La columna de Toño Esquinca: ¿Basado en qué?

¿Cuántas de las cosas que tiene usted instauradas en la vida son producto de su miedo, más que de su amor por ella? Le aseguro que muchas más de las que quisiera reconocer.

Trabajamos por miedo a ser pobres, hacemos dietas por miedo a no ser atractivos, nos vestimos de cierta manera por miedo a que nos rechacen, decimos lo que no queremos decir por miedo a no encajar, somos complacientes por miedo a no causar un conflicto, nos embotellamos en relaciones perjudiciales, tenemos hijos por miedo a estar solos, nos cuidamos por miedo a enfermar, nos cerramos por miedo a exponer lo que somos, nos exhibimos por miedo a no ser queridos, nos volvemos duros por miedo a ser lastimados, nos disfrazamos por miedo a no ser reconocidos, nos estancamos por miedo a perderlo todo; y así la interminable lista de las cosas que componen lo que poco a poco vamos adoptando y adaptando para que nuestra vida funcione.

El miedo preventivo es parte de la naturaleza, pero cuando éste se vuelve disfuncional se transforma en un falso motor para transcurrir la vida.

Es muy triste darse cuenta de que hemos hecho del miedo el móvil de nuestras acciones, tomando el lugar de la inspiración y del amor. Procúrese un espacio en la agenda para darse cuenta de cuántas cosas hace o deja de hacer pensando en sus miedos, y permítase imaginar qué cosas habría movido por su inspiración creativa.

Tal vez se encuentre con una imagen que dista mucho de ser lo que ahora es, pero no porque sea una fantasía sin fundamento, sino porque la más simple de sus elecciones y el más simple de sus momentos pueden ser completamente distintos si es otra fuerza la que los impulsa.

Nadie dice que no tenga miedo, ¡téngalo para salvarse de un peligro! Siga sus instintos, pero ya no permita gastar su preciosa vida en tapar hoyos generados por el miedo a no valer. ¿Por qué no, un día, se deja llevar pensando cómo sería su historia -pasada, presente y futura- si en lugar de dedicarse a componer, se permite ser todo lo que puede llegar a ser? Aunque sea sólo por diversión, practique un poco de esta libertad.

Toque las fibras de cuando en su primera infancia jamás se movió por un miedo que no fuera razonable, y sencillamente se deslizaba en la expansión de poder hacer y deshacer sin tener que complacer o convencer a nadie del valor de su presencia en este mundo.