el negocio del narcotráfico, un mercado que es autogestivo y no depende de líderes para funcionar

Por Omar Pérez

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POR OMAR PÉREZ

En la relación de pareja autoridades- narcotraficantes, dos casi siempre son tres. A menudo hay un tercero que opera bajo la sombra dentro la comunidad, poblado o sociedad al que nadie quiere señalar porque da el aval a un negocio que no da lugar al descanso en su cadena de producción.

Esto es lo que puede explicar los sucesos recientes en la esfera del narcotráfico. El desplazamiento en Badiraguato de más de 200 familias, el regreso formal del PRI al gobierno de Sinaloa, el cateo a la casa de Consuelo Loera, madre de “El Chapo” Guzmán,  y el aumento de enfrentamientos entre integrantes de grupos delictivos nos permiten plantearnos la siguiente pregunta ¿Por qué nos asombra sabernos confundidos en este tema?

Para entender el tema del narcotráfico tenemos que partir de dos premisas. La primera, el tráfico de drogas es un tema global y no puede ser resuelto de forma local por un ejército o grupo político. La segunda, los narcotraficantes operan con células autogestivas, es decir no dependen de la figura de un líder para garantizar la existencia del negocio, de ahí que la detención de los grandes capos tiene solo una relevancia mediática.

En la esfera del narcotráfico los llamados “jefes de cárteles” tienen fecha de caducidad, generalmente son capturados en su etapa de retiro, nunca en su periodo de mayor productividad, suelen ser desechables, ejemplo de ello Joaquín Guzmán y Héctor el Güero Palma, quienes van a prisión cuando su papel en las respectivas organizaciones a las que pertencían era nulo y simbólico. Adquieren una relevancia generada por propaganda mediático pero dentro de la estructura ya tienen un reemplazo en puerta y fungen como distractores de los temas prioritarios dentro de la producción, tráfico y distribución de narcóticos.

Por lo tanto, algunos sectores de la sociedad ajenos a las actividades delictivas y a los círculos de poder operan como ese tercero en esta convivencia de pares autoridades- narcotraficantes. Lo único que puede romper este vínculo es la disputa del mercado por la droga misma. El reacomodo de cárteles y la llegada de nuevos jefes de organización dan pie a nuevas disputas por territorio y la cosecha de marihuana y heroína, esta última con un significativo aumento de consumidores en Estados Unidos, han incrementado el ingreso de nuevos grupos al negocio.

En la cadena de distribución de la droga, el papel del narcomenudista en México es tan importante como el del Broker o intermediario en Estados Unidos así lo muestra a detalle y de forma documentada, clara y precisa el periodista Jesús Esquivel en su reciente libro “Los Narcos Gringos”, presentado esta semana en la Ciudad de México.

Sin importar el partido o gobierno en turno la dinámica en que se aborda el narcotráfico en México y Estados Unidos es clara. Mientras que en México se vigila la ruta de la droga como mecanismo para presuntamente acabar con el problema, en Estados Unidos se opta por seguir la ruta del dinero. Sin dinero no hay droga y sin droga no hay dinero. En ambos casos hablamos de un fracaso en la lucha antidrogas, las costos de salud pública tendrán un impacto económico irreversible, el cual han intentado aliviar de forma relativa con la aprobación de leyes que permitan el consumo mínimo de drogas, que no es sino una forma de poner un parche a la realidad para no atacar el problema de fondo. 

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