La columna de Toño Esquinca: Lo que no se ve

Cuando usted elige transgredir a la vida de cualquier manera no sólo genera una consecuencia para usted, sino para el todo; no se autoengañe pensando que es como quitarle un pelo al gato, y no pasará nada. Pasa, y mucho.

Cuando usted está enfrente de una encrucijada con su conciencia y elige violar las leyes de la armonía, perpetrando, robando, calumniando, siendo cómplice, atropellando, lastimando, no sólo está abonando a su búmeran personal, sino que está aportando a la silenciosa transformación negativa de todo lo que le rodea. Más prohibiciones, más castigos y sanciones, más vigilancia, más paranoia, más desorden, más caos, más cárcel, más controles no son síntomas de una sociedad que mejora y evoluciona; muy por el contrario, son señales de una masa que no sabe cómo autorregularse, y que se ha separado del equilibrio de la naturaleza, caminando así hacia su extinción.

No se confunda: la tecnología que lo avasalla no es en modo alguno sinónimo de progreso, al menos de la conciencia. Cada vez que elige –porque usted lo elige, aunque su mente trate de sustentar sus actos con cualquier clase de argumentos– romper su propia integridad en pro de una satisfacción momentánea, o del más puro egoísmo, está optando por reventar uno a uno los ladrillos que edifican a su sociedad, porque recuerde que todos estamos ligados, y prácticamente superpuestos unos con otros: en donde uno termina de evanescerse, comienza el otro.

Así que seguir viendo a través de la pantalla de separación es como el acto del avestruz que esconde la cabeza en un hoyo. No se espante: sea responsable; deje de desgarrarse las vestiduras cuando observe el deterioro de la calidad de vida que comparte con los demás, porque la generamos todos, de diminuta a grande, elección tras elección, a todos niveles, y a cada momento.

No sea víctima: deje de recitarse que porque las condiciones lo orillan, usted se ha vuelto como es; mientras se siga justificando, continuará cavando una tumba para usted y para los suyos.

La ley es muy simple sin importar condición social o de poder: si roba, será robado; si miente, será engañado; si divide, será excluido; si corrompe, será traicionado; si pisa la flor, pondrá el terreno para que crezca hierba mala.

Aquello que parece tener efectos lejanos en tiempo y espacio no tardará en regresar convertido en la clara repercusión de lo que elegimos un día. Tal vez sea justo la lección a aprender en estos tiempos y por eso el eco es tan escalofriante. Asúmalo con toda su conciencia: las sorpresas únicamente las pone el amor que la vida tiene por usted, y las consecuencias conocidas las pone usted con sus decisiones.

Regálese crecimiento: rompa la inercia pusilánime de robar porque le robaron, de mentir porque le mintieron, de apuñalar porque lo hirieron; eso es un resentimiento infantil que es el eje central de nuestro malvivir, porque no es sólo lo que usted recibirá de vuelta, sino el tipo de sociedad que construye que lo perseguirá por muchas generaciones.

No se mienta, no se haga el inocente transgrediendo porque no sabía de los efectos. Sólo basta poner un poco de su parte para poder ver cuáles actos se corresponden con la extinción de lo que ahora extrañamos tanto en este hogar de todos llamado ciudad, país y planeta por entero. 
 

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