Un idioma en común para millones de inmigrantes: WhatsApp

WhatsApp ha permitido a quienes se van de sus lugares de origen –por gusto o necesidad– mantenerse informados y en contacto con sus seres queridos.

Por The New York Times
Refugiados en Calais, Francia, en lo alto de una colina para tener mejor señal en sus celulares. Los smartphones y las redes sociales han alterado la experiencia de los migrantes al permitir que se comuniquen a lo largo de sus rutas y con quienes dejaron en casa. | Foto: The New York Times
Un idioma en común para  millones de inmigrantes: WhatsApp

Cuando Facebook compró WhatsApp por más de 19 mil  millones de dólares en 2014, Jan Koum, un fundador de la empresa de mensajería, arregló para firmar parte del trato fuera del centro de servicios sociales suburbano donde alguna vez había hecho fila para pedir vales de comida.

Koum, como muchos en la industria tecnológica, es un inmigrante. Era un adolescente cuando su madre y él se mudaron al área de la bahía de San Francisco a principios de la década de 1990, en parte para escapar de la ola antisemita que en ese entonces arrasaba su Ucrania natal. Como Koum contó más tarde a Forbes, su madre trabajó como niñera y limpiaba pisos en un supermercado para sobrevivir en el nuevo país; cuando se le descubrió que tenía cáncer, la familia vivió de sus pagos por incapacidad.

Los relatos de infortunios entre los inmigrantes no son inusuales en Silicon Valley. Pero la historia de Koum tiene mayor resonancia porque su aplicación silenciosamente se ha convertido en algo convencional en la vida del inmigrante. Más de mil millones de personas usan regularmente WhatsApp, que permite a los usuarios enviar mensajes de texto y hacer llamadas de teléfono gratuitas a través de Internet. La aplicación es particularmente popular en India, donde tiene más de 160 millones de usuarios, así como en Europa, Sudamérica y África.

La extensión del hogar

Dado a que es gratis, a que tiene un historial de privacidad y seguridad relativamente bueno y a que es popular en tantas partes del mundo, WhatsApp ha cultivado una audiencia inusual: se ha convertido en la lengua franca entre las personas que, ya sea por opción o a la fuerza, han dejado sus hogares hacia lo desconocido.

Esto está pasando conforme el mundo lucha cada vez más por la inmigración; 2016 fue, entre otras cosas, una batalla prolongada y enfrentada por los derechos y privilegios de los migrantes, ya sean los sirios en Europa, los europeos en la pelea de Gran Bretaña por el Brexit, o la cuestión de la inmigración mexicana y musulmana que dominó la campaña presidencial estadounidense.

Más allá de los titulares, lo que a menudo ha pasado desapercibido en las políticas migratorias son las cambiantes dinámicas de la vida migrante, particularmente las formas sorprendentes y sutiles con que la tecnología, especialmente los teléfonos inteligentes y las redes sociales, han alterado la experiencia del inmigrante.

Los inmigrantes usan muchas aplicaciones diferentes, por supuesto, desde Facebook hasta Skype y WeChat, que es popular en China. Pero para muchos, WhatsApp ha estado en el centro de una conectividad recién descubierta. Donde sea que haya personas dejando sus hogares con rumbo a costas desconocidas, probablemente encontraremos WhatsApp.

Para los inmigrantes se ha vuelto la mejor forma de estar conectado a lo largo de un camino o, una vez que han aterrizado, de mantenerse en contacto con las personas que dejaron en casa.

Los refugiados sirios que inundan Europa han usado WhatsApp para pasarse consejos, advertencias y pedidos de ayuda para otros durante el viaje. WhatsApp ha aparecido a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México, donde a Donald Trump le gustaría construir un muro. Durante el último año, una ola de venezolanos ha aterrizado en Miami. La primera cosa a la que muchos de ellos se acercaron cuando aterrizaron fue a WhatsApp.

Hasta para las personas que dejaron sus países de origen voluntariamente en busca de empleo y riqueza en un nuevo lugar, WhatsApp ha alterado completamente los contornos de la vida del inmigrante. Gente que ha estado en Estados Unidos durante décadas me dijo que WhatsApp ha aliviado la sensación de aislamiento y añoranza inherente de ser inmigrante.

“Tengo mucha más idea de su vida diaria”, dice Anne Reef, una ex profesora de inglés de 55 años que se mudó de Sudáfrica a Estados Unidos en 1988. Ahora vive en Memphis, Tennessee, y entre otros lugares ha dado clases en la Universidad de Memphis.

Libran la distancia

Hacer llamadas internacionales era un asunto costoso durante los primero días de Reef en Estados Unidos; dependía de una llamada por semana para tener noticias de su casa. Solía haber cartas, a veces con fotografías de recién nacidos y casamientos. Enviar fax fue algo de la década de 1990, y después descubrió el correo electrónico, el Skype y Facebook.

Pero hasta que empezó a usar WhatsApp, hace aproximadamente un año, Reef comenzó a sentir un cambio cualitativo en su conexión con su lejana familia.

Un familiar que vive en Australia (el hijo de un primo hermano de Reef) tuvo un bebé hace poco. Con WhatsApp, dice Reef, puede ver un torrente de fotografías del bebé. “Me siento más involucrada en la vida del bebé; siento como que lo conozco, y que se ha convertido en algo más que un primo tercero para mí”, afirma.

Esto puede sonar prosaico; después de todo, fotografías de bebés en Internet no son revolucionarias. Pero las innovaciones de WhatsApp suelen ser sutiles. Uno de los secretos del crecimiento de esta herramienta ha sido concentrarse en la simplicidad. La aplicación es sencilla a propósito, y sólo hace un par de cosas: mensajes de texto, llamadas de voz y videollamadas.

Como resultado, es soberbiamente fácil de usar hasta para las personas neófitas en tecnología digital. Éste es un motivo por el que inmigrantes la encuentran tan poderosa: les ha dado acceso a un grupo más amplio de parientes que pudieron haber rechazado las redes sociales anteriores.

La ubicuidad de WhatsApp es importante. Dado que esencialmente se ha convertido en el modo principal de comunicación con la gente que se quedó en el país de origen (independientemente de si se trata de Bangalore, India; San Pablo, Brasil; Johannesburgo o París), para la gente que se va, WhatsApp se convierte en algo así como una ventana hacia una vieja vida.

 

“Tengo un grupo con mi familia por el lado de mi mamá, y también otro grupo con la familia del lado de mi esposo, y todo el día simplemente nos enviamos mensajes”, dice Mina Mehta, una técnica quirúrgica de Chicago que en 1975 se mudó a Estados Unidos junto con su esposo desde India.

 

“Es una retroalimentación constante de noticias de la gente de allá, y podemos enterarnos de partes de su vida que no hubieran mencionado en una llamada telefónica semanal”, me dijo Hemant, el hijo de Mehta.

Para los migrantes que abandonan sus casas por desesperación, WhatsApp ofrece otra ventaja que no tienen muchas de sus demás redes: es segura. La aplicación está cifrada, haciéndola segura contra espías gubernamentales.

Entre los refugiados sirios, WhatsApp es vista como la herramienta de comunicación más segura que todo mundo usa, según Majd Taby, un inmigrante sirio que vive en Estados Unidos. Taby sostiene que sin WhatsApp, el flujo de emigrantes de Siria podría haber sido mucho más pequeño.

“Lo que WhatsApp hizo fue desmitificar el viaje”, señala. En los primeros días de la guerra civil siria, algunos de los primeros refugiados que salieron de Siria enfrentaron una bienvenida receptiva en los países europeos.

“La gente aceptaba un grupo entre sus amigos, y uno de ellos lograba pasar al otro lado y enviaba un mensaje diciéndoles cómo fue el viaje, compartiendo fotos”, explica Taby. “Eso fue lo que causó que mucha gente decidiera hacerlo. Habían visto en WhatsApp exactamente qué iba a pasar”, agrega.

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