Trump ‘intensifica’ la batalla en torno de Bears Ears

Ryan Zinke, el secretario del Interior de Estados Unidos, entró en el desierto a principios de este mes por la orilla de la extensión de piedras rojas de 526 mil hectáreas que agita el paisaje al Oeste

Por The New York Times

Zinke había calificado a su visita como una gira para escuchar a las partes, y una mujer lo seguía con la cámara de su teléfono, instándolo a apoyar a su bando. “Sea amable”, dijo él, sacándole la vuelta y sacudiendo un dedo en su dirección ante la vista de quienes formaban la multitud, muchos con sombreros de vaqueros.

Ser “amable” ha sido difícil en esta parte de Estados Unidos, donde la decisión del presidente Donald Trump de reconsiderar uno de los monumentos nacionales más recientes del país ha puesto al sudeste de Utah en el centro del debate sobre cuánto control debería tener Washington sobre los territorios occidentales.

El presidente Barack Obama estableció el Monumento Nacional Bears Ears en los últimos días de su presidencia, usando la Ley de Antigüedades, promulgada por el presidente Theodore Roosevelt, para otorgar protecciones especiales a una enorme franja de cañones ventosos y arenas con al menos 10 mil años de historia humana. En términos de protección, los monumentos nacionales generalmente están considerados un nivel por debajo de los parques nacionales.

Todas las hectáreas recién protegidas están en el Condado de San Juan, con una población de 16 mil 895 habitantes, donde el gobierno federal posee aproximadamente 60% de las tierras, y donde las discusiones sobre quién puede usar esas hectáreas  y cómo,  han despertado pasiones desde hace tiempo.

Aquí, el territorio que es ahora monumento ha alimentado los estómagos y las almas por generaciones, con sus pastizales que dan de comer al ganado, sus montañas que convierten a niños revoltosos en montañistas fuertes, y su enebro y salvia usados en ceremonias nativas con nombres como Belleza y Camino del Enemigo.

La designación de monumento viene con nuevas reglas, y la decisión de Trump de reconsiderar el área de conservación ha caído como un rayo, intensificando un acalorado debate sobre quién tiene el control de las tierras.

Para personas como James Adakai, cuyos ancestros navajos vivieron y cazaron aquí durante generaciones, la designación de Obama fue una victoria, una validación de las voces nativas en medio de un aumento del activismo indígena que incluyó la protesta sioux en Standing Rock contra un oleoducto cerca de su reserva.

“Peleamos, ganamos la lucha de 100 años: el monumento. Y ahora estamos a punto de otra pelea”, dijo Adakai, de 52 años de edad, protegiendo su rostro del sol con un letrero a favor del monumento en un día reciente. “Y todos están contra nosotros. La delegación congresal de Utah, el gobernador, la legislatura estatal, el condado. Ellos tienen un plan diferente”.

Para aquellos como Phil Lyman, cuyo bisabuelo mormón atravesó por primera vez Bears Ears durante una expedición que empezó en 1879, la designación de Obama fue sólo la confiscación federal de tierras más reciente, una medida que él cree los excluirá a él y a sus vecinos de su propio patio trasero.

Bears Ears es el nombre de dos poderosas colinas salpicadas de pinos, que sobresalen en gran parte de la región. Desde ellas se extiende el monumento, un manto arrugado de profundos cañones de piedra caliza, ríos serpenteantes y altas mesetas rojas. En los pliegues del monumento se ubican unos 100 mil sitios arqueológicos, incluidos grabados rupestres que algunos han llamado tan culturalmente significativos como la Capilla Sixtina.

El secretario del interior tiene hasta el 10 de junio para hacer una recomendación sobre Bears Ears a Trump, cuyas opciones incluyen eliminar la designación de monumento, reducir los confines del área de conservación o mantenerla intacta.

Una orden ejecutiva de Trump, en abril, demanda la revisión de 27 monumentos, la mayoría en el Oeste, incluidas las vistas estriadas de los Acantilados Vermilion de Arizona; los cañones de ranura de la Gran Escalera Escalante de Utah y los elevados bosques de sequoias gigantes de California.

Zinke, un ex congresista de Montana, ha exaltado el valor de las tierras públicas mientras criticaba las restricciones de Washington sobre ellas. Ha dicho que cree que el área de Bears Ears merece protección, pero que no está convencido de que la designación de monumento sea la manera correcta de hacerlo.

El condado de San Juan es una región de dos millones de hectáreas cuyas tensiones contemporáneas ejemplifican las luchas de gran parte del Oeste rural, con grupos rivales y traslapados americanos nativos, los nietos de los colonos blancos, corporaciones, ambientalistas, el gobierno federal continuamente maniobrando por el control del territorio y su historia.

Apenas semanas después de que Obama declaró monumento a Bears Ears, un juez federal dictaminó que la práctica de décadas del condado de concentrar a los navajos en un distrito de votación “ofende a los principios democráticos básicos”, y ordenó que funcionarios trazaran de nuevo las líneas. Esto pudiera dar a la mayoría de americanos nativos control de la Comisión del Condado de tres personas, un cambio sin precedente en el equilibrio del poder.

Por esta razón, algunas personas vieron la orden ejecutiva de Trump como un doloroso retroceso de las ganancias recientes.

“Me preocupa que otros pueblos nativos tomen esto como otra patada en la cara”, dijo Jim Enote, de 60 años de edad, un proponente de la designación de monumento y director del museo cultural Zuni. “Y será una especie de capa adicional que se acumule sobre la depresión de muchos pueblos nativos”.

Al mismo tiempo, muchas personas en el condado de San Juan se han volcado contra el gobierno federal, el cual decide dónde, cuánto y cómo los residentes pueden hacer pastar a su ganado, talar madera y extraer minerales en las enormes hectáreas públicas del condado.

En 2014, Lyman se convirtió en símbolo de este enojo cuando encabezó a unas 200 personas en un recorrido en cuatrimotos por el cañón protegido federalmente para protestar por las restricciones a su uso. Pasó 10 días en la cárcel mientras cumplía también con su segundo mandato como comisionado del condado.

San Juan es el condado más grande y más pobre del estado, un hecho del cual se culpa frecuentemente a las regulaciones federales.

“Nuestro condado ha sido esposado mediante restricciones”, dijo Hanson Perkins, de 32 años de edad, quien señaló que la Oficina de Gestión de Tierras le había negado un permiso de perforación petrolera en el área de Bears Ears, porque el terreno estaba a punto de convertirse en monumento.

En Utah, los oponentes al monumento incluyen no sólo al gobierno y a la delegación congresal del estado, sino también a un número considerable de residentes nativos.

“Temo que no vaya a ser lo que el gobierno promete”, dijo Eddie Jim, un hombre navajo. Comentó que le preocupaba que los funcionarios federales renegaran de una promesa de permitir la recolección de hierbas tradicionales en el área protegida.

La proclamación de monumento preserva los derechos minerales y de pastoreo existentes, así como la recolección de madera y de hierbas por parte de los pueblos nativos, pero evita futuras actividades de minería y perforación y limita el nuevo desarrollo de caminos y senderos. Ningún presidente ha rescindido jamás un monumento, y una reducción en las fronteras casi seguramente provocará una batalla legal.

“Me preocupa que otros pueblos nativos tomen esto como otra patada en la cara”,

Jim Enote, director del museo cultural Zuni.

100 mil sitios arqueológicos se ubican en los pliegues del monumento.

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