Contra la Intolerancia

Por Armando Ríos Piter

En nuestro país y el mundo, una serie de sucesos nos demuestran que atravesamos por una crisis de odio y violencia. La intolerancia se manifiesta de forma cada vez más peligrosa, en un claro atentado a la noción de comunidad.

De acuerdo al pensador militar Carl Von Clausewitz, “la guerra es la continuación de la política por otros medios”. Pero hoy en día, otra idea pareciera estar instalada, y aceptada: la política también es la continuación de la guerra, por otros medios.

El odio se manifiesta en todo el mundo, y los protagonistas son criminales, políticos, empresarios o ciudadanos. Basta con revisar los lamentables episodios ocurridos en los dos meses anteriores, para dimensionar el tamaño de reto que tenemos.

El 22 de julio en Munich, Alemania, un joven de 18 años disparó en un centro comercial y mató a nueve personas, para después suicidarse. Según las primeras investigaciones, este muchacho “mostraba interés por casos de matanzas generadas por ataques de locura”, de acuerdo al responsable de la policía.

El 14 de julio, en Niza, Francia, un hombre de 31 años mató a 84 personas y dejó a más de un centenar mal heridas. Atropelló con un camión a niños, mujeres, hombres y ancianos. Después del atentado, el grupo extremista ISIS asumió la autoría.

El 12 de junio nuestro vecino del norte fue víctima de una masacre que dejó 50 personas muertas y 53 heridas. Un hombre de 29 años abrió fuego en la discoteca gay Pulse en Orlando, Florida, e ISIS se adjudicó la responsabilidad de los hechos. De igual forma se han suscitado ataques mortales en contra de policías en Dallas, Texas y Baton Rouge, Louisiana.

Ante todo este entorno, es preocupante que el candidato a Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, además de desestimar el encono que vive su propio país, continúa con un discurso basado en el miedo. El 21 de julio, durante la Convención Republicana en Cleveland, insistió en la construcción de un muro en la frontera con México, y destacó el respaldo que le ha brindado la Asociación Nacional del Rifle. Irónicamente acusó a sus contrapartes demócratas de exacerbar el racismo y el odio. 

México no está exento de esta violencia. El sábado 23 de julio, dos presidentes municipales más fueron asesinados. Uno de ellos fue el de San Juan Chamula en Chiapas, Domingo López, a manos de presuntos opositores políticos. El otro fue el de Pungarabato, Guerrero; mi querido Ambrosio “Bocho” Soto, emboscado por haberse atrevido a denunciar al crimen organizado. Hasta el día de hoy, el gobierno sigue sin dar una respuesta contundente sobre este tema. A estos hechos, se suma el del alcalde de Huehuetlán El Grande, José Santa María Zavala, asesinado la noche del lunes cuando volvía de su casa. 

No importa si se trata de grupos terroristas inclementes, jóvenes trastornados, políticos soberbios, facciones partidistas inconformes, o criminales que rivalizan con el Estado; la dosis de intolerancia es la misma. 

Pero frente a este panorama, nos llena de optimismo un discurso como el que dio Michelle Obama la noche del 25 de julio, durante la Convención Demócrata en Filadelfia. Plantea un principio esencial para reconstruir la política y alejarla de esta suerte de naturaleza violenta que le hemos adjudicado: “…cuando alguien es cruel o se comporta como un matón, uno no se rebaja a su nivel… cuando ellos caen bajo, nosotros apuntamos alto […] sabemos que nuestras palabras y acciones importan, no sólo para nuestras hijas, sino para [todos] los niños de este país”.

Nuestro país exige un nuevo liderazgo. En cada palabra y acción que emprendamos, debemos reflexionar a partir de hoy: ¿qué harías si tus hijos, o las niñas y los niños del lugar en el que vives, te estuvieran viendo para aprender de ti? ¿Queremos que nuestras niñas y niños vivan de adultos, como hoy lo hacemos nosotros?

 

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