La columna de Vicente Amador: Impuestos, ¿y los derechos, apá?

“… Si no hay Estado de Derecho, ¿se justifica el cobro de impuestos?”. @ArturoDammArnal, 4/12/14

Cuando cubrimos el importe de un producto o servicio ―especialmente cuando se trata de algo que nos significó gran esfuerzo― esperamos se efectúe de la manera apropiada, justa. De otra forma queremos, por lo menos, hablar con “el encargado” para que resuelva la insatisfacción o que nos devuelvan nuestro dinero. Entre otras razones, por eso molesta tanto pagar los impuestos y recibir servicios públicos deficientes.
 
Es cierto. En países como Austria, Holanda, Dinamarca, Suecia y otros, los impuestos son más altos. No obstante, supongo innecesario entrar en detalles para saber que nos encontramos lejos de ellos en seguridad, salud, educación. De igual manera, en cuanto a ingreso promedio anual, varios miles de dólares nos separan de esas naciones.

Adoloridos por el ineficaz uso de los recursos públicos y el desequilibrio entre las muchas obligaciones y los maltratados derechos del contribuyente, con frecuencia también se discute la posibilidad de disminuir el número de funcionarios. ¡Los queremos correr, pues! Sin menospreciar la propuesta, lo central es que —los que estén— hagan su trabajo.

Sólo como ejemplo, ¿te imaginas a los 500 diputados federales, a los más de mil 100 diputados locales y a los 128 senadores gestionando en equipo, a cabalidad, un México mejor? ¡Los impuestos pagados realmente generando beneficios! Nuestro país sería otro si algunos encumbrados “servidores” se empeñaran en dar lo mejor de sí mismos por el bienestar ciudadano, en lugar de ocuparse en cálculos políticos sobre lo más favorecedor para su egoísta beneficio personal.

Otro deseo por el nuevo año: además de la eficacia en el uso de los recursos públicos, el éxito recaudatorio ―como tanto han repetido los que saben― está en ampliar la base de contribuyentes y no en que tributen más los cautivos. Esta segunda opción es la respuesta fácil, pero no la alternativa fértil. ¡Ya dejen de pegarle al flaquito de siempre!

En el equilibrio entre derechos y obligaciones, «dando y dando, pajarito volando», dijo ahora nuestro amigo Guillermo Rías del Pueblo.