México ¿independiente?

Por: Metro

¿Recuerdas cuando tomabas fotos que podías imprimir al instante?, ¿o cuando utilizabas un rollo que tenía capacidad solamente para 36 tomas?, o ¿que para ver una película tenías que ir a un centro que las exhibía en pasillos, la elegías y tenías que regresar cuando terminara el plazo? Gigantes como Kodak o Blockbuster fueron rebasados por la tecnología, y no pudieron sobrevivir a los cambios.

Estas organizaciones no supieron evolucionar. Vieron como el futuro los rebasaba sin adaptarse. Consideraron asegurado su nicho de clientes. Hoy son singular testimonio de grandes empresas que no supieron leer los cambios que la gente exigía.  

 A la par vemos como nuevas empresas se apoderan del mercado, aliados de la tecnología y que se han convertido en verdaderos titanes transnacionales. Por citar algunos ejemplos tenemos a YouTube, Instagram, Netflix, Airbnb o Uber. Éstas crecen su valor cada mes, con equipos de trabajo pequeños y compuestos, en su mayoría, por gente joven.

Este fenómeno tiene que ver con las llamadas “organizaciones exponenciales”, que básicamente son las que logran un impacto 10 veces más grande que sus competidores, por usar nuevos modelos y tecnologías para acelerar su crecimiento.

La idea de “Organizaciones Exponenciales”, vienen del autor Salim Ismail y habla de un mundo donde las empresas que no se adapten a los movimientos tecnológicos acelerados quedarán reducidas a cenizas pronto.

Plantea que los puestos de mayor presión en la actualidad son los de Director General Ejecutivo, o DGE. Es en esa posición donde se deben tomar las decisiones que transformen a una organización “lineal”, en una de tipo exponencial. Debe ser capaz de descentralizar decisiones al confiar en el potencial de las personas.

 

Si ésta es la tendencia en las empresas y negocios que mueven al mundo, ¿la política y el gobierno no deberían ser así también?

 

En política nacional, el puesto similar al de DGE es justamente el de Presidente de la República, y en estos momentos se necesita un cambio de mentalidad en la forma de ejercerlo, para construir un país con millones de ciudadanos que sean actores y emprendedores, en lugar de perpetuar uno de simples espectadores.

 

En todo el mundo, y sobre todo en nuestro país, los gobiernos atraviesan por una crisis de credibilidad y legitimidad, en gran parte, por el inexistente cambio en la manera de ver las cosas, en donde la solución a los grandes problemas, ya no viene de los esquemas tradicionales.

 

Este sexenio es un buen ejemplo del agotamiento de ‘la política lineal’; frente al reto de realizar cambios de fondo, se conforman con movimientos cosméticos. Persiste el clientelismo, las visiones electoreras, y la pretensión de gobernar mediante las encuestas. Es un modelo gastado, que profundiza la enorme brecha entre políticos y funcionarios con la ciudadanía entera.

 

La política lineal es la que ve las cosas de la misma forma, que trata de resolver los problemas de hoy con métodos del pasado y que trata a la gente como objetos en lugar de concebirlos como sujetos. Debemos dejar atrás esta inercia de menospreciar la voluntad ciudadana, y pasar a la política exponencial.

 

Este tipo de política suma y multiplica a la gente independiente, con visión emprendedora, que se nutre de una amplia gama de liderazgos y diseña proyectos colectivos, con beneficios expansivos para todos.

 

México en 2016 demanda apertura como nunca antes, y la posibilidad de que los ciudadanos estén cada vez más empoderados para ser parte de las soluciones; es decir, migrar de los esquemas centralizadores del poder, a los que escuchan y sean capaces de responder a las demandas más sensibles. 

 

Hoy 15 de septiembre, los mexicanos deberíamos dar un grito con orgullo. Nuestra dignidad está por encima de las decisiones y acciones de gobierno. Es momento de confiar en la capacidad de la gente para dirigir el timón de su propio destino, articularnos y pensar que al país, lo debemos construir entre todos.

 

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