La columna de David Olivo: ¿Viva México?

Por: Metro

Como cada 15 de septiembre para amanecer 16 desde hace más de 200 años, el orgullo de ser mexicano aflora en cada rincón del país así como en el extranjero con nuestros connacionales. Los motivos para sentirnos orgullosos son vastos: nuestras raíces, nuestra historia, nuestro pasado, nuestros héroes, nuestros avances, nuestros errores, etcetera.

Probablemente en el gobierno también signifique un respiro en una coyuntura en la prevalece la oscuridad, la preocupación, el enojo y el mal humor social, dicen por ahí.

Sin embargo, aunque muchos mexicanos aprovechen estos días para relajarse y divertirse, también representa una oportunidad para reflexionar en el momento en el que se encuentra nuestro país. Lo cual, sin duda, llevaría a un ejercicio para la no celebración ni para la diversión.

México llega a este 15 de septiembre con la incertidumbre de un futuro incierto, con la desesperanza de vivir en un México convulsionado, con el temor de sobrevivir bajo el acecho de la violencia y la inseguridad, pero lo más preocupante y decepcionante: con la indiferencia de sus gobernantes.

Y es que haciendo un poco de análisis, solamente un poco, nos daremos cuenta de que no hay nada que celebrar, si acaso los triunfos de una delegación de atletas que están dando la vida en Río, en los Juegos Paralímpicos.

Los botones de esta cruda realidad están a la vista: una disidencia magisterial que no cede en Chiapas y Oaxaca; un crimen organizado que no descansa y que hace sangrar diversas plazas, como Jalisco, Michoacán, Coahuila, Veracruz, Estado de México o Tamaulipas; una economía paralizada y una polarización política por el recorte presupuestal, que pegará a lo largo y ancho del país, salvo en los Poderes Privilegiados: el Judicial y el Legislativo.

Un gobierno federal debilitado, descalificado y desacreditado, el cual no ve una solución por más que pretenda maquillar las formas, como el de “invitar” a jóvenes a dialogar con el Presidente o a celebrar el Grito de la Independencia, en lugar de la clase política dominante.

Un gobierno federal dividido por la intención (¿plausible?) de Enrique Peña Nieto de dotar de los mismos derechos a los matrimonios igualitarios, un gobierno federal confrontado por la Iglesia y organizaciones sociales que manifestaron su malestar el fin de semana pasado con marchas en diversas ciudades “120″ por la defensa del matrimonio tradicional.

Sin duda, las soluciones no son nada fáciles, pero las decisiones erróneas del gobierno federal tampoco ayudan y las señales fracturan, aún más, los esfuerzos por sacar de un profundo bache al país.

Los ajustes en el gabinete y preparar a Luis Videgaray para competir por el Estado de México no son la mejor solución.

Cansados de la pésima administración de Enrique Peña Nieto y el PRI-Gobierno, esta tarde se convocó a marchar en la Ciudad de México para pedir su destitución y la próxima semana también se manifestarán en todo el país en apoyo a los derechos de los matrimonios igualitarios. En ambos casos se desencadenará más enfrentamiento, más rencor, más polarización entre los mexicanos, los más afectados de uno y otro bando, porque los empoderados seguirán con sus privilegios.

En esta realidad de encono y confrontación llegamos los mexicanos a una celebración más por nuestra independencia. Así que el gobierno le apostará a que, por un momento, millones de mexicanos olviden sus pérdidas, las ofensas, los agravios y las injusticias. Por un momento se olvidarán de Enrique Peña Nieto y su mal gobierno. Pero sólo será por un momento, porque pasada la cruda nacional, todo los mexicanos (incluyéndome) regresaremos a nuestras trincheras a seguir promoviendo y fomentando los valores de la democracia, el poder servir, el buscar el bien común y alentar el cambio de fondo, en verdad se puede!.

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