Desigualdad entre mujeres y hombres aún persiste, aseguran académicas

Aunque no sea mal visto que las mujeres se integren a la economía formal, los hombres no destacan por realizar trabajos en el hogar

Por Diego Rodríguez

Expertas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) consideraron que aunque hay avances en equidad de género, aún persisten núcleos de desigualdad que no se podrán erradicar si no existe un cambio cultural, legal, de políticas públicas y de recursos que garanticen el ejercicio pleno de los derechos de las mujeres.

Con motivo del Día Internacional de la Mujer, que este año lleva por tema ‘Pensemos en igualdad, construyamos con inteligencia, innovemos para el cambio’, explicaron que en México las principales demandas se relacionan con el acceso a la educación, trabajos en igualdad de condiciones, derechos sexuales y reproductivos, erradicación de la violencia y la exigencia de cumplir con estereotipos de belleza.

María Luisa González Marín, del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc), dijo que en el tema laboral, las mujeres obtienen plazas en los puestos de más bajos ingresos, como en la  economía informal, comercio y servicios, o en la industria textil y en las maquiladoras.

“Mientras que 78 de cada 100 hombres de 15 años son económicamente activos, en el caso de nosotras sólo 44 lo somos, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2018. A eso hay que sumar que en el país siete de cada 10 mujeres con un empleo, alrededor de 68 por ciento, gana como máximo cinco mil 300 pesos mensuales, equivalentes a dos salarios mínimos”.

Limitaciones en el mundo digital

A pesar de que la innovación y la tecnología brindan oportunidades sin precedentes, de acuerdo con algunas encuestas, las mujeres no estás lo suficientemente representadas en el campo de la ciencia, la tecnología, la ingeniería, las matemáticas y el diseño, por lo que la brecha digital se amplia y esto impide que existan desarrollos e innovaciones sensibles al género.

“Desde la banca móvil hasta la inteligencia artificial, es vital que las ideas y experiencias de las mujeres influyan por igual en el diseño y aplicación de innovaciones que conformarán las sociedades del futuro”, agregó.

Sobre este tema, Ana Buquet, directora del Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG), comentó que las mujeres son fundamentales para la innovación y cambiar la condición de género.

“Si participamos en el desarrollo tecnológico se pensará en aspectos que los hombres no consideran; por ejemplo, una aplicación sobre la menstruación o un cinturón de seguridad de coche que no aplaste los senos o sea adecuado para una embarazada. Si somos parte de innovar, podremos crear a favor de nosotras”.

Avances y retos de las mujeres

Buquet y González Marín añadieron que las luchas emprendidas por las mujeres en varias épocas de la historia han conseguido avances, uno de los más destacados es el ingreso a las universidades, una de las pioneras en este aspecto fue Sor Juana Inés de la Cruz; aunque hasta el siglo XIX esto fue posible de forma paulatina al aprovechar recovecos legales; otro avance fue el sufragio femenino, que se obtuvo en 1953.

“Pero fue hasta la década de 1970 cuando se conformó un movimiento feminista mexicano más cohesionado y consolidado, en el que se establecieron demandas claras que aún son vigentes. Hoy, las mujeres tienen presencia en todos los ámbitos y poseen los mismos derechos que los hombres. Pueden desempeñar cualquier cargo y enfrentar todo tipo de reto; pueden ser exitosas y brillantes en todos los campos del conocimiento”, dijo Buquet.

Pero aún hay obstáculos que les imponen creencias sobre cosas que no pueden hacer o que está mal visto que hagan.

Entre éstos destacan la división sexual del trabajo, ya que ellas sí se pueden integrar al empleo formal, pero los hombres no se destacan por desempañar labores del hogar o en el cuidado de algún familiar.

“El trabajo del hogar no tiene límites y no puede medirse desde el punto de vista monetario. Es una gran aportación de las mujeres, además de su contribución como trabajadoras. En contraste, los hombres no tienen esas obligaciones sociales e históricas. Para ellas, preparar la comida o limpiar la casa, se percibe como un deber, y muchas no sólo no reciben apoyo de sus parejas, sino de la propia sociedad”, dijo González Marín.

Estereotipos causan violencia

Patricia Castañeda Salgado, del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH), expuso que los estereotipos de género son una forma de violencia, pues generan una imagen fija de la realidad que no puede ser cuestionada.

“Es un ideal aspiracional que, en el caso de ellas, consiste en ser delgadas, de cabellos largos y de preferencia blancas o rubias. Eso conduce a que, en ocasiones, las personas que no responden a ese modelo sean violentadas o se violenten a sí mismas”.

Sin embargo, los modelos de belleza cambian con el tiempo, ejemplificó que en las sociedades de principios del siglo XX consistían en ser robustas, mientras que en el XIX se consideraba la palidez como símbolo de belleza.

“Hoy tenemos un conjunto de contradicciones: se impone el cuerpo femenino delgado, pero voluptuoso. Hay mujeres conscientes de la arbitrariedad de esa ‘norma’ sin fundamentos sociales y se resisten a los errores del modelo; esa rebeldía depende de la condición de clase, etnia, edad, nivel educativo, postura política, formación religiosa y todo lo que nos constituye como sujetos”, finalizó.

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