Recibe Tijuana nueva oleada de desplazados por la violencia

Por La Silla Rota

– Son   muertes   que no salen en los diarios. Además ¿qué novedad tendría otro   limonero asesinado   por el crimen organizado   en   México ? se pregunta   Verónica Oceguera , una joven madre   michoacana .

La muerte de su esposo se perdió entre las cientos de noticias que surgieron cuando los grupos de autodefensas se enfrentaron al cártel de Los Caballeros Templarios hace tres años. Limoneros, fueron despojados de sus tierras, o asesinados, cuando se negaron a pagar las cuotas de extorsión para financiar la guerra.

—A mi esposo lo asesinaron en noviembre del 2013. Fue después de que llegaron a extorsionarnos. Aún no puedo entender que pasó, debe ser porque se negó a pagar, solo puedo explicar lo que vi después —, dice con voz férrea, y hace una pausa larga para obligar a sus ojos a no derramar ni una sola lágrima.

El cuerpo de su marido, Antonio Oceguera, un jornalero de 30 años, fue arrojado en una zanja cerca de una ranchería en Buena Aventura, Michoacán. Estaba tendido boca abajo, con los brazos abiertos y la cabeza ligeramente caída sobre su hombro. Las balas de un proyectil penetraron su cuerpo.

En aquel entonces, Verónica se convirtió en una ruina de mujer al borde de la demencia: se había quedado sola, sin dinero, con dos niños de 7 y 10 años, y su cuerpo, era territorio del miedo que le penetraba hasta los huesos.

—Pero tuve que seguir adelante, seguimos trabajando en la pisca y tuve que meter a mis niños a trabajar en el campo para vivir sin mi esposo—, recuerda.

Verónica y sus niños fueron testigos del alzamiento en armas de los pobladores de Michoacán para recuperar la seguridad de sus comunidades; de los conflictos entre los grupos de autodefensas; de las acusaciones entre sus propios miembros, de la muerte y detención de los líderes templarios.

Apenas empezaba a recuperarse de la muerte del esposo cuando la inseguridad volvió a apoderarse de Michoacán este año.

Una vez desarticulados el cártel de los templarios comenzó otra guerra: el reacomodo.

Los Viagras, El Cártel Jalisco Nueva Generación, La Nueva Familia entre otros, pretenden convertirse en el cártel hegemónico.

“Hace unas semanas, volvieron a extorsionarnos, no sé cuál de todos, pero empezaron a llamar a mi casa y decir que iban a empezar a pasar por su cuota. También persiguieron a mi niño el más grande, yo creo que lo querían reclutar. Me asusté tanto que recordé que a una vecina le acababan de dar un permiso para quedarse a vivir en Estados Unidos. Ella se fue cuando estalló el problema hace tres años”.

La llegada

Verónica huyó de Michoacán con la ropa que traía puesta. Esta vez no esperaría a que le mataran a otro miembro de su familia. Pidió prestados cinco mil pesos y el contrato se cerró con un apretón de manos y la promesa de pagarlos cuando consiguiera un permiso para vivir en Estados Unidos.

Está semana llegó a Tijuana, una ciudad de la que solo había escuchado hablar en la televisión. Se bajó del camión y llegó a la central camionera, y preguntó al chofer donde podían darle un permiso para vivir en Estados Unidos. Le contestó que era en la Garita Internacional de San Ysidro, frontera con California.

Desde hace cinco noches, duerme, con otras 200 personas en las puertas giratorias para ingresar al vecino país; a la intemperie, en el piso y sobre un cartón. Ha surgido un campamento de desplazados. “Aquí me di cuenta que somos muchas familias, la mayoría de Michoacán huyendo de lo mismo que hace tres años”.

 

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