La columna de Vicente Amador: Al cliente lo que pida (1)

«El periodismo es también una de las víctimas de la civilización del espectáculo» Mario Vargas Llosa

La noticia sobre la captura de Joaquín Guzmán Loera pronto dejó de brillar. Los reflectores se los llevó la entrevista hecha por Sean Penn y, principalmente, el capítulo más sexy y exótico de la segunda temporada de esta serie: la relación del narcotraficante con la actriz Kate del Castillo. ¿Le sorprende? No podía ser de otra manera, porque la prioridad es el espectáculo.

En este contexto, tampoco debería asombrarnos la ligereza y poco provecho con el que se interrogó al capo sinaloense. Pese a la oportunidad de filmar a uno de los criminales más buscados del mundo, lo importante no fueron las ideas, el contenido, las preguntas incisivas que detonaran respuestas apegadas a la realidad. Lo central fue, da la impresión, la construcción gráfica de una novela, salir en la foto, ¡que se vean guapos a cuadro!

Seguramente por la forma de razonar de la que hablamos, las revistas que contienen chismes de los artistas son las de mayor tiraje en el país. De igual manera, muchos noticieros —empezando por la chica que da el pronóstico del tiempo— son más circo que periodismo. 

Tampoco nos escandalicemos. Han sido nuestras demandas o, más bien, nuestra falta de conciencia crítica, de consumo superficial y de información mediática light, los factores que han enseñado a los empresarios de la noticia a ofrecer estos contenidos. ¡Y al cliente, lo que pida!

El fin de semana, Mario Vargas Llosa publicó en El País un interesante artículo titulado “Circo y periodismo”. Ampliamente recomendado. Por fortuna, también es entretenido. 

Ya sé que sobran los ejemplos. Sólo permítame darle otro reciente: días atrás también nos topamos con un video —¡éxito en las redes sociales!— donde Cuauhtémoc Blanco parecía haber olvidado que el Benemérito de las Américas no era uno de los miembros de la directiva en la institución escolar que se encontraba visitando. Don Benito Juárez tampoco estaba presente como un agitador del sindicato magisterial al que había que mencionar para apaciguar los egos. ¿Recuerda el caso?

¿De qué nos quejamos? ¿Acaso llegó el Cuau a la alcaldía de Cuernavaca por sus conocimientos de historia? ¿Por su experiencia en la gestión pública? ¿Por la experiencia política? Si no recuerdo mal, la fama viene del espectáculo del balompié, del lenguaje florido del deportista, de sus romances con esculturales modelos, de su triunfal ascenso desde el barrio de Tepito. ¡Todo un melodrama!

¿Dónde está Don Justo Verdad, el personaje interpretado por Héctor Suárez, para defenderlo de las narices arrugadas de los académicos? Continuamos el tema el próximo miércoles.