Ocho de cada 10 mexicanos guarda las cenizas de sus difuntos

Estimaciones del sector funerario refieren que los familiares optan por no rentar un nicho por falta de recursos

Por Fabiola Ayala

Las cenizas de ocho de cada 10 difuntos de entidades como la Ciudad de México son conservados por sus deudos, pues rechazan dejarlos en el nicho de un panteón o iglesia, dijo en entrevista con Publimetro el asesor en servicios funerarios, Jorge Luis Merino.

En México hay aproximadamente casi 93 millones de católicos, según cifras del Censo de Población y Vivienda 2010 del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), por lo que a ellos se extiende la advertencia del papa Francisco de que los feligreses no deben lanzar las cenizas de sus difuntos al mar, llevarlas a casa o cualquier otro lugar ajeno a un templo o panteón, pues atentan contra la fe cristiana.

Estimaciones de la agencia funeraria Gayosso apuntan a que en entidades como la capital del país, Monterrey y Guadalajara, 80% de los cadáveres son cremados cada año; mientras que en el resto del territorio nacional la incidencia es de 40 a 60%.

Motivos
Montserrat murió a los seis meses de nacida y Perla, su madre, decidió que su cuerpo fuera cremado para conservar la cenizas como una forma de no separarse de su hija, contó Rosalaba, abuela de la menor, a este diario.

La mujer de 38 años de edad no sólo llevó los restos de su bebé a casa, sino que desde hace dos años los lleva en su bolsa de mano cuando va a trabajar y se niega a tomar una terapia para superar la pérdida.

“Le he dicho que vaya con un tanatólogo pero no quiere, fue un golpe muy fuerte para ella porque a los siete meses de embarazo se enteró que mi nieta venía mal y los doctores le dijeron que no viviría mucho”, abundó.

El padre José de Jesús Aguilar, encargado de Radio y Televisión de la Arquidiócesis Primada de México manifestó a este diario que los feligreses aceptan cremar a sus familiares por cuestiones emocionales, la falta de tumbas con perpetuidad en los panteones, escasez de recursos económicos o por factores de inseguridad.

Por ejemplo, dijo, en el panteón de Iztapalapa pasan unidades de transporte público y además se ven restos de cuerpos, producto de que las tumbas son irrumpidas por la delincuencia.

Aclaró que el Papa no está en contra de la cremación, ni de que los fieles decidan qué hacer con las cenizas de sus familiares, pero advierte que es mejor colocar los restos en sitios sagrados como un panteón o un nicho.

El sacerdote recordó que el credo católico ve en la muerte un paso a la vida eterna a través de la resurrección y por ello un cuerpo no debe ser tratado como un desecho que se puede dejar en cualquier sitio.

En tanto que Jorge Luis Meriojo señaló que una de las razones por las que los deudos optan por cremar a sus difuntos son los costos de trasladar a un panteón e inhumar o enterrar un cuerpo.

Los fallecidos
Al año, el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) reporta entre 500 mil y más de 600 mil muertes, por lo que entre 400 mil y 499 mil 200 cadáveres no llegaría a una tumba, si se toma en cuenta la estimación de Gayosso de que entre 40 y 80% de los difuntos son cremados.

Datos
– En 1909 se inauguró el primer horno crematorio por el doctor Eduardo Liceaga, en el panteón de Dolores, según ha referido Felipe Takahashi Medina ex director del Servicio Médico Forense (hoy Instituto de Ciencias Forenses) y académico de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza.

– El costo del servicio de cremación va de cuatro a 20 mil pesos, mientras que en la inhumación, los familiares del difunto pueden erogar desde seis mil hasta 35 mil pesos.

– La cremación consiste en someter un cadáver en horno a una temperatura que supera los 800 grados centígrados. El tiempo que permanece dentro de éste es de dos a tres horas, dependiendo del tamaño y peso del difunto.

– En el caso de inhumación, a las 72 horas el cuerpo comienza a experimentar cambios relacionados con la descomposición, donde intervienen bacterias no patógenas, contenidas a nivel intestinal. El cadáver tarda hasta 60 años en desintegrarse por completo.

*Con información de Mario Mendoza

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