La columna de Toño Esquinca: Esencias

Por mucho tiempo hemos estado hechos a la idea de que la materia está por encima de todo; porque es lo que vemos, porque así hemos sido condicionados y porque es lo que denominamos como “real”.

Esta concepción, de manera personal y colectiva, nos ha llevado a vivir demasiados choques contra el sentido de la experiencia de estar aquí. Pero para darse cuenta de lo que la esencia significa, sólo basta con pensar en qué es lo que anima a un cuerpo. La vida no se trata sólo de factores fisiológicos, sino que éstos responden a una fuerza que les da vida. Cuando un ser abandona su cuerpo físico, éste pierde toda animación y toda capacidad al irse su último soplo de esencia.

Ninguna prueba en la ciencia médica ha podido determinar el momento fisiológico del chispazo que enciende el corazón de un ser en el vientre materno; y tampoco el momento preciso al dejar de latir.

Cuando se dice que alguien tiene “estrella” es en realidad que nos estamos refiriendo al magnetismo que proviene de su esencia, de su chispa interior, de su espíritu o como se le quiera llamar, pero que al final está conectado a la fuente de todo lo que existe.

Tenemos que recordar cómo ver y ser sensibles a la esencia para poder experimentar a la fuente. Ver sólo lo superficial nos hace sentir separados, diferentes, competidores, y entumece nuestra capacidad de amar con todas sus funestas consecuencias. Ser sensibles a la esencia, a ver con los ojos del corazón, no es una cursilería, y tampoco es un don de místicos: es una capacidad con la que nacemos, y que fuimos enterrando con el tiempo, creencia tras creencia.

Pero le tengo una noticia: si usted extiende las fronteras que tiene para amar, poco a poco irá dejando actuar a su esencia, y ésta hará que usted vuelva a ser tan brillante como el sol, que es la llave para lograr lo que sueña. Es una ecuación perfecta: sin amor no hay magnetismo, y sin magnetismo no hay capacidad de atracción; pero primero debe aprender a ver, conocer y apreciar la esencia de las cosas comenzando por la suya propia. Cuando los demás le han dicho que brilla, que se ve radiante, y feliz, es cuando usted ha permitido que su esencia se asome, a través de las cosas que despiertan su pasión.

Revise: cuántas veces se ha equivocado al emitir un juicio sobre los otros por su apariencia, y cuando conoce su esencia, no le queda más que aprender a no prejuiciar. No confunda el orden de las cosas: para ser, la materia primero es un estado puro de energía. Vivir en y por la superficie es una gran pérdida de la increíble profundidad que nos ofrece este tránsito llamado vida en la Tierra.