La columna de Vicente Amador: Impuestos, rapidito y de buenas

Primera parte

En ese remolino de imágenes, historias y opiniones que es Facebook, hace algunos días me topé con un letrero anónimo en el que se leía: «Mi sobrino me preguntó qué son los impuestos. Entonces me comí el 30% de sus galletas y se puso a llorar. Ya está listo para ser un adulto». Ojalá el pobre niño ya haya superado el golpe de realidad al que fue empujado por el tío economista y glotón.

Partamos del 30% que refiere el ejemplo anterior, es decir, la tasa más alta de Impuesto Sobre la Renta (ISR) pagada por un contribuyente que gana menos de quinientos mil pesos al año. Sumemos a la rebanada inicial el 16% incluido en casi todos los productos por concepto del Impuesto al Valor Agregado (IVA). Para este momento ya desapareció el 46% de las galletas, y la enumeración continúa.

Agreguemos lo correspondiente a la tenencia, predial e impuestos especiales sobre productos como el alcohol, tabaco, refrescos, telecomunicaciones, etc. Considera también los servicios que son responsabilidad del Estado y que pagamos por insuficientes o ineficaces; la cifra crecerá si tienes gastos por educación, salud, seguridad en tu colonia, drenaje, alumbrado, recolección de basura… ¿Te parece bien dejar la cuenta en que el 50% de nuestros ingresos se va en impuestos? Únicamente quedaron la mitad de los pastelitos.

Hagamos otra comparación. Porque el tiempo es un recurso escaso que nos obliga a cuidar cuánto de él dedicamos a cada actividad, otra forma de comprender el costo de los impuestos es medirlo en horas laborales: la mitad de tu estancia en el trabajo la dedicas a generar recursos que destinarás al pago de tributaciones.

Si el promedio diario son ocho horas laborales, ¿qué harías si pudieras invertir cuatro en otra actividad? ¿Familia, hijos, amigos, ejercicio, lectura, descanso? Ese es el ‛valor’ de nuestros impuestos, y una de las razones por las que generan tanta rabia las incompetencias de algunas oficinas gubernamentales. ¿No te enchilan las largas filas para realizar un trámite burocrático que además termina en “no se puede, no hay, ya vamos a cerrar, venga mañana”?

Continuamos el tema la siguiente semana. Mientras tanto, no deje de ahorrar, porque el pago de impuestos ya lo espera en el primer trimestre del año. ¡Qué bonita manera de iniciar el año!

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