Embarazada y fumando marihuana, con riesgos poco claros

Durante su embarazo nunca bebió alcohol ni fumó un cigarrillo, pero casi todos los días, Stacey, entonces de 24 años de edad, fumó marihuana

Por The New York Times

Con anuencia de su prometido, Stacey empezó a dar una caladas en su primer trimestre para aliviar las náuseas matutinas antes de ir al trabajo en un local de emparedados. Cuando la ciática hizo insoportable que permaneciera de pie durante sus turnos de 12 horas, discretamente inhalaba aceite de marihuana durante su descanso para comer.

“Yo no diría necesariamente: ‘Vayan y fumen medio kilo de marihuana cuando estén embarazadas’”, dijo Stacey, ahora una madre que se queda en casa en Deltona, Florida, que pidió que no se publicara su nombre completo porque el comprar marihuana en la calle es ilegal en Florida. “Con moderación, está bien”.

Muchas mujeres embarazadas, particularmente las más jóvenes, parecen coincidir, según demuestra un reciente sondeo federal en Estados Unidos. A medida que los estados legalizan la marihuana o su uso médico, cada vez más mujeres embarazadas están adoptándola; otro ejemplo de las muchas formas en las cuales la aceptación de la marihuana ha superado al conocimiento científico de sus efectos en la salud humana.

A menudo, las mujeres embarazadas suponen que el cannabis no tiene consecuencias para el desarrollo de los bebés. Pero investigación preliminar sugiere lo contrario: el principal ingrediente psicoactivo de la marihuana, el tetrahidrocannabinol, o THC, puede atravesar la placenta para llegar al feto, dicen expertos, afectando potencialmente al desarrollo cerebral, la cognición y el peso al nacer. El THC también puede estar presente en la leche materna.

“Hay una mayor percepción de la seguridad del uso del cannabis, incluso en el embarazo, sin datos que digan que es realmente seguro”, dijo la doctora Torri Metz, obstetra en el Centro Médico para la Salud de Denver que se especializa en embarazos de alto riesgo. Y es que 10% de sus pacientes reconoce el uso reciente de marihuana.

En el sondeo federal estadounidense, publicado en internet en diciembre, casi 4% de las futuras madres dijo que había usado marihuana en el último mes en 2014, comparado con 2.4% en 2002 (mientras que, aproximadamente, 9% de las mujeres embarazadas de entre 18 y 44 años de edad reconoce haber consumido alcohol en el mes anterior.)

Las futuras madres jóvenes son particularmente propensas a recurrir a la marihuana: Aproximadamente 7.5% de las mujeres de entre 18 y 25 años de edad dijo que había usado marihuana en el último mes en 2014, comparado con 2% de las mujeres de entre 26 y 44 años.

La evidencia de los efectos del uso prenatal de la marihuana sigue siendo limitada y en ocasiones contradictoria. Algunos de los datos más extensos provienen de dos conjuntos de investigadores, en Pittsburgh, Pensilvania, y en Ottawa, Ontario, que han estudiado desde hace tiempo a niños expuestos al THC en el vientre materno.

En Pittsburgh, niños de seis años de edad nacidos de madres que habían fumado un porro o más diariamente en el primer trimestre mostraron una menor capacidad para comprender conceptos al escuchar o leer. A los 10 años, los niños expuestos al THC en el útero eran más impulsivos que otros niños y menos capaces de enfocar su atención.

Más inquietante aún es el hecho de que los hijos de madres que usaron marihuana intensamente en el primer trimestre tenían, a los 14 años, calificaciones más bajas en lectura, matemáticas y gramática que sus compañeros.

“La exposición prenatal puede afectar al adolescente de manera muy significativa”, dijo la doctora Lauren M. Jansson, directora de pediatría del Centro para la Adicción y el Embarazo en la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins.

Varios estudios han encontrado cambios en los cerebros de los fetos, de entre 18 y 22 semanas de gestación, vinculados al uso materno de la marihuana. En los fetos varones que fueron expuestos, por ejemplo los investigadores han notado una función anormal de la amígdala, la parte del cerebro que regula la emoción.

“Incluso en las etapas tempranas del desarrollo, la marihuana está cambiando los circuitos críticos y los receptores de neurotransmisión”, dijo la doctora Yasmin Hurd, neurocientífica y directora del Centro de Adicciones de la Escuela Icahn de Medicina en Mount Sinai en Manhattan. “Esos son importantes para la regulación de las emociones y la gratificación, incluso la función motriz y la cognición”.

Ya está bien documentado que los cerebros en desarrollo de los adolescentes pueden alterarse con el uso habitual de la marihuana, incluso reduciendo eventualmente el coeficiente intelectual (CI).

“Los efectos no son drásticos, pero eso no significa que no sean importantes”, dijo Jodi Gilman, profesora asistente de psiquiatría en la Escuela de Medicina de Harvard que estudia a usuarios adolescentes del cannabis. “Pudiera marcar la diferencia entre obtener una calificación de 10 y un 8”.

“Uno pudiera imaginar que un efecto sutil similar pudiera estar presente en aquellos expuestos prenatalmente a la marihuana”, añadió.

La Academia Estadounidense de Pediatría y el Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos aconsejan contra el uso prenatal del cannabis debido a sus vínculos con la discapacidad cognitiva y el bajo rendimiento académico. Pero muchas agencias estatales y federales evitan el tema.

Parte de la evidencia reunida es tranquilizadora. Hasta ahora, la exposición prenatal al cannabis no parece estar vinculada a defectos de nacimiento obvios.

“Esa es la razón de que algunos proveedores y personas comunes piensen que no existe un efecto”, dijo la doctora Erica Wymore, neonatóloga del Hospital Infantil de Colorado. Pero advirtió: “Simplemente porque no tengan un defecto de nacimiento importante o síntomas de abstinencia evidentes no significa que el desarrollo neurológico del bebé no se vea afectado”.

La mayor parte de la investigación en esta área fue hecha cuando la droga era mucho menos potente. La marihuana tenía 12% de THC en 2014, mientras que en 1995 ese porcentaje era de sólo 4%, según el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas.

“Todos esos estudios anteriores realmente buenos sobre los efectos de la marihuana no nos están diciendo lo que necesitamos saber ahora sobre los niveles de concentración más altos”, dijo Therese Grant, epidemióloga y directora de la unidad de alcohol y drogas en etapa fetal de la Universidad de Washington.

Hay dos problemas adicionales con los estudios del uso materno del cannabis. La investigación a menudo se basa en los reportes de mujeres embarazadas, en vez de, digamos, pruebas de orina o del cordón umbilical, y ellas consistentemente no reportan adecuadamente su uso. (Los investigadores saben de la notificación insuficiente porque las muestras revelan discrepancias.)

Pocos se dan cuenta de que el THC se almacena en la grasa y por tanto puede permanecer en el cuerpo de una madre durante semanas, si no es que meses. No se sabe si la exposición del feto se limita a las horas en que una mujer está drogada.

El Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos aconseja a los médicos preguntar a las mujeres embarazadas sobre el uso de la marihuana e instarlas a abandonarla.

Depresión, ansiedad, estrés, dolor, náuseas y vómitos fueron las razones más comunes por las que las mujeres reportaron haber usado marihuana en un sondeo de 2014 de madres de bajos ingresos que recibían ayuda nutricional federal en Colorado. Aproximadamente 6% eran usuarias de marihuana; un tercio estaban embarazadas.

“Las mujeres la consideran marihuana médica porque están tratando algún padecimiento”, dijo Elizabeth Nash, analista de políticas en el Instituto Guttmacher y quien investiga el abuso de sustancias durante el embarazo.

“Si se le va a considerar medicinal”, dijo, “entonces se le debe tratar como un medicamento y hablar con el médico sobre ello”.

El hijo de Stacey acaba de cumplir su primer año. Camina, habla y se amamanta, y a ella no le preocupa su desarrollo.

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