El restaurante que se transformó en escuela en Juchitán tras sismos

En Coco Bongo se imparten clases de matemáticas, historia, zapoteco, inglés y dibujo a 35 niños

Por letraroja
Foto: Letra Roja
El restaurante que se transformó en escuela en Juchitán tras sismos

Las clases aún no se reanudan en el municipio de Juchitán, Oaxaca, y la gente no sabe para cuándo reabrirán las escuelas, mientras tanto, el restaurante Coco Bongo habilitó su lugar como una escuela para niños de kínder y primaria.

La señora Delmi Roselis Trejo junto a su esposo tomaron la decisión de abrir una escuela provisional en un restaurante bar, el motivo de hacerlo es porque quieren apoyar a los niños, además de que se sentían tristes al verlos en las calles sin hacer alguna actividad.

Delmi renta el Coco Bongo, un negocio de restaurante bar familiar que es su fuente de ingresos .

En la escuela provisional imparten clases de matemáticas, historia, zapoteco, inglés y dibujo, además de brindar atención psicológica. Las maestras que trabajan lo hacen sin recibir ninguna remuneración económica. La escuela está abierta de lunes a viernes de las 8:00 a las 13:00 horas.

Hay pequeños que asisten al 'Coco Bongo', pero la mayoría no tiene útiles escolares, les hacen falta libretas, lápices y colores porque sus cosas se perdieron en las escuelas o en sus casas que cayeron derrumbadas por el sismo del 7 de septiembre.

Juchitán Foto: Letra Roja

La manera en que los alumnos, de distintas escuelas, obtienen sus útiles es a través de donaciones que hacen otros padres de familia y amigos afines a la iniciativa.

El Coco Bongo tiene alrededor de cuatro semanas habilitado como escuela y gracias a la difusión por redes sociales es que los padres de familia se enteraron de que el restaurante bar se había convertido en un centro de enseñanza.

Delmi Roselis Trejo, encargada de la escuela, refiere que ninguna autoridad del municipio ni del estado de Oaxaca se han acercado a ella para saber las necesidades del lugar y lo único que pide es que la sociedad no deje de apoyar a la pequeña escuela en la que hasta el momento se imparten clases a 35 niños, y espera recibir 25 más en los próximos días.

Por su parte, Carlos Antonio López señala que “Al principio venía el Ejército y no nos querían dar nada porque tenemos la fachada del negocio y decían que no íbamos a ocupar la ayuda en los niños. No han querido venir a tirar esa parte, si lo hicieran podríamos atender a más niños. Como todo lo publicamos en Facebook, los padres nos buscan para que atendamos a sus niños, apenas nos buscaron de una colonia, son 22 niños más”.

Además, relata que poco a poco los niños se han ido olvidando del terremoto.

“El primer día todos eran expertos en sismos, se sabían la magnitud de todas las réplicas, no tenían en la cabeza otra cosa que el terremoto y que se cayó la casa de fulano. Ahora si logras ver, ya se ríen, juegan y regresan poco a poco a la normalidad”, agrega.

“Nosotros preferimos prestar el lugar durante las mañana para el beneficio de los niños pues el negocio tampoco es que ahorita esté dando mucho, la gente apenas se empieza a recuperar en su economía. Hemos pedido el apoyo de la autoridad pero sólo nos dejaron en visto, no tuvimos respuesta. Aquí estaremos hasta que regresen a clases, incluso los niños ya no se quieren ir, ya somos una familia”, finaliza.

 

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