Efecto positivo

Cada que un corazón se une al efecto positivo, su zona de afectación se vuelve más grande, y las realidades -de manera efectiva- se transforman

El efecto positivo es un eje radial de energía expansiva que genera corrientes de alta frecuencia. Contiene vivos y latentes en su interior, legados de grandes espíritus que han venido a la Tierra en forma de maestros espirituales, genios, místicos, artistas y héroes, conocidos y anónimos, a crear un efecto positivo del que somos herederos, pero del que podemos ser también partícipes, multiplicadores y mensajeros.

En el efecto positivo estamos conectados a través del amor por la vida en cualquiera de sus formas, y accedemos a él con el corazón, en la verdad tangible de unidad, y generando acciones con inteligencia y conciencia. Cada que un corazón se une al efecto positivo, su zona de afectación se vuelve más grande, y las realidades -de manera efectiva- se transforman.

Lo que tiene nuestra atención se potencia, así que no es ingenuo, ni absurdo ni poco realista dejar de otorgarle poder a aquello que no queremos ver materializado en la realidad, al repetirlo, pensarlo, afirmarlo y acreditarlo.

Al contrario, es muy iluso creer que desaparecerá si tantas conciencias están enfocadas en eso: un enfermo tarda mucho más en curarse cuando su mente y la de todos los que le rodean están puestas en la enfermedad, porque todo lo que se genera alrededor de ese foco es sobre miedo, consecuencias, anticipar futuros desagradables, horror y fatalismo.

Ser positivos no sólo versa en tener un discurso o ser aparentemente agradables, y de ninguna manera es la adopción de una moda; mucho más trascendente que todo eso: se trata de la evolución de la conciencia.

Si no comprendemos la interrelación que mantenemos con todo y todos los demás, seguiremos como el perro que se persigue la cola, intentando sacar el agua del barco, cuando éste tiene un gran hoyo llamado ignorancia.

La vida se cuida a sí misma, así que no se trata de prevenirnos de acabar con la vida, pero sí de estar eligiendo una y otra vez sin la conciencia de cuidarla en todas sus formas para tener mucho más de ella. A nadie le interesa esta visión hasta que el agua llega a su parcela; pero la finalidad, justamente, es no esperar a que las cosas se pongan trágicas para verse obligado a despertar a la fuerza.

Así que vivir el efecto positivo es encender el motor de una gran nave en la que estamos montados todos. No se trata para nada de negar nuestro aspecto humano: errante y aprendiz; pero sí de desarrollar más la fruición de la experiencia humana, demostrando los milagros que decimos perseguir tanto; generándolos cada día con aquello que elegimos pensar, sentir y actuar.

Lo que nos entristece tanto de lo que vemos alrededor es la misma fuerza de esos milagros, pero con el poder de nuestras elecciones inconscientes, pues todo lo creado, siempre, sin falla ni excepción, regresa a su creador.

 

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