La columna de Ríos Piter: la educación exige acuerdos

Han pasado cuatro años desde la aprobación de la reformaeducativa, sin que exista una salida al conflicto entre el gobierno federal, la CNTE y, recientemente los empresarios

Por ARMANDO RÍOS PITER

El próximo lunes 22 de agosto arranca el ciclo escolar 2016-2017. Regresan a clases casi 26 millones de niñas y niños, y más de un millón 200 mil maestros de educación básica en todo el país. Sin embargo, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) acordó que mantendrá el paro de labores en las entidades donde mantiene cerrados planteles, a menos que el gobierno federal se comprometa a abrogar la reforma educativa.

Han pasado cuatro años desde la aprobación de la citada reforma, sin que exista una salida al conflicto entre el gobierno federal, la CNTE y, recientemente, empresarios quienes han puesto sobre la mesa, dejar de pagar impuestos ante los bloqueos que les han causado afectaciones económicas.

Estas intenciones fueron atajadas por el Sistema de Administración Tributaria, que señaló que si las empresas declaran en ceros como protesta, pueden incurrir en un delito fiscal. Subrayó que la ley sólo permite no pagar impuestos, en caso de haber registrado pérdidas o de no haber tenido ingresos. Mientras tanto, el secretario de Gobernación esquiva el problema frente a los empresarios y declara que: “si hay que aplicar la ley, lo verán, no tengan la menor duda, pero la opción siempre será́ el diálogo para construir acuerdos”.

 

¿Cómo se originó este conflicto?

A finales de 2012 se aprobó un cambio a la Constitución para elevar la calidad de la educación pública y dejar atrás las corruptelas sindicales. Dos meses después, al viejo estilo de “para mis amigos la impunidad y para mis enemigos la cárcel”, el gobierno federal decidió encarcelar a Elba Esther Gordillo, quien era la líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Posteriormente, en septiembre de 2013, se aprobaron las leyes secundarias del cambio constitucional. Sin embargo, no se atendió el sentir y la opinión de muchos maestros. Por eso voté en contra de la evaluación educativa.

Desde entonces a la fecha, el panorama se ha enredado aún más. El problema ha escalado a todos los sectores sociales y productivos, y lo que hoy debemos preguntarnos es: ¿qué pasará con las clases de nuestros niños y jóvenes?, ¿cuál será el futuro de la educación en el país?, ¿cómo podemos salir de este conflicto, cuando por un lado se requiere modificar la ley, pero por otro, es necesario  blindarla de toda impunidad y corrupción?  

Mientras, en la sociedad existe un profundo desconcierto frente a supuestos acuerdos, que se han dado a puerta cerrada, entre la SEGOB y la CNTE, para devolver plazas a maestros que ya habían sido dados de baja, para pagar salarios por días no trabajados, y la excarcelación, el viernes pasado, de los líderes de la Sección 22 de la CNTE, Rubén Núñez y Francisco Villalobos, quienes, en su momento, fueron acusados de lavado de dinero, vandalismo, entre otros delitos.

Pareciera que estamos atrapados en un círculo nada virtuoso. Dan a suponer que la ley se aplica de forma selectiva, poco efectiva y con ausencia de transparencia.

Por eso es preciso despolitizar el conflicto. Es necesario que se conforme un escenario de mediación con actores respetados por todos los involucrados. El diálogo en el Senado de la República, debe llevarnos a modificar lo que está mal en la ley, especialmente en la del Servicio Profesional Docente. Puede representar un ejercicio de neutralidad.

Los representantes del gobierno deben manifestar humildad frente a una situación que los ha superado. Es momento, también, de que los maestros se sienten a construir y dejen atrás la actitud de confrontación. Que todos acepten errores y omisiones. Es urgente desenredar la situación, empatar posiciones y generar compromisos creíbles y aceptados por todos.

No es posible hacer lo mismo y esperar resultados distintos. Intolerancia más intolerancia es igual a eternizar el conflicto. Para que los otros escuchen, hay que aprender a escuchar.

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