Muere Mario Molina, Premio Nobel de Química

La muerte del ingeniero químico mexicano fue confirmada por la UNAM

Por Fabiola Ayala

Mario Molina Pasquel y Henríquez, Premio Nobel de Química 1995, murió este miércoles 5 de octubre a los 77 años de edad, víctima de un infarto.

El fallecimiento del ingeniero químico mexicano, fue confirmado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) a través de sus redes sociales.

También el Centro Mario Molina notificó la partida del científico, justo el día en que las investigadoras Emmanuelle Charpentier y Jennifer A. Doudna obtuvieron el Premio Nobel de Química por la investigación sobre la edición del genoma, que puede explicarse como unas “tijeras moleculares” y ofrece la promesa de curar enfermedades hereditarias, e incluso el cáncer, algún día.

"Con profundo dolor, comunicamos el fallecimiento del Dr. José Mario Molina Pasquel Henríquez acaecido el día de hoy en la Ciudad de México. Su esposa, sus hijos y sus hermanos agradecen las muestras de cariño y pensamientos en estos difíciles momentos", señaló en un comunicado.

"El Dr. Mario Molina parte siendo un mexicano ejemplar que dedicó su vida a investigar y a trabajar en favor de proteger nuestro medio ambiente. Será siempre recordado con orgullo y agradecimiento".

 

El Premio Nobel de Mario Molina

El 10 de diciembre de 1995, Mario Molina recibió el Premio Nobel de Química por sus investigaciones sobre la química atmosférica y la predicción del adelgazamiento de la capa de ozono como consecuencia de la emisión de ciertos gases industriales, los clorofluorocarburos (CFCs), publicadas en un artículo en la revista Nature en junio de 1974.

El mexicano ganó la presea de la mano de su colega de la Universidad de California-Irvine, Frank Sherwood Rowland, y el holandés Paul Crutzen.

En una autobiografía, Mario Molina narra cómo fue que nació la investigación que lo hizo merecedor del Nobel. En el texto refirió que en 1973 se unió al equipo del profesor Sherwood –conocido como Sherry–, como becario de posdoctorado y se trasladarme a Irvine, California.

Así narró su experiencia:

"Sherry me ofreció una lista de opciones de investigación; el proyecto que más me atrajo consistía en averiguar el destino de ciertos productos químicos industriales muy inertes —los clorofluorocarbones (CFCs)— que se habían estado acumulando en la atmósfera, y que no parecían tener para entonces ningún efecto significativo en el medio ambiente.

Este proyecto me brindó la oportunidad de aprender sobre el campo de la química atmosférica, del que sabía muy poco; el trabajo para resolver un problema desafiante parecía ser una forma magnífica de introducirme en una nueva área de investigación.

Los CFCs son compuestos similares a otros que Sherry y yo habíamos investigado desde el punto de vista de la dinámica molecular; estábamos familiarizados con sus propiedades químicas, pero no con su química atmosférica".

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