Olimpiada por la salud

Por Armando Ríos Piter

Hasta el momento, aún tenemos la esperanza de que la delegación mexicana obtenga medallas en los Juegos Olímpicos de Río 2016, para que vuelva a figurar en el plano deportivo mundial. Desafortunadamente en lo que sí somos campeones  es en temas como obesidad y diabetes. Basta mencionar que en nuestro país mueren 5 personas cada 2 horas por problemas ocasionados por estas enfermedades, y que las niñas y niños de México ocupan el primer lugar en diabetes infantil.

Coincide con lo anterior, que México ocupa el cuarto lugar en el consumo de refrecos en el mundo, con 137 litros por persona de forma anual. Una cifra que debe alarmarnos si tomamos en cuenta que el consumo excesivo de azúcar líquida, provoca trastornos como las enfermedades mencionadas, así como hipertensión y disfunción hepática. Tomar este tipo de bebidas al día, aumenta 27 por ciento la probabilidad de obesidad en los adultos, y 55 por ciento en niños. 

Otro problema, el cual va en paralelo con los escasos resultados deportivos, es que de acuerdo al Módulo de Práctica Deportiva y Ejercicio Físico 2015, del INEGI, 6 de cada 10 mexicanos mayores de edad en áreas urbanas, son “inactivos físicamente”. 

De seguir con todos estos malos hábitos, estudios señalan que en los siguientes 20 años, en México, uno de cada tres habitantes tendrá problemas de salud relacionados con la obesidad.

Lo anterior nos vuelve vulnerables en varios aspectos. Al país le cuesta mucho en cuestiones como en salud, en vidas humanas, pero también provoca pérdidas millonarias en productividad.

De acuerdo con estimaciones de la Secretaría de Salud, el costo de la obesidad será entre 151 mil millones y 202 mil millones de pesos para el año 2017, entre  costos directos por atención médica, e indirectos por pérdida de productividad. De mantenerse estas tendencias en crecimiento, existe un serio riesgo de colapso para las finanzas públicas.

Ante todo este complejo panorama, es necesario tomar acciones de política pública para detener y revertir la situación. En enero de 2014, a propuesta nuestra, se implementó un impuesto (IEPS) a las bebidas azucaradas de un peso por litro. Según estudios realizados por el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), en el 2015 el impuesto logró reducir 8 por ciento la compra de bebidas con azúcar. Esta medida que generó efectos positivos en la población, nos han convertido en un ejemplo para otros países.

En esta dinámica, y para alcanzar estándares internacionales, este impuesto debería subir a dos pesos. Se debe reducir la compra de bebidas azucaradas. Por lo que junto con otros compañeros legisladores, presentamos una iniciativa para aumentar el IEPS. Estas decisiones han sido fortalecidas por organizaciones de la sociedad civil, integradas en la Alianza por la Salud Alimentaria y la Coalición ContraPESO.

Junto con esta iniciativa, solicitamos a la Auditoría Superior de la Federación que realice una investigación sobre el destino de los 50 mil millones de pesos estimados por recaudación del impuesto, durante los últimos dos años y medio, porque debería usarse para llevar agua potable a comunidades marginadas, en instalar bebederos en escuelas públicas, prevenir enfermedades y promover la actividad física.

Las medidas fiscales son parte de un planteamiento integral más amplio, de política pública para enfrentar problemas de salud. Además de reducir el consumo de bebidas endulzadas, se deben promover estilos de vida saludables, así como una nueva cultura nutricional y física entre la población.

Así mientras esperamos con ansias las medallas para México, hagamos conciencia por la salud de todas y todos los mexicanos. Tomemos más agua y menos bebidas azucaradas. Aumentemos nuestra actividad física, porque necesitamos un país en forma, convencido y dispuesto a ganar.  

Frase

En 20 años, en México, uno de cada tres habitantes podría tener problemas de salud relacionados con la obesidad.

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