La columna de Vicente Amador: No inventes, Donald

Donald Trump se conduce con un discurso superfluo, polarizante, emocional, lleno de ambigüedades, agresiones, declaraciones sin pies ni cabeza. ¿Qué significa su eslogan “Hacer a Estados Unidos grandioso otra vez”? “WTF” creo que es una de las expresiones que los mismos vecinos del norte utilizan al escuchar irracionalidades.

A Trump le importa ganar votos a fuerza de exaltar pasiones, da igual si lo que dice es posible o no, incluso si sus ideas van en contra del estado democrático. ¡Populismo en su peor acepción!, para decirlo rápidamente.

Como un hombre de negocios con pocos escrúpulos, “The Donald” quiere vender y no distingue entre departamentos en Manhattan y propuestas para conducir un país. Bien aconsejado por su experiencia mercantil y por sus asesores en comunicación, entiende que, especialmente en estos tiempos, poquísimo éxito electoral alcanza el debate intelectual, las ideas de fondo. Las políticas públicas estratégicas, diseñadas con información sólida, son necesarias en la administración, pero sobran en campaña. Como lo ha señalado Vargas Llosa, en la actual civilización del espectáculo, la popularidad es más fácil de conseguir a través de la demagogia y el talento histriónico que por la inteligencia.   

La postura bipolar, aquella en la que solo existen dos caminos irreconciliables —el bueno y el malo—, y donde el cabecilla es el poseedor de las únicas brújulas que conducen a la solución de todos los problemas, es el típico enfoque populista y dictatorial. Así se vende Donald Trump. También fue la estructura de los mensajes de Mubarak, Ben Ali y Muamar Gadafi, por mencionar a tres tiranos que aún padecimos en esta década.  

El éxito de la campaña de Trump no reside únicamente en los mensajes que ofrece para despejar los miedos de su mercado, es decir, los votantes que tan bien conoce: blancos, anglosajones y protestantes (WASP, por sus siglas en inglés). Su discurso no es hipnótico. No hay lavados de cerebro. Si sus votantes aprecian el mensaje fanático y racista, es porque en algo los identifica.

Por otro lado, también consideremos que muchas personas prefieren la fila de las “mentiras reconfortantes”, sobre la áspera casilla de las “verdades incómodas”. ¿O usted cree que realmente es posible sacar a once millones de indocumentados de EU? ¿O que México va a pagar una absurda y kilométrica pared? Nunca mejor expresado, “pooor favaaar”.
 

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