Perdimos todo y tenemos miedo: los estremecedores testimonios de víctimas en Oaxaca

Metro estuvo con los habitantes de una de las localidades más afectadas por el sismo del pasado siete de septiembre en México.

Por Metro
Perdimos todo y tenemos miedo: los estremecedores testimonios de víctimas en Oaxaca
Rebeca Romero/MWN
Especial desde Asunción Ixtaltepec, Juchitán, Oaxaca.

Edwin corrió lo más que pudo, pero una piedra cayó en su pie y lo lastimó,  cuando en unos segundos su casa se caía en pedazos. Duerme en un improvisado catre de yute con madera con su amigo de la escuela Eulices, ambos entonan algunas estrofas del Himno Nacional y platican de todo y de nada. Son dos de siete niños que perdieron todo el pasado siete de septiembre durante el terremoto de ocho punto dos grados en Asunción, Ixtaltepec, el municipio que más daños sufrió  después de Juchitán, durante el sismo en el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca.

“Tenía mucho miedo”, comenta.  “Mira –señala con su mano– esa era mi casa, nos muestra un pila de escombros, la de la esquina, ya no queda nada. No sabemos cuándo vamos a tener clases, nuestra escuela Presidente Juárez Cuarta Sección se cayó con el temblor. Ahora dormimos aquí afuera con nuestra familia”.

oaxaca terermoto Desolación y destrucción, en un lugar ya tocado por la miseria. / MWN

Edwin tiene siete años, y Eulices nueve y su futuro es incierto. Duermen debajo de una lona improvisada, junto con más adultos que sufrieron su misma experiencia. No tienen ropa limpia, solo lo que visten porque todas sus pertenencias están bajo los escombros. Otros niños más pequeños duermen en unas colchonetas de colores que repartieron los soldados. “Son los que vienen a cada rato”, nos comentan.

Hay dos baños portátiles que trajeron los del ejército. A un lado, en una mesa desvencijada de madera, hay algunas ollas y platos donde hacen algo para comer. “Algunas personas nos pasan a regalar algo de comida, pero esa ayuda pronto se va acabar”, nos dicen algunos adultos que nos siguen con la mirada. “Ahorita viene mucha gente del gobierno, pero solo hablan y no nos ayudan. Mire como estamos, perdimos todo, y tenemos miedo”.

Familia perdida

En esa misma lona, yace una señora en un camastro, a la que le cayó la casa encima y donde murió su esposo Martín quien logró salvar a su pequeño hijo al que trasladaron con las piernas destrozadas a un hospital de Oaxaca de Juárez. La pobre mujer no pudo enterrar a su marido porque no se puede poner de pie. Unas vecinas, le cambian unas vendas y la curan con lo que pueden.

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En condiciones insalubres, la señora Irma señala que le duelen mucho sus heridas, pero el sector Salud, no la ha atendido. Tampoco sabe nada de su nene, nadie le ha comentado nada y la verdad no tiene las fuerzas para conocer otra mala noticia. No está lista para otra fatalidad.  Ella, está allí tirada ante la indolencia de las autoridades que prometen mucho, pero que solo se aprovechan del dolor. Mientras Eulices y Edwin cantan el himno mexicano en medio de la oscuridad  “Mexicanos al grito…”.

 

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