La columna de Toño Esquinca: Sostenidos en el amor

Por Toño Esquinca

Cuando los vientos llegan fuertes, y como en los fenómenos naturales, vienen a marcar un ciclo de terminación y comienzo muy evidente, sólo tenemos un mástil del cual sostenernos: y este mástil se llama amor.

Tal vez usted crea que el amor es una cosa romántica y cursi que sólo se experimenta cuando uno se enamora, o en momentos muy definidos, pero el amor del que han hablado místicos y grandes maestros en la historia es la fuerza que lo sostiene todo; digamos que es más parecido a una presencia constante, inmutable, vibrante e invisible por la que todo está animado, y por medio de la cual todos estamos conectados.

Así que el amor, más que un sentimiento, una emoción o un concepto, parece ser un campo, el campo unificado del que habla la física cuántica. Si esto es verdad, el amor se parecería más a una red inteligente de la que nos alimentamos y a la que alimentamos experiencia tras experiencia, revelación tras revelación.

Entonces, al hacerla consciente, podemos valernos de ella con mucha más eficacia. En tiempos turbulentos recuerde: lo que nos mueve en esta vida tiene una composición basada en el amor. Si se acerca un tornado, déjelo pasar; está ahí para eso, y el trabajo de los problemas es dejarnos una enseñanza. No lo viva sólo con miedo, porque éste no es la lección primordial, sino aprender del amor.

Porque el amor no sólo es de momentos gratos y endulzados; no, va mucho más allá. Posee en sí mismo todas las posibilidades para que atravesemos por esta escuela temporal con todo lo que tenemos que aprender.

Tómese del campo, sosténgase en él, porque aunque no lo perciba de inicio, siempre está pendiente de todo lo que usted es para darle lo que necesita, y a veces, comprender la lección es el acto más grande de amor que puede haber.

No se sienta solo jamás, porque este campo que todo lo contiene es y está en usted, y es presencia pura, mucho más cercana de lo que imagina; es, de hecho, esta presencia la que lo conecta con los demás seres, y sin ella no habría posibilidad de interacción. Siéntase cobijado y protegido por ella; y si tiene la dedicación, envíe todo el amor y la sabiduría de los que sea capaz a este campo magnificente, porque es la mejor aportación que puede darle a la vida y, a su vez, la más grande garantía de que, atendiendo al principio de correspondencia, recibirá lo mismo amplificado de vuelta.

Ni su apellido, ni su auto, ni su casa, ni sus diplomas, ni su prestigio ni su escala social son aquella cosa invisible que como un bálsamo sanador lo consolará en los momentos oscuros de su alma, por eso nada de esto es lo que se llevará cuando se vaya; así que invierta en aquello que realmente es un bien, y que será el regalo más grande que puede darse a sí mismo y a la vida.

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